Psicología postpandemia

El 85% de los españoles sigue sufriendo el impacto psicológico de la covid-19

Dos años después del inicio de la crisis del coronavirus, el 85% de los españoles sigue sufriendo el impacto psicológico del agotamiento y la fatiga pandémica, la misma proporción que en 2021, unos efectos que se intensifican en las mujeres (89%) y los jóvenes (94%). Preocupa especialmente el aumento de autolesiones en jóvenes

El 85% de los españoles sigue sufriendo el impacto psicológico de la covid-19
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Estos datos se recogen en una encuesta del Observatorio de Tendencias, impulsado por la distribuidora farmacéutica Cofares, que desde hace dos años realiza un seguimiento de los hábitos de la salud y la preocupación de la población tras el estallido del coronavirus. Este informe, difundido cuando se cumplen dos años del primer estado de alarma por el nuevo virus, se centra en los efectos de la covid-19 en la salud mental. Los resultados son similares a los de esta misma encuesta realizada hace un año.

Tristeza e irritabilidad

La tristeza alcanza al 85% de la población, el cansancio al 82,9% y la irritabilidad al 81,3%. Un 76,8% de los encuestados admite dificultades de concentración. El 66,4% no cree que el coronavirus se convierta en un virus endémico –como la gripe– hasta dentro de más de un año, lo que ahonda la sensación de agotamiento; el 33,6% opina que esto ocurrirá en verano o en los próximos meses.

Otras emociones, sensaciones y efectos han irrumpido en este segundo año de la pandemia con mayor fuerza, según este estudio, como la indefensión, que siente el 7%; la dificultad para dormir del 72,2% y la pérdida de apetito del 44,8%.

Autolesiones y suicidios tras la pandemia

Hay que destacar un hecho muy preocupante y es que los profesionales de diferentes organizaciones pediátricas, especializados en salud mental, piden un plan de prevención nacional para establecer una comunicación más fluida con las familias y actuar rápidamente ante casos de autolesiones o intentos de suicidio, ya que los últimos datos indican un incremento de autolesiones y suicidios en menores debido a la incertidumbre y al aislamiento social.

Para ello, la Asociación Española de Pediatría ha creado un Grupo de Trabajo multidisciplinar de Salud Mental en la Infancia integrado por profesionales pediátricos de la Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI), la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas (SEUP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP). Los pediatras han avisado del aumento de algunas secuelas psicológicas como el incremento de la ideación suicida (+244,1%), la ansiedad (+280,6%) y la baja autoestima (+212,3%) durante el confinamiento. Prueba de ello es que, durante 2020, la Fundación ANAR (Fundación de Atención de Niños y Adolescentes en Riesgo) atendió un 145% más de llamadas de menores con ideas de suicidio y un 180% más de autolesiones con respecto a los dos años previos. Castilla y León y Madrid fueron las regiones con más casos.

Asimismo, a lo largo de ese año se suicidaron en nuestro país 14 niños menores de 15 años (7 niños y 7 niñas), el doble que el año anterior. El confinamiento, la presión socioeconómica de las familias, el miedo por la pandemia y el duelo por seres queridos y el incremento de actividades sedentarias han sido factores determinantes en el aumento de las autolesiones e intentos de suicidio en menores.

Primera causa de muerte no natural entre jóvenes

Actualmente, el suicidio es la primera causa de muerte no natural en España en jóvenes, según datos del INE. Además, el Instituto de la Juventud (INJUVE) informa de tasas de prevalencia mundial de los trastornos emocionales entre un 6,5% para los trastornos de ansiedad y 2,6% para los trastornos depresivos en población infantojuvenil (entre 6 y 18 años).

El 94% de los jóvenes que pertenecen a la Generación Z reconocen que la covid-19 les ha afectado psicológicamente

En España, existen numerosas vías para pedir ayuda en caso de suicidio. Por un lado, el Teléfono de la Esperanza (717 00 37 17), atendido por una ONG. La Fundación ANAR, específica para niños y adolescentes, también atiende casos de autolesiones y suicidio en la infancia. Asimismo, el Gobierno aprobó en diciembre pasado la puesta en marcha del 024, un teléfono de atención al suicidio que estará disponible en mayo para todo el Estado. También redes sociales como Instagram, Tik Tok o Facebook poseen protocolos para proporcionar ayuda en caso de riesgo de suicidio con teléfonos específicos para cada país.

España rural y enfermedades mentales

Las aldeas y pueblos de la llamada España vaciada sufren una elevada incidencia de enfermedades mentales derivadas del envejecimiento y la despoblación, todo lo cual incrementa la incidencia del suicidio.

Así, dos especialistas coinciden en señalar que, en zonas rurales con dispersión de población, al aislamiento y al envejecimiento se suman el mal acceso a los servicios de salud y la alta incidencia de las enfermedades mentales. Y un estudio del Ministerio de Sanidad confirma el mayor consumo de psicofármacos en ese entorno.

Por otro lado, y según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) los municipios de 10.000 habitantes o menos, que reúnen al 20% de la población española, han padecido en los últimos 10 años una frecuencia de suicidios que está cinco puntos por encima de la que les correspondería por población. Es decir, han concentrado el 25% de los suicidios, cuando por población deberían registrar solo el 20%.

Aunque esta tendencia se viene reduciendo en los últimos años, los datos confirman que los municipios de mediano y pequeño tamaño sufren el suicidio más de lo que cabría esperar en razón de su porcentaje de población.

Los expertos consultados (y también las tasas de suicidio aportadas por el INE) apuntan a que muchos de estos municipios de mediano tamaño están ubicados en áreas de Asturias, Galicia o Andalucía que sufrieron vaciamiento de población como consecuencia de la emigración, y a ellos se suman pequeñas poblaciones del mundo rural de la llamada España vaciada, que incluye también provincias de Aragón o Castilla y León.

El resultado es una población envejecida y con mayor prevalencia de enfermedades mentales, tiene que ver con el aislamiento para las personas de mayor edad, que tienen difícil romper esa rueda de soledad a través de medios como internet, porque no son usuarios hábiles de las tecnologías digitales. Además, el estudio “Salud mental en datos”, publicado por el Ministerio de Sanidad en diciembre de 2020, señalaba que el consumo de antidepresivos, ansiolíticos o hipnóticos/sedantes es mayor cuanto menor es el tamaño del municipio. Este consumo se incrementa también con la edad y, según datos del padrón del INE, a medida que se reduce el tamaño del municipio crece el porcentaje de personas de entre 65 y más años, que es superior a la media a partir de los 5.000 habitantes y alcanza al 40% en las aldeas de menos de 100 personas.

Aunque la incidencia del suicidio es alta en varias franjas de edad, y no solo en las avanzadas (siempre según datos del INE), la OMS señala la existencia de trastornos psicológicos y el aislamiento, que es mayor en el medio rural, como factores de riesgo suicida.

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