TELÉFONO DEL SUICIDIO

300 gritos de auxilio al día y una (cruda) realidad: hasta 3 meses de espera para acudir a salud mental

300 llamadas diarias al 024, el teléfono del suicidio.

300 llamadas diarias al 024, el teléfono del suicidio. / EPE

  • "El duelo no tiene nada que ver con otros, es mucho más profundo, es devastador", dice Susi de León, presidenta de la Asociación Ubuntu de supervivientes por suicidio de un ser querido que perdió a su hermano y a su marido.

  • La ingente cantidad de llamadas al 024, el teléfono de prevención del suicidio puesto en marcha por el Gobierno, choca con un escenario autonómico donde la demora para conseguir cita en salud mental va de los 30 días de Extremadura a los 85 de Andalucía.

  • En Baleares o Madrid -donde pronto presentarán un plan específico de prevención-, las citas en caso de tentativa de suicidio son a los 3 o 7 días, respectivamente.

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300 gritos de auxilio al día. Es la media de llamadas que recibe el teléfono 024, la línea de Atención a la Conducta Suicida puesta en marcha por el Ministerio de Sanidad el 10 de mayo. Cifras aterradoras que se dan de bruces con una crudísima realidad: los largos tiempos de espera para entrar a la red de salud mental en muchas comunidades autónomas. EL PERIÓDICO DE ESPAÑA ha recabado datos de las consejerías de Sanidad sobre esas demoras: la media varía desde el mes de Extremadura hasta los 85 días de Andalucía. Hay comunidades que, ni siquiera, hacen públicas las cifras. Si se trata de tentativas de suicidio, la atención urgente se agiliza: 7 días para una cita en Madrid y 3, en Baleares. Pero esto no va de cifras. Va de sufrimiento extremo, de urgencia vital, de descolgar un teléfono porque el dolor te abrasa y pedir que salven tu vida y de que, después, no te dejen solo en el camino. Y va, también, de que el sistema atienda a las familias que viven algo así. "Es demoledor", resume Susi de León, tras sobrevivir al suicidio de un hermano y de su marido.

De León es presidenta de la Asociación Ubuntu, una entidad de supervivientes por suicidio de un ser querido, que se presentó en Cádiz en 2021. Su andadura comenzó antes de la pandemia, alentados por Daniel López psicólogo y presidente de la Asociación Papageno, que trabaja en la prevención y ofrece formación y consuelo a familiares de personas que se han quitado la vida (postvención). Susi es una superviviente, como se conoce a los familiares de personas que se han quitado la vida y que quedan seriamente marcadas. Los grupos de ayuda entre supervivientes son clave para ayudar en la recuperación.

Su hermano se suicidó en 1998, con 30 años, y su marido a los 50, en 2010. "He pasado dos veces por ese infierno", relata. Dos situaciones completamente diferentes, explica. Su hermano tenía una enfermedad mental desde los 14 años. Su marido, una vida equilibrada y dos hijos. "Una familia feliz", describe Susi. Pero los efectos secundarios de una medicación que tomaba -en el prospecto indicaba que provocaban depresión e intento de suicidio, detalla- desataron una tormenta de consecuencias inimaginables.

"Entre todos nos ayudamos a recuperar las ganas de vivir, porque el duelo por suicidio es muy particular, diferente a otros, devastador", dice Susi de León.

¿Cómo se sobrevive a algo así?. De León -autora del libro Amazona en la centella. Una bolsa para afrontar el duelo, en el que relata su experiencia- habla desde la distancia que marca un duelo ya resuelto. Por eso, ahora se vuelca en ayudar a quienes se enfrentan a la misma situación. "Para nosotros es sanador. Quiero hablar desde la esperanza. Entre todos nos ayudamos a recuperar las ganas de vivir, porque el duelo por suicidio es muy particular, diferente a otros, devastador", resume.

Todavía hoy las administraciones no reconocen a los supervivientes como un grupo vulnerable y, también, de alto riesgo.

