VUELTA A LA RUTINA

¿Cómo superar el síndrome postvacacional? Diez consejos para la vuelta al trabajo

  • Un 35% de la población sufre crisis con la vuelta al trabajo

  • Adolescentes y niños merecen especial atención

¿Cómo superar el síndrome postvacacional? Diez consejos para la vuelta al trabajo
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Cipriano Fernández / Lourdes Cueva

El síndrome postvacacional se define como un estado de malestar muy genérico, con síntomas físicos y psíquicos que afecta a un grupo determinado de personas predispuestas y vulnerables, que está relacionado con los primeros días de incorporación al trabajo después de un periodo de vacaciones. Básicamente, es la dificultad de adaptación al trabajo tras la finalización de las vacaciones, debido al cambio de biorritmos que conlleva acomodarse a la vida cotidiana.

Se trata de un fenómeno al que se le está dando cada vez mayor importancia, aunque no está aceptado como enfermedad en las principales clasificaciones internacionales. Hace unos años, prácticamente era desconocida su existencia, lo cual no quiere decir que no hubiera personas que lo estuvieran padeciendo.

Es un proceso que se ha generado posiblemente en relación con los hábitos de la vida moderna. Existe una falta de acuerdo entre hablar o no de enfermedad; para algunos autores es simplemente una situación transitoria y en parte normal. No es tan importante el tiempo de duración de los síntomas, como la intensidad de los síntomas y su interferencia en la vida diaria.

El síndrome postvacacional es un proceso de adaptación necesario cuando se entra de nuevo en contacto con la vida activa. Cuando ese proceso de adaptación fracasa, entonces se generan molestias y cambios que dan lugar a un malestar importante con una repercusión sobre la calidad de vida de la persona.

Las condiciones laborales juegan un papel muy importante en la adaptación a la rutina tras las vacaciones. Entre ellas se encuentran los horarios irregulares, el mal clima laboral o las altas responsabilidades. La monotonía, la injusta remuneración o la sensación de baja realización personal, que también son enemigos del trabajador recién incorporado. Además, algunos estudios señalan que en épocas de crisis como la actual, el recorte de vacaciones y el descontento con el trabajo intensifican esta sensación.

No existen datos que nos inclinen hacia una mayor vulnerabilidad en función de variables de género, si bien, según la OMS, se constata tradicionalmente mayor incidencia de problemas de ansiedad y depresión en mujeres.

La Sociedad Española de Neurología estima que hasta un 35% de la población sufre algún tipo de crisis postvacacional. Merece especial mención el caso de niños y adolescentes.

Este síndrome puede cursar de diversas formas. Lo más habitual es un cuadro de debilidad generalizada y astenia, con insomnio que después repercute en una somnolencia importante a lo largo del día. La capacidad de concentración se ve limitada, así como la tolerancia al trabajo. A quien lo padece le invade una sensación de desidia y hastío. En otras ocasiones, puede aparecer una especie de angustia vital que puede llevar a un bloqueo en el cual la persona que lo presenta es incapaz de tomar cualquier decisión.

En frecuente que se presente como un cuadro depresivo en el que las personas se encuentran perdidas, nerviosas, ansiosas, confusas y agresivas. La duración de este síndrome oscila entre dos y tres días a un máximo de veintiuno, hasta que la persona vuelve a adaptarse a su nueva realidad. Después estos problemas psicopatológicos suelen desaparecer, aunque en ocasiones se detectan trastornos más graves que necesitan un tratamiento y una consideración muy especial.

Las causas del origen del síndrome postvacacional pueden resumirse en las siguientes:

  • Incremento del ritmo diario.

  • Desarreglo del ciclo vigilia-sueño.

  • Desajuste de horarios de comidas.

  • Cambio a un entorno de obligaciones, demandas y exigencias.

Para gestionar con mayor facilidad el impacto emocional que implica el regreso a la rutina, es conveniente realizar una adaptación lo más progresiva posible. Debe tomarse conciencia de que las vacaciones siempre terminan y asimilarlo de forma natural, comprensiva y positiva. Pensar en el trabajo como un medio de vida, más que como en una obligación.

También merece la pena motivarse e ilusionarse con la vuelta a la realidad cotidiana: reencontrarse con familiares y amistades, compañeros y compañeras de trabajo. Para hacer esta situación mas soportable, deben prevenirse la aparición de los síntomas y reconocer que las molestias que se presenta pueden ser debidas a un cambio en la rutina diaria.

Resulta útil establecer un decálogo de consejos para mejorar los síntomas:

  1. Regresar unos días antes al lugar de residencia habitual. Apurar los días de vacaciones hasta el último día puede ser muy atractivo pero, también hace más pesado y difícil el regreso al mundo laboral.

  2. Normalizar el horario de manera progresiva. Volver al trabajo implica cumplir horarios, es aconsejable regularlo unos días antes de volver al trabajo. Intentar mantener ciertos hábitos veraniegos como la siesta, salir con amistades o pasar más tiempo con tu familia.

  3. Recuperar los hábitos alimentarios y el ejercicio físico de manera paulatina. Volver a la normalidad lo antes posible es lo ideal pero sin forzar los tiempos.

  4. Planificar objetivos realistas y empezar por el más pequeño. Señalar en el calendario las fechas importantes con las que puedes disfrutar durante el año: como cumpleaños, fiestas y puentes.

  5. Regularizar la agenda laboral priorizando lo más inmediato. Saber organizarse siempre es necesario y a la vuelta de las vacaciones más que nunca. Aumenta el rendimiento laboral de forma gradual para evitar el estrés.

  6. Aprovechar y disfrutar cualquier momento libre que tengamos por pequeño que sea. Los pequeños placeres pueden ser de gran ayuda para hacer más amena la obligación del mundo laboral.

  7. Aceptar las emociones que nos toca vivir. Aunque no nos guste sentir melancolía, tristeza, angustia o rabia, éstas emociones son una respuesta funcional de nuestro organismo a los cambios. Viene bien personalizar el puesto de trabajo; colocar algún recuerdo de las vacaciones y poner fotos de vacaciones o de seres queridos en el salvapantallas del ordenador.

  8. Dormir adecuadamente y mantener horarios regulares tanto en las rutinas diarias como en las horas de acostarse y levantarse. Practicar la relajación de forma regular para ayudarnos a eliminar pensamientos catastrofistas o ideas irracionales que puedan darnos ansiedad.

  9. Cada día elegir por la mañana qué pequeña cosa se afrontará con la seguridad de que todo va a salir bien. Esta actitud es muy recomendable para las personas más fóbicas y controladoras.

  10. Dedicar un espacio cada mañana para prever por escrito lo horrible que será la vuelta al trabajo y lo angustioso que puede llegar a ser.

Todas estas estrategias sencillas pueden ser muy eficaces para neutralizar el “síndrome postvacacional” y salir airosos. En definitiva, lo más importante es hacer que la vuelta al trabajo sea lo menos brusco posible y afrontar con actitud positiva la vuelta a la rutina para ayudarnos a combatir la desmotivación que supone "la vuelta a la realidad" después de las vacaciones.

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