UN HISTÓRICO DE LA PRENSA ROSA

Jesús Mariñas: una vida de demandas judiciales y conflictos laborales

Jesús Mariñas, a la dcha., en el plató de ’Tómbola’.

Jesús Mariñas, a la dcha., en el plató de ’Tómbola’. / MIGUEL LORENZO

La muerte del popular periodista del corazón pone de relieve su personal forma de entender la crónica rosa, marcada por la irreverencia, los problemas judiciales y los riesgos para su integridad física

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Eduardo Bravo

Jesús Mariñas falleció el lunes en el Hospital Universitario Ramón y Cajal a consecuencia de las complicaciones derivadas del cáncer de vejiga que sufría desde hacía algunos meses. A finales de 2021, apenas unas semanas después de hacer público su estado de salud, el popular periodista gallego publicó el que sería su último libro: Jesús por Mariñas, memorias desde el corazón. Editado por Esfera de los libros, el periodista repasaba en ese volumen su carrera como uno de los profesionales de la crónica rosa más destacados de la sociedad española, gracias a su mordacidad y, por qué no decirlo, cierta vocación kamikaze.

“Nunca escribo con miedo, sino que cuento lo que siento”, le confesaba Mariñas al periodista de La Vanguardia Andrés Guerra durante la promoción de su libro de memorias, y añadía: “Si luego surgen problemas, pues bueno, los atiendo, resuelvo o desatiendo”. Y vaya si hubo problemas. Tantos, que se puede decir que Jesús Mariñas es uno de los periodistas más demandados en la historia de la democracia española. “Cuando trabajas en estos medios, este negocio, no puedes actuar o conducirte con un puñal encima, hay que ser libre”, declaraba el periodista que, en más de una ocasión, sufrió las consecuencias de hacer uso de esa libertad.

En junio de 1988, después de dos décadas colaborando juntos, Luis del Olmo decidió prescindir de Jesús Mariñas como colaborador de Protagonistas, uno de los programas con más audiencia de la radio española de la época. La COPE, emisora en la que se emitía el espacio, justificó el despido argumentando que se trataba de un castigo disciplinario en respuesta a un reciente viaje a Puerto Rico realizado por Mariñas sin comunicárselo previamente a la dirección.

Jesús Mariñas, contando la hitoria de su cese en 'Protagonistas' en la revista 'Lecturas'.

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El periodista negó ese hecho y declaró que la verdadera razón era que la cadena de la Conferencia Episcopal había claudicado ante las presiones derivadas por unos comentarios que había realizado sobre Carmen Romero, esposa de Felipe González, presidente del Gobierno en esas fechas. Por su parte, Luis del Olmo declaró que la decisión de rescindir las colaboraciones con el periodista respondía, sencillamente, a que estaba harto de tener que ir de juzgado en juzgado cada vez que a Mariñas le ponían una querella, cosa que sucedía con bastante frecuencia.

Sin ir más lejos, en marzo de 1987, locutor y periodista habían sido demandados por Javier Clemente, después de que Mariñas deslizase en antena que la razón por la que el entrenador de fútbol no alineaba a Manolo Sarabia en el Athletic de Bilbao era que el futbolista mantenía una relación con una mujer a la que también pretendía Clemente. Con objeto de limpiar su honor y disipar cualquier duda sobre su fidelidad matrimonial, el entrenador reclamó una indemnización de veinticinco millones de pesetas (ciento cincuenta mil euros), de los cuales el tribunal solo estimó dos (doce mil euros), que debieron ser abonados por Luis del Olmo como director del programa.

Afortunadamente para el locutor ponferradino, no todas las demandas contra Mariñas durante el tiempo que colaboró en Protagonistas tuvieron una sentencia condenatoria. En 1986, el periodista del corazón describió en el programa las prácticas sexuales de Isabel Preysler, por entonces en la primera línea mediática por su romance con el ministro socialista Miguel Boyer. Después del sobreseimiento en el ámbito penal, al que siguió una nueva demanda por lo civil, en 1998 el Tribunal Supremo absolvió a los acusados aunque, todo sea dicho, no porque las declaraciones de Mariñas no pudieran ser consideradas un atentado al honor, sino porque el plazo para ejercitar la acción por parte de la demandante había caducado.

Isabel Preysler y Miguel Boyer salen del juzgado tras su boda civil en 1988.

/ EFE

Tras abandonar Protagonistas, Mariñas continuó narrando la vida social española desde las páginas de Época pero, dado que no renunció a su incisivo estilo, a partir de entonces fue el director de la publicación, Jaime Campmany, el que lo acompañaría de jugado en juzgado.

