NATALIDAD

Perros frente a niños: cómo la covid hizo bajar la natalidad pero animó las adopciones de mascotas

El número de animales de compañía se dispara en España al calor de la pandemia mientras la tasa de nacimientos no deja de caer

Una niña pasea con su perro.

Una niña pasea con su perro. / José Luis Roca

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Juan Ruiz Sierra

Hubo un momento, entre el final del primer confinamiento y comienzos de este año, en el que Frozen, un perro negro, de siete años, en parte galgo y en parte no se sabe qué, habría tenido pocos problemas en ser adoptado. Quienes acuden a lugares como el centro de protección animal de Getafe (Madrid), donde vive Frozen, solían poner pegas ante criaturas como él: buscan una mascota de tamaño pequeño, escasos meses y a ser posible de raza. Pero durante ese tiempo todo fue distinto. “Aquello fue impresionante”, explica Ana Julia Fuentes, una de las gestoras del recinto.

Los perros, previa entrevista con los futuros dueños, no paraban de salir de allí. Poco importaba su peso, edad o aspecto, porque el flujo de adoptantes no se detenía, en un síntoma más, sin precedentes, del furor por los canes que trajo consigo la primera fase de la pandemia del coronavirus. El número de perros en España pasó entre 2019 y 2021 de 6,7 millones a 9,3, un aumento del 38%, según la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía (ANFAAC), a la que conviene acudir ante la falta de datos oficiales.Mientras tanto, la natalidad continuó cayendo, provocando que la ya de por sí amplia brecha demográfica entre canes y niños se ensanchara todavía más. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), difundidos el pasado miércoles, reflejan que los nacimientos han caído casi un 30% durante la última década. En 2021 nacieron 336.811 niños, 2.395 menos que el año anterior. Es ya casi un lugar común subrayar que en España, con la segunda tasa de natalidad más baja de la UE (7,6 por cada 1.000 habitantes, solo por delante de Italia), hay más perros que humanos menores de 15 años. Pero no deja de ser cierto, con los problemas que esto supone para garantizar en el futuro instrumentos tan importantes como las pensiones. 

"Tenemos tres perros. Queremos y estamos buscando tener un hijo, pero en el caso de que no llegue, mi mujer me ha llegado a decir: ‘Pues tenemos otro perro'"

Boutiques y tanatorios

Hay, sin embargo, otra forma de ver todo esto, una en la que la brecha entre bestias domésticas y críos no se ha ampliado. Al contrario: en un territorio donde la reproducción es cada vez menos común, la frontera con los perros se ha ido estrechando hasta tal punto que, en ciertos hogares, sobre todo en los de los adultos jóvenes, se ha difuminado casi por completo, porque todo lo que rodea a los humanos cuenta con su reflejo canino. Hay guarderías caninas, que al menos en Madrid cuestan tanto o más que las de niños en una ciudad de provincias. Hay parques de agua caninos. Hay fotógrafos caninos, como Emilio Cuenca, uno de los más solicitados, que explica que el 75% de las personas que le encargan una sesión para su mascota tienen “entre 25 y 45 años”. Hay tanatorios para animales domésticos. Hay tiendas para perros, algo que existe desde hace mucho, solo que ahora se hacen llamar boutiques. Hay una expresión para todo este fenómeno: los ‘perrhijos’

Los nacimientos han caído un 30% durante la última década, con 2021 marcando un nuevo mínimo histórico: 336.811

“Ahora ves al perro casi como un hijo, así que en parte te puede cubrir esa necesidad. Mi caso, por ejemplo. Yo no soy padre. Tenemos tres perros. Queremos y estamos buscando tener un hijo, pero en el caso de que no llegue, mi mujer me ha llegado a decir: ‘Pues tenemos otro perro”, explica Rubén Goñi, dueño de la boutique Gentlecan.

 En 2018, Goñi y su mujer abrieron una muy cuidada peluquería canina. Tres años más tarde, durante la cresta de la ola de la pasión por los perros, inauguraron la tienda, a escasos metros del parque del Retiro, en uno de los barrios más caros de la capital. Es como un pequeño templo dedicado a adorar el antropomorfismo, con bustos de canes ataviados igual que los elegantes señores ingleses que en la primera mitad del siglo pasado acudían a exclusivos clubes sociales (bombín, gafas, incluso pipa) y artículos como jerséis para perros hechos de lana de alpaca. El más barato cuesta 53 euros.  

“Hay gente que pasa por aquí y se lleva las manos a la cabeza al ver que hay quienes están dispuestos a gastarse tanto dinero en su perro”, explica Goñi. No es extraño, continúa, que sus clientes tengan en sus casas una habitación destinada en exclusiva a su mascota, o al menos un armario. “Por mi experiencia, la pandemia trajo dos reflexiones en muchas familias: qué pequeña se nos ha quedado la casa y qué bien nos vendría tener una mascota”, concluye Goñi. 

