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Marc Marginedas: un periodista ante el relato de su vida

El Periódico de Catalunya recuerda con el documental 'Regreso a Raqqa' cómo vivió durante seis meses el secuestro en Siria de uno de sus reporteros

Marc Marginedas: un periodista ante el relato de su vida
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Marta López

La mañana del 21 de agosto de 2013 empezaron a circular por las redes sociales y a llegar a las redacciones terribles vídeos y fotografías de cientos de civiles muertos y heridos en Guta, a las afueras de Damasco, donde la oposición siria que controlaba la zona denunció haber sufrido un ataque con armas químicas por parte del régimen de Damasco.

En los días siguientes, esa atrocidad cobraba fuerza y forma y el clima internacional se caldeaba hasta tal punto que todo apuntaba a una intervención militar inminente para frenar a Bachar al Asad. El uso de armas químicas era la línea roja que había fijado el entonces presidente Barack Obama para mantener a EEUU alejado de un conflicto que ya había cumplido más de dos años.

Marc Marginedas, quien ya había estado en Siria dos veces durante ese tiempo, y que preparaba aquellos días unas próximas vacaciones en Omán para perfeccionar su árabe, se inquietaba en su mesa y pedía, cuando no suplicaba, viajar de nuevo al país. Si va haber una intervención de EEUU habrá que estar allí cuando empiece, repetía. Porque se puede vivir trabajando de periodista o vivir siendo periodista. Marc es de los segundos. Y no iba a estar en Omán si había un ataque internacional a Siria.

El reportero, en los restos de la casa donde estuvo cautivo, al lado del Éufrates, en Raqqa.

También sus jefes lo entendíamos así. Siria no era por desgracia ni la primera guerra a la que iba El Periódico de Catalunya, del grupo Prensa Ibérica, ni tampoco iba a ser la última. Y Marc se marchó, claro. Con su mochila, su ordenador y teléfono satélite, un buen puñado de dólares y la sonrisa entre pícara y nerviosa con la que nos dejaba siempre que se iba a una guerra.

El avance del yihadismo

Con el paso de los días, la esperada intervención estadounidense fue diluyéndose como un azucarillo en un café caliente. Pero Marc, veterano corresponsal y experimentado reportero de guerra, ya se había metido en la boca del lobo. El domingo 1 de septiembre, iniciaba su tercer viaje a Siria a través del paso fronterizo de Reyhanli, en Turquía, a pie y sin visado, acompañado por combatientes del Ejército Libre Sirio (ELS).

Ni él ni nosotros, en Barcelona, teníamos ni la más remota idea entonces de cómo había cambiado la situación en ese país en las últimas semanas ni como el yihadismo se había hecho tan fuerte entre la oposición armada a Damasco, ganando la partida al desarbolado y mal armado ELS.

“Marc, me voy muy preocupado. Ya he cambiado la apertura, dado la hora que es. Estaré pendiente del mail. Dime que estás bien”… Este fue el correo electrónico que el miércoles 4 de septiembre a las 21.56 le envió el jefe de sección, Albert Guasch, a Marc. La crónica que esperábamos en Barcelona a las 8 no había llegado y él no contestaba ningún mensaje.

Era extraño, nunca en su dilatada carrera ni en las coberturas más difíciles había dejado de enviar su artículo y muchísimo menos comunicar que no podía mandar. Extraño pero entraba dentro de lo posible. Él mismo nos había comentado lo diferente que era esta guerra a otras y las dificultades que había tenido a menudo para poder desplegar el satélite sin ser visto. “Si ves que no contesto, no te preocupes. O la luz se ha ido o va mal internet”, había escrito solo unas horas antes.

Albert me trasladó su inquietud a la mañana siguiente, pero nos tranquilizamos mutuamente con la convicción de que durante aquel día, un jueves, tendríamos noticias suyas. Pero pasaban las horas. Y llegó otra noche sin crónica ni comunicación alguna. Nuestra incertidumbre se transformó de repente en la certeza de que algo le había ocurrido.

