EDUCACIÓN ASERTIVA

Cómo llevarnos a un niño de una fiesta sin que monte un drama (¡en solo tres pasos!)

Lidiar con estas situaciones es más sencillo con una buena comunicación y empatía

Cómo llevarnos a nuestro hijo de una fiesta de cumpleaños sin que monte una rabieta.

Cómo llevarnos a nuestro hijo de una fiesta de cumpleaños sin que monte una rabieta. / PIXABAY

4
Se lee en minutos
EPE

Es una escena que se repite asiduidad: vas a recoger a tu hijo a una fiesta de cumpleaños, en la que está jugando con otros niños y pasándoselo bien, y al decirle que os tenéis que ir monta una rabieta. Se trata de una reacción normal y habitual en niños de entre 2 y 5 años cuando les privamos de un deseo. Sin embargo, es posible lidiar con este tipo de situaciones evitando que se produzcan pataletas.

La clave, como en muchos otros aspectos de la educación de los niños, es ponerse en su piel y acompañarles durante el proceso con una adecuada comunicación y una actitud asertiva. Te contamos cómo hacerlo en tres sencillos pasos:

1. Ponte en su piel

Para poder manejar correctamente la situación, lo primero es ponernos en la piel de nuestro hijo o hija. A esa edad, los niños aún no comprenden nuestras prisas y obligaciones, ni tienen desarrollado el autocontrol. Por tanto, no es justo pretender que entiendan sin rechistar que nos los llevemos cuando se están divirtiendo sin darles ninguna explicación (algo que, por cierto, tampoco haríamos de buena gana en la vida adulta).

Asimismo, hay que tener en cuenta que todavía no han aprendido a gestionar sus conductas. Cuando montan una rabieta al intentar llevárnoslos de una fiesta, no se trata una venganza hacia nosotros, sino que, sencillamente, todavía no saben cómo expresar sus emociones de otra forma.

El psicólogo Rafa Guerrero explica qué pasa por la cabeza de los niños en ese momento: "Cuando a un niño le decimos 'no', cuando a un niño no le permitimos hacer algo o tiene que hacer algo que no quiere hacer, en ese momento puede entrar en rabia. Si nos sumergimos en el cerebro, nos encontramos con que las amígdalas cerebrales se han disparado y empiezan a liberar dos sustancias: la adrenalina (invita a la acción) y el cortisol (la hormona del estrés que nos impide pensar). Por tanto, en ese momento, en el que el niño está en plena rabia, lo que ocurre es que es tremendamente emocional y poco pensante. Tratamos de que piense, de que razone, de que entre en razón, pero no puede".

2. Avísale con antelación

Tan importante es preocuparnos por entenderles como esforzarnos porque nos entiendan a nosotros. Aunque todavía sean demasiado pequeños para comprender todas nuestras motivaciones, es necesario que les comuniquemos qué es que queremos que hagan y por qué.

En el caso de la fiesta de cumpleaños, una buena estrategia es darles preavisos. Es decir, no imponer repentinamente y sin avisar la hora de marcharse, sino dar preavisos de cuánto tiempo nos podemos quedar en la fiesta y los motivos y razones por las que nos debemos ir a una determinada hora:

  • 1º preaviso antes de la fiesta: con antelación a llevarle a la fiesta, le comentamos cuánto tiempo vamos a estar y la razón por la que nos vamos a una determinada hora (la cena, leer un cuento, descansar, etc.).

  • 2º preaviso en la fiesta,15 minutos antes de irnos: avisamos a nuestro hijo de que quedan 15 minutos para que se vaya preparando, aunque con cuidado de no caer en el chantaje ni en los premios: "si nos vamos a la hora, te compro un helado luego".

  • 3º preaviso en la fiesta, 5 minutos antes de irse: cuando estemos a punto de irnos, le damos opciones para estos últimos cinco minutos: "¿Qué prefieres hacer en los últimos 5 minutos que te quedan, tirarte por el tobogán, despedirte de tus amigos?". De esta forma, le damos al niño cierta sensación de control e implicación en la decisión.

3. Acompáñale en su emoción

Una vez cumplidos los preavisos, llega la hora de marcharse definitivamente. Es el momento más delicado, ya que a pesar de la comunicación previa, es muy posible que el niño no lo entienda y monte una rabieta igual.

Es algo totalmente normal y que no debe hacernos desesperar. ¿Qué podemos hacer llegado a este caso? Acompañar al niño en su emoción y 'corregularle'. El psicólogo Alberto Soler explic detalladamente cómo hacerlo:

  • "Cuando estamos con el niño tirado en el suelo, con la cara roja, encendido, tenemos que bajarnos a su nivel, hablarle con calma y mirarle a los ojos".

  • Mantén la calma y evita contagiarte de su emoción.

  • Estate con él o ella hasta que vaya calmándose.

  • Dile frases con las que note que estás con él: "estoy aquí" "te quiero".

  • Una vez se haya calmado, podemos hablarlo con él. "Evitar las grandes explicaciones. "Repetir el mensaje tranquilamente, acompañándoles, pero olvidando los sermones. En ese momento de estallido emocional, su parte racional no está activada y no van a entrar en razón".

Lo más importante de todo es que nos mantengamos firmes con la decisión inicial comunicada. Si le da una rabieta, debemos acompañar su forma de expresión, pero no permitir que cambian nuestra decisión e impongan su deseo. Si hacemos esto, las decisiones que tomemos serán arbitrarias dependiendo de nuestro estado emocional y el del niño.

Noticias relacionadas