Por ejemplo, cuando en 1990 Alberto Cortina y Marta Chávarri lo demandaron por relatar en un artículo una pelea que la pareja había protagonizado en un vuelo Madrid-Nueva York. Entre otras cosas, Mariñas, que tituló la crónica “La Preysler se hizo otra estética y Martita produce picores”, contaba que Chávarri había acusado a su esposo de haberle contagiado una ETS no demasiado grave, pero sí muy molesta por lo urticante de la misma. Finalmente, la magistrada Margarita Mariscal de Gante condenó al periodista y a la publicación, al considerar que el texto de Mariñas no solo incluía “insinuaciones y afirmaciones claramente difamatorias para los actores”, sino que estas eran falsas, por lo que no cabía apelar al derecho a la información, el cual solo se estima cuando la información es veraz.

El puño y la pluma

No obstante, la polémica más sonada de las protagonizadas por Mariñas en la revista Época fue aquella provocada por un artículo en el que el periodista sugería que Encarna Sánchez e Isabel Pantoja mantenían una relación sentimental. A pesar de que, en 1992, la locutora obtuvo una sentencia a su favor, Sánchez no se sintió satisfecha y, para resarcirse del daño, inició una venganza extrajudicial que buscaba el desprestigio personal y profesional de Mariñas. Entre otras cosas, la locutora hizo correr la voz de que el motivo por el cual el periodista había escrito ese artículo denigrante había sido que Sánchez le había retirado un sueldo de ciento cincuenta mil pesetas mensuales (novecientos euros) que le pagaba para que no hablase de ella “ni bien ni mal”. No contenta con ello, también se despachó a gusto entre sus amistades llamando a Mariñas “maricón con SIDA”.

En todo caso, no fue solo Encarna Sánchez la que decidió dirimir sus cuitas con el periodista fuera de los juzgados o empleando métodos expeditivos de dudosa ética. Ya en 1988 Julio Iglesias le había espetado al cronista rosa “tú lo que eres es un cabrón y un hijo de la gran puta” y, por su parte, Camilo José Cela aprovechó el acto de inauguración del Hotel Coral Beach de Marbella en agosto de 1991 para encararse con Mariñas. Después de intentar tirarlo a la piscina sin conseguirlo, el premio Nobel se lanzó contra el periodista y le propinó un puñetazo en la mandíbula. Si bien nunca se aclaró el porqué de la agresión, cuando falleció el premio Nobel en 2002, Mariñas recordó el hecho con humor y afirmó que “viniendo de esa mano, lo que podría ser deshonor fue un honor”.

El célebre puñetazo.

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Curiosamente, a medida que los programas del corazón comenzaban a adueñarse de las parrillas televisivas, las demandas contra Mariñas, lejos de aumentar, disminuyeron. Tanto es así que, en 2002, se produjo el que posiblemente sea el último de los procesos judiciales con cierta relevancia de los sufridos por el periodista. Se trató de la demanda que interpusieron contra él Norma Duval y su exmarido Marc Ostarcevic por un artículo publicado en La Razón, en el que Mariñas afirmaba que la vedete había mantenido relaciones sexuales con la propietaria del Folies Bergère y que Marc Ostarcevic podría no ser el padre de los hijos del matrimonio.

Antes de entrar a valorar los hechos, el juez dictó un embargo preventivo de los bienes de cincuenta millones de pesetas (trescientos mil euros) para cubrir una posible indemnización a la parte actora. A pesar de lo elevado de la cantidad, la situación económica de Mariñas era lo suficientemente desahogada como para hacer frente a dicho embargo sin demasiados problemas. Además de sus colaboraciones en prensa escrita y radio, el periodista ingresaba un salario cercano a los tres mil euros semanales por su colaboración en Tómbola.

Desde su estreno en 1997 —recordado por el sonado plantón de Chabeli Iglesias, que abandonó el plató por el acoso al que la sometieron Paloma Barrientos, Karmele Marchante y el propio Mariñas—, el programa de Canal 9 había revolucionado el mundo del corazón, obteniendo altos índices de audiencia que se mantenían incluso en noviembre de 2004, fecha en la que las autoridades valencianas decidieron que fuera retirado de antena.

La razón principal para su final fue, según fuentes de la cadena, que se trataba de un programa de telebasura impropio de una televisión pública. No obstante, no faltaron los que afirmaron que lo que realmente desencadenó el fin de Tómbola fue el comportamiento de Jesús Mariñas que, en uno de los programas de abril de 2004, había medido en directo el pene de Nico, uno de los exconcursantes de Gran Hermano.

La escena habría abochornado tanto a los responsables del nuevo gobierno regional, encabezado por Francisco Camps en sustitución de Eduardo Zaplana, que decidieron eliminar Tómbola. Lo que nadie podía prever por entonces era que, unos años después, se descubriría que la gestión de lo público en la Comunidad Valenciana por parte de esos mismos políticos resultaría más bochornosa que cualquier astracanada protagonizada por Jesús Mariñas.

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