El viernes por la mañana contactamos con Mónica García Prieto, con muy buenas fuentes dentro de Siria, a quien expliqué la situación y facilité la poca información que teníamos de Marc, la última ubicación que le conocíamos, en Qasr ibn Wardan, a las afueras de Hama, y le di unos nombres de quien creíamos que le podía acompañar en su viaje. Su pareja, Javier Espinosa, periodista del diario 'El Mundo', se encontraba también en esos momentos en Siria.

La llamada que lo cambió todo

Mónica me llamó ese viernes por la noche: “A ver, como te cuento esto, sin alarmarte en exceso”, fueron sus primeras palabras. Y siguió, más o menos así: “Marc está secuestrado. Lo tiene el ISIL. Lo bueno que tiene esto es que no son delincuentes, sino un grupo organizado, con una jerarquía. Pero son muy radicales”. Tras esa conversación, recuerdo que el alivio que sentí al saber que Marc vivo me duró solo décimas de segundo. Secuestrado, secuestrado, secuestrado… Eso sí que nunca había entrado en nuestros cálculos.

Con un temblor de piernas que no podía contener, en un pequeño despacho y con la puerta cerrada, le trasladé al entonces director de El Periódico de Catalunya, Enric Hernández, lo que sabíamos. Luego teclée en google la palabra ISIL (Ejército Islámico de Irak y Siria, que luego pararía a autollamarse Estado Islámico a secas ) para saberlo todo de ese grupo del que entonces aún se hablaba poco. La conclusión que saqué es que eran peores que la rama de Al Qaeda en Siria, Al Nusra. Vienen a ser como los talibanes en Afganistán, me dije a mí misma.

Las siguientes horas y días fueron de vértigo. Posiblemente los secuestradores sospechaban que Marc era un espía al servicio del régimen de Damasco y había que desmontar eso, recabando toda la información con sus trabajos periodísticos: en Argelia, en Rusia,en Irak, en Libia, en Túnez., en El Líbano. . Informado, el Gobierno español pidió discreción absoluta para no entorpecer un posible rápido desenlace mientras a la vez trataban de confirmar cual era la situación exacta de nuestro enviado especial.

La confirmación oficial del secuestro llegó a los pocos días con una advertencia muy clara: “Esto será largo o puede que muy largo”. También en esos días pocos días llegó la llamada más temida, la de Cristina Marginedas: “¿Qué pasa con mi hermano?”. Al día siguiente nos conocimos en una cafetería de la Rambla de Catalunya y el vínculo que establecimos en esa cita lo seguimos conservando a día de hoy.

La complicidad de la profesión

Con la discreción que se nos pedía, seguimos moviendo los hilos que como periodistas teníamos al alcance. Buscamos a los contactos sirios de Marc en Barcelona, nos documentamos sobre otros informadores internacionales en la misma situación y hablamos con los responsables de sus medios. Necesitábamos saber qué hacían ellos y si lo que hacíamos o podíamos hacer nosotros estaba bien. Mónica nos seguía ayudando.

Otros periodistas que habían viajado a la zona ofrecían sus conocimientos y contactos. Hasta la redacción vino a vernos David Beriain, gran amigo de Marc y que años más tarde encontró su fatal destino en una emboscada en Burkina Faso, junto con Roberto Fraile. El secuestro no era ningún secreto en la profesión, una profesión que supo guardar el mismo silencio que nosotros para no poner en riesgo la vida de un compañero. Desde estas líneas, una vez más, agradecimiento eterno.

El 16 de septiembre llegó hasta nosotros la noticia de que Javier Espinosa, enviado especial de El Mundo, y Ricardo Garcia Vilanova, el fotógrafo freelance que lo acompañaba, también habían sido secuestrados. Como nosotros, también sus medios y sus familias pedían máxima discreción.