Tiene razón. En un estudio llevado a cabo a través de 1.300 entrevistas realizadas tres semanas después del inicio del confinamiento, en abril de 2020, tres de cada cuatro encuestados contestaron que su animal doméstico les había ayudado a sobrellevar un encierro en el que, además, ellos eran casi los únicos que podían salir a la calle para dar un pequeño paseo, siempre que fuesen acompañados de su perro. Por esas mismas fechas, las redes sociales se llenaron de testimonios de padres desesperados, pidiendo consejo sobre lo que hacer con sus hijos, enclaustrados en un puñado de metros cuadrados. 

Un origen desconocido

Nadie sabe del todo cómo se ha llegado hasta aquí, a una situación en la que el 26% de los hogares españoles, por ejemplo, cuenta con al menos un perro, un porcentaje solo superado en Europa por los países del este, según Fediaf, el organismo que aglutina en el continente a la industria de alimentos para mascotas. Antes de que los humanos ordeñaran vacas, pastorearan cabras y criasen cerdos, antes de que inventasen la agricultura y el lenguaje escrito, antes de que se hicieran sedentarios, y desde luego antes de que tuvieran gatos, tuvieron perros. Los científicos concuerdan en que aquello comenzó hace como mínimo unos 15.000 años, y que el perro viene del lobo, pero a partir de ahí las teorías divergen.

Los científicos continúan intentando desentrañar cómo algunos lobos salvajes acabaron convirtiéndose en animales domésticos

La tesis dominante en un principio, esbozada por Charles Darwin en las primeras páginas de ‘El origen de las especies’, fue que algún cazador-recolector visionario robó cachorros de lobo y comenzó a criar lobos más y más tranquilos, dando así los primeros pasos de un larguísimo camino que desemboca en los jerséis de alpaca a 53 euros la unidad. Solo que un lobo resulta difícil de domesticar, incluso siendo cachorro, y poco a poco los investigadores intercambiaron los roles.

Fueron ellos quienes eligieron ser perros. Se autodomesticaron, señaló la nueva teoría, al comprobar que podían vivir más y mejor si se acercaban a los humanos, alimentándose de sus desperdicios. Pero hay un problema. Los 'sapiens' seguían siendo entonces nómadas: vivir junto a ellos, en continuo desplazamiento, no podía resultar sencillo, sobre todo cuando entraban en el territorio de alguna otra manada de lobos en estado completamente salvaje. Así que hay una nueva tesis, que señala que hubo algún tipo de mutación genética que hizo que algunos lobos comenzaran a ser mucho más dóciles. El círculo, en cualquier caso, continúa sin cerrarse, en un momento en el que parece haberse dado un nuevo salto evolutivo: el perro como sustituto del humano.

Vuelta al abandono

Hace muchísimo calor a las puertas del centro de protección animal de Getafe. Pepo, un mastín rescatado de una finca en la que vivía permanentemente atado, sin apenas alimentos, se acerca buscando cariño. Y aquí, andando con lentitud y dificultad, llega Muta, una perra muy mayor, sin raza definida, que ve poco y sufre demencia. 

Cada día, el centro de protección animal de Getafe recibe dos o tres llamadas de dueños que quieren deshacerse de sus perros

Apoyada en una de las paredes del recinto, Ana Julia Fuentes, que gestiona el centro, tiene una asociación llamada Hydra dedicada a la terapia con animales y está especializada en adiestramiento canino, dice: “Cada vez vemos más casos de personas que creen que el perro es su hijo y lo trata como a un humano. Y luego vienen los problemas, porque ahora hay muchos más problemas de conducta en los perros que antes. Súbete a la cama, come de mi plato. Y el perro tiende a coger más y más. Y de repente muerde, o destroza la casa. Todo esto forma parte de la moda de humanizar a los perros. Y cuando se lo explicas a los dueños, se ofenden. ‘Es que es mi perrhijo’, dicen. Pero no lo es. Es tu perro”. 

En los últimos meses, Fuentes ha visto cómo el impulso por adaptar canes desaparecía al mismo ritmo que los humanos recuperaban espacios de su vida anterior a la llegada del coronavirus. Ahora, explica, recibe dos o tres llamadas o mensajes al día de dueños que quieren deshacerse de su perro. “Por lo que conozco de otros centros, está pasando lo mismo en todas partes”, explica. España, concluyó un estudio de la Fundación Affinity a finales del año pasado, es líder en abandono de animales: unos 700 al día. “Todo esto”, concluye Fuentes, “nos habla, sobre todo, de lo caprichosos, egoístas e irresponsables que somos los humanos”.

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