Sin embargo, todavía hoy las administraciones no reconocen a los supervivientes como un grupo vulnerable. En Andalucía, explica Susi de León, no les han concedido una ayuda precisamente por ese motivo. "Cuando la propia OMS indica que se trabaje en la prevención del suicidio, pero también en los supervivientes, precisamente porque son un grupo de mucho riesgo. El duelo se alarga mucho en el tiempo. Hay mucha sensación de culpa, de sufrimiento", asegura.

Una asignatura pendiente

Nunca, como ahora, se ha hablado tanto de salud mental. Una prioridad en las políticas de salud pública, señalan los responsables políticos ante una realidad que ya no se puede negar. La pandemia no ha hecho sino empeorar las cosas y, entre los más vulnerables, están los más jóvenes. Las consultas para recibir atención en los servicios de salud mental han aumentado entre un 20 y un 30% en 2021.

Quienes llevan años batallando en este terreno, se quejan: "La falta de recursos de atención a salud mental es un déficit histórico. Esto afecta directamente a los problemas relacionados con la conducta suicida y provoca falta de accesibilidad a la atención adecuada que muchas personas necesitan", explica Daniel López. Habla de un tema no sólo "de carácter sanitario, sino social que necesita un abordaje más holístico, una respuesta contundente de toda la sociedad".

Las terribles cifras del 024 ponen sobre la mesa un problema que viene de muy de atrás y al que, hasta no hace tanto, apenas si se prestaba atención porque, entre otros motivos, era tabú. Con los últimos datos facilitados por Sanidad, la línea -en funcionamiento las 24 horas del día, los 7 días de la semana y todos los días del año y que es gratuita, accesible, inmediata y confidencial- ha recibido en los cuatro meses que lleva en marcha 34.000 llamadas, de las que 1.500 fueron derivadas a los servicios de emergencia 112, y ha identificado 585 suicidios en curso. Diariamente, recibe unas 300 llamadas.

Un recurso complementario

Los especialistas advierten: es insuficiente. Así lo manifiesta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, Gabriel Ródenas, vocal de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (ANPIR). "Valoramos la idea, pero no la forma en la que lo han puesto en marcha, ya que hay mucho desconocimiento entorno a él". Para esta asociación que el servicio haya sido otorgado a Cruz Roja -y no al propio Sistema Nacional de Salud- dificulta "mucho la coordinación cuando se derivan las llamadas a Urgencias y, de ahí, el paciente tiene que esperar a que se le de una cita con el especialista", señala.

Otra de las cuestiones que denuncia es que no conocen la formación de los profesionales que hay detrás de este servicio ni cuál es el perfil de quién realiza la llamada de auxilio. "No sabemos si los que llaman son los propios afectados, familiares, profesores o amigos", explica Ródenas. Algo que, asegura, es fundamental para poder actuar y ayudar a la víctima.

Manos sujetando psicofármacos 

/ Agencias

Desde el programa 'Hablemos del suicidio', su coordinador técnico, el psicólogo Luis Fernando López Martínez, incide en que es necesario que exista una estrategia global: "Los siete primeros días desde la tentativa es una franja de tiempo crucial, donde Atención Primaria juega un papel fundamental, pero el problema es la saturación del servicio y que no son especialistas en este campo", indica.

El tiempo medio que dedican los psicólogos en una consulta a un paciente con enfermedades 'comunes' (depresión o ansiedad) es de entre 5 y 7 minutos.

Además de la cantidad, es importante poner el foco en la calidad de la atención que reciben los pacientes. Para ello es fundamental el tiempo: "Es el recurso más valioso que tenemos y del que menos disponemos", apunta Ródenas. Con datos de ANPIR, el tiempo medio que dedican en una consulta a patologías como depresión o ansiedad es de entre 5 y 7 minutos. En enfermos con un diagnostico grave (esquizofrenia, bipolaridad…) oscila entre los 30 y 40 minutos. En ambos casos son "claramente insuficientes".