“Te tengo que dejar, tengo que ocuparme de Javier y Ricardo pero si sé algo de Marc te diré”, me comentó Mónica. Tomamos conciencia de que aquello complicaba mucho las cosas y que el secuestro de Marc no era para nada accidental, sino un acto deliberado y hostil. De ser relatores de la guerra, nos convertíamos en parte de la guerra, sin quererlo y sin apenas creerlo todavía.

La publicación de la noticia

El 23 de septiembre, con la seguridad de que nuestra discreción no iba a cambiar el curso del secuestro de nuestro enviado especial, El Periódico de Catalunya decidió hacerlo público. Ese mismo día y cada miércoles a media tarde durante seis meses, bajo el lema ‘Marc t’esperem’, los trabajadores celebramos concentraciones semanales para exigir su liberación. A esos actos se sumaron familia, amigos, políticos, sindicalistas, intelectuales y compañeros de otros medios cuya solidaridad era ya abierta. El mismo lema #Marct’esperem se hizo viral en Twitter.

Interesaba ahora que las movilizaciones y las informaciones sobre su secuestro tuvieran eco, llegaran a los raptores. Quizá eso podía facilitar el contacto con ellos. Que supieran que detrás del periodista español que retenían había un medio importante detrás y una sociedad movilizada. Mandamos traducir al árabe y distribuir por las redes sociales las informaciones sobre el caso y contactamos con la televisión Al Jazira para ofrecer un reportaje. Su delegado en Madrid, nos grabó en la redacción.

Las noticias sobre Marc llegaban a cuentagotas, cuando llegaban. Durante semanas solo había silencio. Y lo poco que sabíamos los pocos que lo sabíamos no lo podíamos compartir. En aquél tiempo en la redacción aprendimos a hablarnos sin hablar. A entendernos con la mirada. A trabajar cada día con una mesa vacía. A escribir sobre bombardeos en Siria, sobre guerras entre opositores, sobre la huida en masa de civiles, sobre los avances del ISIL y sobre el régimen del terror en su ‘califato’.

Ha enfermado.., ha sido trasladado…, está solo…, está acompañado… , un compañero francés… en Alepo.., en Raqqa. No preguntábamos detalles. Ni los íbamos a tener y al final nos bastaba con saber que Marc seguía vivo, algo de lo que no siempre tuvimos la certeza. Una vez, llegaron informaciones muy confusas al respecto. Fue un secreto que celosamente guardamos Enric Hernández y yo. Tardamos varios días en confirmar que no eran ciertas.

 Nunca en este tiempo, ni los compañeros que estábamos más cerca de Marc, soltamos una lágrima en público. Si se derrumbaba uno, nos derrumbábamos todos y quizá porque tratábamos de convencernos de que aquello iba a salir bien, nos preguntábamos como sería el Marc que un día volvería a sentarse entre nosotros. Y conociendo al periodista qué era, nos lo imaginábamos pensando en sus larguísimas horas muertas en la gran historia que tenía entre sus manos , en cómo la iba a contar.

La prueba de vida

Un vídeo que los secuestradores hicieron llegar la familia como prueba de vida fue impactante. ¡Estaba tan demacrado!…. Aquella Navidad fue durísima. Las noticias que llegaban de Siria eran terribles. Sabíamos ya entonces que una veintena de occidentales permanecían secuestrados y no había reporteros internacionales trabajando en el país . Solo informadores locales que jugándose la vida hacían lo que podían para dar a conocer su desgracia al mundo.

Su desgracia tenía varios nombres: bombas, refugiados, ejecuciones, destrucción. Para nosotros tenía además otro un nombre: Marc. Bueno en realidad tres: Marc, Javier y Ricardo, a quien nos queríamos imaginar juntos compartiendo infortunio para hacerlo, quizá, más llevadero. El día de Navidad por la tarde, amigos y familiares de Marc nos reunimos en una sesión de meditación guiada.

