MEDICAMENTOS

España lidera el consumo mundial de benzodiacepinas

La mitad de las mujeres de más de 65 años ha retirado al menos un envase de antidepresivos, ansiolíticos o sedantes

"Tienen seis minutos para un paciente que llega llorando, que no pega ojo… ¿Qué va a hacer el médico?"

Consumo de ansiolíticos en España, el mas elevado de Europa.

Consumo de ansiolíticos en España, el mas elevado de Europa. / Elisenda Pons

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De cada 15 personas que han habitado el mundo alguna vez, una está viva ahora mismo. En la ciudad de Barcelona, la esperanza de vida al nacer a principios del siglo pasado era de 31 años. Ahora es de casi 80. Se han encontrado curas para dolencias y cronificado enfermedades que antes eran causa de muerte. Pero cómo mejorar la calidad de vida de quienes sobreviven es el reto al que se enfrenta un sistema sanitario que ha sucumbido demasiado a menudo a paliar penas y dolores a base de medicamentos.

España ha vuelto a ser en 2020 líder mundial en consumo legal de benzodiacepinas, un grupo de medicamentos que engloba a los ansiolíticos, hipnóticos y sedantes como el diazepam o el lorazepam, hermanos ‘pequeños’ de los opioides, pero también con riesgo adictivo. Se consumieron casi 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes, según los datos de 95 países del mundo que la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes ha remitido a El Periódico. Le siguen Bélgica, con 84 dosis diarias, o Portugal, con 80, pero quedan muy lejos otros vecinos europeos como Alemania, solo con 0,04 dosis diarias.

Ni está dentro de lo esperado, ni es algo recomendable”, asegura Antonio Cano, catedrático de Psicología y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). Pese a que no se recomiendan para trastornos de ansiedad o insomnio, casi dos de cada diez personas ha retirado al menos un envase en 2018, último año disponible en la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria.

La guía de buenas prácticas de Socidrogalcohol culpa también al “doctor Google”, al que acuden para automedicarse las “personas a las que les cuesta enfrentarse a los problemas cotidianos, que no quieren sufrir y que recurren a la química para descansar, quitarse la ansiedad o para dormir”. El doctor en psicología social David Pere hizo un trabajo de campo para una investigación en Barcelona en 2012, uno de los peores años de la crisis económica, y repite lo que le dijo uno de los médicos de un centro de salud: “Nosotros estamos en la primera línea y son el único arma que tenemos”. “Tienen seis minutos para un paciente que llega llorando, que no pega ojo… ¿Qué va a hacer el médico?”, se lamenta Pere. “Mientras haya pobres… No tenemos otros mecanismos para aplacar los malestares existenciales. Las benzodiacepinas son una herramienta, tal vez no es la mejor, pero ahora es la única que hay”.

Es cierto que la pandemia ha aumentado los problemas de salud mental en todo el mundo. Lo constató un estudio publicado en The Lancet, con 53 millones más de casos de depresión severa y 76 millones más de episodios de ansiedad en 2020. Pero solo en España se dan datos tan altos de consumo. Entre las causas que destacaba la OCDE están la medicalización de problemas cotidianos, la crisis socioeconómica, visitas demasiado breves a Atención Primaria, el bajo coste de las benzodiacepinas y “la escasa oferta, casi anecdótica, de tratamiento psicológico en la sanidad pública”

Cuando una persona tiene un “evento vital estresante” es lógico que tenga problemas para dormir, como explica Cano. “Los somníferos ayudan, pero el problema de base sigue estando ahí”. El proyecto Psicología en Atención Primaria (PsicAP), que dirige Cano, ha demostrado que, frente a la medicación, dar información y enseñar a manejar los problemas de la vida y las emociones es “tres o cuatro veces más eficaz”, explica. Son solo 7 sesiones en grupos de 8 o 10 personas. “La inversión es muy baja, y es mucho más eficaz, reduce costes”. La clave no es ningún secreto: contratar más psicólogos. 

Mayores y pastillas

En el caso de las personas mayores de 65 años, los datos de consumo de benzodiacepinas y antidepresivos aumentan considerablemente. Y también lo hacen problemas añadidos como el riesgo de caídas. Casi la mitad de las personas mayores que ha sufrido fractura de cadera y/o pelvis consume benzodiacepinas. “Las personas mayores es más fácil que crean en las pastillas antes que en el aprendizaje”, indica Cano.

“Desde un punto de vista sociocultural, si no hubiésemos tenido las benzodiacepinas no sé qué habría sido de este país. En la mayoría de los casos el malestar acaba cuando puedes pagar la hipoteca y esos son mecanismos que nuestro estado de bienestar no contempla, así que se continuarán usando”, remarca Pere.

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