SOCIEDAD

El espacio físico y la socialización

La evidencia sobre el estudio de los patios escolares advierte de que es primordial intervenir en ellos para evitar la reproducción de los estereotipos de género

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Alumnos de infantil del colegio Liceo Hispano de Paterna (Valencia) juegan en el patio.

Alumnos de infantil del colegio Liceo Hispano de Paterna (Valencia) juegan en el patio. / MIGUEL LORENZO

A lo largo de la historia de la humanidad, desde los primeros asentamientos hasta nuestros días, los espacios físicos construidos han dado respuesta a las diversas necesidades del grupo social que los ocupaba. Desde estructuras para viviendas hasta elementos arquitectónicos diseñados y construidos para la defensa, retención y aislamiento de personas, pasando por espacios destinados al almacenamiento, al culto religioso y funerario, al desempeño laboral, a la educación, la cultura y el ocio, los espacios físicos acaban por determinar la conducta del individuo, así como las relaciones que entre ellos se desarrollan.

Si bien la construcción de los espacios y la arquitectura han contado con grandes referentes en todas las civilizaciones, el interés por el análisis y estudio de dicho espacio como determinante de la conducta humana ha discurrido, en paralelo, con el surgimiento y desarrollo de las ciencias sociales durante el siglo XIX.

Ciencias sociales como la sociología, la criminología o la psicología comienzan a interesarse por descubrir cuáles son los factores y elementos intervinientes en la interacción entre el espacio construido y la conducta individual o de grupo, generando campos de estudios propios y disciplinas que encuentran en la forma de construir los espacios en relación con el comportamiento resultante su objeto de estudio. En el seno de las ciencias más arriba mencionadas, y como ejemplo de dicho interés, se encuentran la sociología urbana, que se encarga de estudio de los modos de vida, así como de la organización de los individuos en las ciudades; la criminología ambiental, orientada al estudio de la comisión del delito en relación con el espacio urbano o construido, y la psicología social, encaminada a la comprensión de los modos de pensar, sentir y comportarse de las personas en los diferentes contextos en los que desenvuelve. Otras como la arqueología, la antropología cultural y social o la geografía son ciencias y disciplinas que también abordan al estudio de los grupos sociales, culturas y sociedades en relación con el espacio físico y geográfico que ocupan o han ocupado.

Las carreteras vacías durante el cierre en Shanghai, a 19 de abril de 2022.

/ Qilai Shen/Bloomberg

Uno de los principales elementos en el abordaje de dicha interacción y que es compartido por las diversas disciplinas, con los matices derivados de su ámbito de estudio, es la valoración de una doble dimensión; una dimensión física marcada por la acción-transformación y una dimensión simbólica que carga e impregna de significados el espacio transformado. A partir de ello, los espacios arquitectónicos dejan de ser vistos y valorados como meros contenedores. Ahora el espacio deviene lugar, un lugar en el que se vive y con el que se convive; un espacio físico construido que se transforma, al menos en parte, en un espacio social construido y en el que se construye. En definitiva, un espacio en el que socializamos y que nos socializa.

Algo que cobra especial relevancia en el ámbito escolar, donde los infantes y adolescentes pasan gran parte de su tiempo aprendiendo. Aprendizaje que abarca la integración tanto de materias y conocimientos como de valores y comportamientos, entre los que cabe destacar la gestión adecuada de los conflictos, debido al impacto que ello tiene en el forjado del carácter y asentamiento de la personalidad del menor. Cuestión, por otra parte, nada baladí si se tiene en cuenta que la violencia en el contexto escolar y en la adolescencia, además de ser potentes factores de riesgo en la delincuencia futura, pueden dejar consecuencias negativas en la salud y en la vida, tanto de sus protagonistas como de familiares y allegados.

Por todo lo anterior, organizaciones de la talla de la Organización Mundial de Salud, la Unesco o Unicef llevan décadas alertando de la necesidad de prevenir cualquier tipo de violencia en los entornos escolares y educativos, así como de incluir y atender a los espacios construidos como variable de intervención. Cuestión que ha sido reforzada con la promulgación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que reclaman "construir y adecuar instalaciones escolares… que ofrezcan entornos de aprendizaje seguros, no violentos, inclusivos y eficaces para todos" en aras de "garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad" como un derecho fundamental universal y una cultura de paz alejada y libre, en la medida de lo posible, de todo tipo de violencia.

En este mismo sentido, y en conexión con el quinto ODS, encaminado al logro de la igualdad de género, la evidencia sobre el estudio de los espacios construidos escolares, más concretamente de los patios escolares, advierte de que es primordial realizar intervenciones en dichos espacios con el objetivo de evitar la reproducción de los estereotipos de género. Estereotipos que favorecen y mantienen la desigualdad y que se encuentran en la base de cualquier tipo de violencia basada en el género, en el ámbito escolar y también en la adultez. 

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