Estrenamos nuevo año, el 2014, sin noticias nuevas. Era poco ya lo que como periodistas podríamos hacer y era tan largo todo que solo nos preguntábamos hasta cuando podía resistir Marc psicológicamente y físicamente en aquella situación ¿Cómo le estarían tratando?. Hacía mucho frío en Siria. ¿Le darían una manta? La guerra contra el ISIL al mismo tiempo se recrudecía y Alepo, donde sabíamos que él se encontraba, sufría fuertes bombardeos.

 A mediados de febrero por primera vez llegaban noticias de que algo en los secuestradores se movía. Pero nos decíamos que mejor no ilusionarse, que todo era demasiado volátil. Un ataque, una huida, un repliegue… todo podía alterar la voluntad de esa gente. Era desesperante pero en medio de aquella guerra a todas bandas, la suerte de sus rehenes era para los secuestradores solo uno de sus muchísimos problemas, cuando para nosotros lo era todo. Y ellos eran dueños del tiempo. Solo podíamos esperar.

Es bien sabido que en las redacciones de los periódicos se coleccionan obituarios para cuando un personaje famoso se muere. En este caso, muy a finales de febrero, Hernández me pidió que fuese preparando, a escondidas, la noticia de la liberación de Marc.

El domingo 2 de marzo, sobre las 9 de la mañana sonó mi móvil. “Marc ya está en Turquía. En estos momentos está hablando con Cristina por teléfono. Llama a la redacción y lo publicamos ya”. Seis meses después, las piernas me temblaban de nuevo. Quería llamar a todo el mundo, que no se enteraran “por la prensa” pero tenía que avisar antes a la web del diario. Gloria Escrig, la redactora de guardia que cogió el teléfono, gritaba.

Solo me dio tiempo a llamar atropelladamente a Albert Guasch, y a Guillermo Altares, su gran amigo del diario El País. La liberación de Marc abría ya la portada. Habíamos dado la noticia que tanto esperábamos. Aquella mañana en la redacción lloramos lo que no habíamos llorado en seis meses. Lágrimas, risas y abrazos. La entereza e incluso la sangre fría con la que habíamos actuado durante seis meses y que nos permitió sobrellevar una situación tan extraordinaria explotó en un torrente de emociones.

Marc periodista, Marc persona

Su llegada al aeropuerto de El Prat aquella misma noche fue inolvidable. Lo vimos bajar del avión tan desmejorado y demacrado…. Pero con una sonrisa que su extrema delgadez hacía más grande todavía. El abrazo con Cristina fue estremecedor y a nosotros, sus jefes, nos decía: “Perdón, perdón por lo que os he hecho pasar”. Increíble, Marc, incorregible.

Marc Marginedas, a su llegada al aeropuerto de El Prat, tras ser liberado, en 2014. / JORDI COTRINA

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En el autobús que nos llevaba a la terminal habló de Javier y de Ricardo. También de James Foley, de Steven Sotloff y de otros. Por primera vez supimos de ‘Los Beattles’, los secuestradores-psicópatas de los que luego tanto se habló y escribió. “Os tengo que contar muchas cosas”. Hablaba sin parar. Allí estaba el Marc periodista, sabedor que tenía la exclusiva de su vida.. Pero allí también estaba en primer lugar el Marc persona, que se pasó los días siguientes hablando con las familias del resto de rehenes, trasladándoles los mensajes de sus seres queridos.

El 30 de marzo fueron liberados Javier y Ricardo. Siguieron otras liberaciones. Otros fueron ejecutados y grabados en terribles imágenes que los secuestradores quisieron que dieran la vuelta al mundo. Cada uno de esos vídeos nos sacudió en lo más profundo. Marc tardó meses en contar a los lectores de El Periódico de Catalumya el relato de su vida. Pero lo pudo contar. Y nunca más ha dejado ni dejará de hacer periodismo. Y nosotros, de apoyarle.