La difícil entrada al sistema

No todas las comunidades consultadas por este diario ofrecen datos de qué tiempo deben esperar los pacientes para entrar en la redes autonómicas de salud mental, pese a que anuncian a bombo y platillo sus planes autonómicos en este terreno. Cataluña, por ejemplo, explica que durante este año se ha puesto en marcha el proyecto de registro para realizar una recogida sistemática de la accesibilidad de los procesos de salud mental, una iniciativa que en estos momentos se encuentra todavía "en proceso de desarrollo".

Otras comunidades responden que en sus listas de espera -públicas y donde sí se recogen los días de demora para, por ejemplo, someterse a intervenciones quirúrgicas o acudir a especialistas ya sea cardiología, digestivo, neurología, oftalmología...- no se desglosa cuánto tiempo pasa desde que una persona solicita una cita hasta que consigue ver a un especialista en salud mental.

Baleares, pionera

Hay comunidades, como Baleares, que sí admiten, con transparencia, que el tiempo de demora para una primera consulta es alto. En su caso entre 60 y 90 días. Así lo reconoce a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Oriol Lafau, coordinador de Salud Mental autonómico que, sobre la mesa, pone un problema de enorme calado: la falta de psicólogos y psiquiatras en España, muy por debajo de la media europea. Algo que vienen denunciando las sociedades científicas desde hace ya mucho tiempo.

Entre las más reivindicativas, la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes. De acuerdo con los datos de titulados del Ministerio de Educación, en España hay un total de 6.900 especialistas en psicología clínica. De ellos, sólo 3.000 trabajan en la sanidad pública. Mejorar el acceso esta cifra debería duplicarse y alcanzar los 6.000, indica ANPIR. Un primer paso sería sacar cuanto antes 422 plazas PIR, abundan, que son 218 más que las actuales.

Equipos en los hospitales

"Nos las vemos y nos las deseamos para cubrir las plazas. La dificultad es que no existen profesionales", admite desde Baleares Oriol Lafau quien reconoce que, en función de las gerencias sanitarias, esa demora para una primera cita en su comunidad oscila entre los 60 y 90 días. Si se habla de prevención del suicidio, el coordinador autonómico asegura que el 024 ha sido una experiencia positiva. Pero, matiza, es necesario que se resuelva, sobre todo, la conexión con las comunidades autónomas, que a veces no engarza demasiado bien.

Porque, más allá de la primera atención telefónica, que, como se ha dicho, gestiona un equipo especializado de Cruz Roja, esa persona que ha descolgado el teléfono pidiendo socorro acaba siendo atendida por los servicios de emergencia de cada comunidad (061) y luego, queda en manos del sistema autonómico que, a tenor de las cifras, no puede asumir la ingente cantidad de malestar que existe entre los españoles.

En Baleares, si se produce una tentativa de suicidio en un plazo de menos de 72 horas, esa persona queda en manos de equipos especializados de los hospitales

En Baleares se precian de haber puesto en marcha equipos especializados que trabajan desde todos los hospitales de forma exclusiva en la atención al paciente de riesgo. Un total de 16 profesionales -psiquiatras, psicólogos y enfermeras- que se dividen en seis equipos de adultos y uno infanto-juvenil. Si se produce una tentativa, en un plazo de menos de 72 horas, esa persona queda en manos de estos equipos especializados que hacen un seguimiento continuo del paciente.

Además, existe otro equipo del 061 que, en ese margen de tiempo hasta que el paciente es atendido en el hospital, hace un seguimiento telefónico para saber si está bien. El despliegue ya ha dado sus frutos. Desde hace cuatro años, la tasa de suicidio consumado ha bajado más de un 10% en esta comunidad.

Atención en tres niveles

La Comunidad de Madrid, según los últimos datos publicados por el INE, continúa siendo la región de España con la tasa de suicidio más baja, apuntan a este diario desde la Consejería de Sanidad. Es la única región, dentro del Sistema Nacional de Salud, que cuenta con profesionales específicos para la asistencia en los tres niveles asistenciales: Atención Primaria, Emergencia Extrahospitalaria (SUMMA112) y en atención hospitalaria (con ingreso del paciente o de manera ambulatoria), destacan.

