COMUNIDAD VALENCIANA

Una familia de Valencia encierra a su hijo autista con brotes violentos por falta de plaza en una residencia

"Tenemos que darle la medicación a través de la ventana", lamentan

Carmen da la medicación a su hijo desde la ventana exterior. F. Bustamante

Carmen da la medicación a su hijo desde la ventana exterior. F. Bustamante

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Violeta Peraita

Carmen y Paco recuerdan las vacaciones en Córdoba, la visita a la mezquita y un sinfín de destinos en los que estuvieron con su hijo, de 31 años y con autismo. Rememoran tiempos pasados porque saben que, desde hace un par de años, las salidas se han acabado.

Desde este verano, su hijo vive en una habitación, sin salir, pues ellos ya no pueden controlar su agresividad. Tanto que la convivencia es peligrosa. Desde 2019 esperan una plaza en una residencia pública. Algo que todavía hoy no es una realidad palpable, casi cuatro años después.

Su hijo tiene 31 años y autismoun 77 % de discapacidad y un grado de dependencia reconocido. Hasta 2019 estuvo asistiendo a un centro de día, donde socializaba con sus compañeros ("se iba de viaje en avión con ellos, de campamento, tenía una vida muy normalizada", recuerda su madre) y estaba atendido por profesionales que controlaban su medicación y estimulaban su integración.

Sin embargo, comenzó a ponerse cada vez más agresivo. "No quería ir. Y llegó un momento en que no podíamos llevarlo. Empezaba a romperlo todo, a mordernos, a pegarnos" y se vieron obligados a dejar el centro de día.

Las luces y aires acondicionados de la casa cuelgan. La casa no tiene cuadros, ni espejos, ni nada susceptible de romperse, pues arrancó el lavabo del cuarto de baño de cuajo, tiró una mesa por la ventana ("suerte que no pasó nadie"— dicen los padres) y los pasillos están plagados de animales de peluche.

El hijo de Carmen y Paco estuvo un mes ingresado en una clínica privada por salud mental, donde le volvieron a regular la medicación tras destrozar toda la casa. Las salidas se volvieron cada vez más difíciles. "Vamos por la calle y agarra a la gente del brazo, en el coche nos muerde y cada vez se va retrayendo más. También ha dejado de hablar. No quiere salir", narran.

De hecho, ahora vive en una habitación sin muebles. El aire acondicionado está "enjaulado", ya que el anterior lo arrancó de la pared y vive en un espacio con una cama sin somier y un lavabo portátil donde hace sus necesidades. Le dan la medicación por la ventana.

"Ya no podemos hacer más, él cada vez tiene más fuerza y nosotros menos"

"Ya no podemos más, necesitamos que trabajen con él para que gane calidad de vida y sea feliz. Vemos que esto se alarga y la conselleria no contesta". "Cada vez tiene más fuerza y nosotros menos", temen. La sensación: impotencia. El sentimiento: tristeza. "Hace tiempo que no sonríe, ya no dice nada, está medicado y encerrado", lamentan.

"No disponemos de un centro que pueda atender sus necesidades"


Igualdad aconseja su derivación a un centro específico de TEA al no tener recursos que encajen

La Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas dice que la demora de la adjudicación se debe a "una búsqueda infructuosa de plazas" y a que "no hay un centro específico en la provincia que pueda atender las necesidades de esta persona según su diagnóstico". No obstante, el departamento detalla los pasos que ha seguido para tratar de dar una solución a esta familia. En diciembre 2019, tal como explicaba Carmen, su hijo se da de baja del centro de día argumentando "renuncia", ya que, como explica la familia, su empeoramiento conductual les hace imposible seguir llevándolo. Ya pedían una residencia para él. 

La conselleria intentó integrarlo en dos centros, pero "no eran adecuadas al perfil", por tener otras necesidades y poder poner en riesgo a otras personas que allí conviven, según fuentes de Igualdad. De ahí que en dos ocasiones (mayo de 2019 y enero de 2020) dos centros denegaran el expediente. 

En enero del 2020 se ofreció a la familia, tal como explica Igualdad, la posibilidad de entrar en una residencia de Utiel "rechazando esta su progenitora por lejanía, en espera de otro recurso más cercano". Como coincide la familia. Después de eso, ni Carmen ni Paco recibieron más comunicados.

Igualdad, tras este paso, remitió en abril de 2021 a la coordinación de centros del Institut Valencià d’Atenció Social-Sanitària (IVASS) el expediente para explorar todavía más opciones para el ingreso en algún centro y la respuesta concluyó que ninguno de los recursos eran adecuados porque no son específicos para las necesidades del hijo de Carmen, por lo que, al no poder atenderle de forma óptima, aconsejaban la derivación de su hijo "a un centro específico para personas con diagnóstico TEA, en el que pueda recibir el tratamiento requerido". Dos meses después, la familia interpuso una reclamación por demora en la adjudicación de plazas porque no sabían que había una resolución emitida. 

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En enero de 2020, Carmen solicitó una plaza en un centro residencial a través de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Manises con informes favorables del departamento, de la psiquiatra y la policía, como confirma el consistorio. "Se hizo una evaluación de la situación, se emitió un informe favorable y se envió a la conselleria para que comenzara a tramitar una plaza para esta persona", indican. Un tiempo después, Igualdad se puso en contacto con ella: "Me dijeron que había una plaza en Utiel, pero que me buscarían otra más cerca, y yo acepté".

Un mes después estalló la pandemia y no volvieron a tener noticia hasta que realizaron el próximo movimiento, una queja en junio de 2021 por la tardanza de adjudicación de la plaza. De nuevo, silencio. Ahora, tras no tener noticias y ver que la situación se vuelve cada vez más insostenible, Carmen y Paco denuncian que su hijo es cada vez más agresivo y ellos no pueden con él.