En caso de tentativa de suicidio, en la comunidad se ofrece una cita en menos de una semana tras la urgencia hospitalaria por este motivo. El seguimiento de los casos, subrayan, es posible gracias a la puesta en marcha del Plan de Salud Mental y Adicciones 2022-2024 que incorpora 370 nuevos especialistas a la red de la región y está dotado de una inversión de 45 millones de euros. De los 370 nuevos especialistas, 259 ya están incorporándose este mismo año. 

El seguimiento de los casos es posible gracias a la puesta en marcha del Plan de Salud Mental y Adicciones 2022-2024

/ Agencias

Madrid -que en breve presentará un plan específico de prevención del suicidio- también están incorporando la atención domiciliaria para niños y adolescentes a través de unidades atendidas por facultativo y enfermera siguiendo el modelo de éxito de la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica Domiciliaria del Niño Jesús.

Aspectos sociales

"El teléfono 024 ha sido un recurso demandado históricamente por el movimiento asociativo. La demanda se justificaba por una necesidad de contar con este tipo de servicios para facilitar dicha accesibilidad a recursos de atención adecuada, pero este tipo de recurso no viene a sustituir los tratamientos, sino a complementarlos. Ha sido bien recibido y se muestra como un instrumento eficaz, pero es sólo un pequeño paso para cubrir las necesidades que el problema demanda", explica el presidente de la Asociación Papageno, Daniel López.

Porque más allá de las políticas sanitarias, continúa este especialista, el sistema sigue "siendo deficitario en profesionales debidamente formados y adolece de una perspectiva reduccionista que describe el suicidio como un problema de salud pública y sanitario, olvidando los aspectos más sociales y culturales. Es decir, una visión más comunitaria de su tratamiento que escapa a lo meramente asistencial".

"No es suficiente con recetar un antidepresivo, el tratamiento va mucho más allá y es fundamental el seguimiento", incide el psicólogo López Martínez.

Los expertos también subrayan que ha subido el consumo de psicofármacos. En 2021 los españoles consumieron casi 50 millones de unidades de antidepresivos, lo que supone un aumento de alrededor del 8% con respecto a 2020. Un consumo abusivo. "No es suficiente con recetar un antidepresivo, el tratamiento va mucho más allá y es fundamental el seguimiento", incide el psicólogo Luis Fernando López Martínez.

"Cuanto todo el sistema ha fracasado y quedan unos familiares destrozados" llegan las pequeñas asociaciones con sus grupos de ayuda para sanar a los supervivientes.

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Otro de los cambios que han notado en consulta es que ha bajado la edad de las personas con trastornos de salud mental. Según López Martínez una de las principales razones estaría relacionada con las redes sociales, "han creado una identidad virtual muy deteriorada y disonante con la realidad y esto genera muchos problemas en los más jóvenes". Haría falta, concluye, que los profesionales tuvieran una formación específica en salud mental infanto-juvenil

Desde la Asociación Ubuntu, Susi de León clama por más recursos. El papel de las pequeñas entidades como la que ella preside es el de acudir al rescate de las familias cuando ya no hay remedio: "Cuanto todo el sistema ha fracasado y quedan unos familiares destrozados por no haberlo podido evitar. Hay que hacer un esfuerzo enorme por recuperar las ganas de vivir".

Teléfonos de ayuda

Si necesitas ayuda puedes contactar con el Teléfono del suicidio: 024; el Teléfono de la Esperanza: 682 90 05 00; Teléfono ANAR de Ayuda a niños, niñas y adolescentes en riesgo: 900 20 20 10; Chat ANAR: chat.ANAR.org; Teléfono ANAR de la Familia y los Centros Escolares: 600 50 51 52; Teléfono de grupos de ayuda de la Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención del Suicidio (Papageno) 633 169 129