URGENCIAS

No es un consejo médico, pero podría salvar la vida de miles de ahogados en el mundo

Conviene tener en cuenta una seria advertencia de la OMS: los ahogamientos son la tercera causa de muerte traumática (no intencional) de la humanidad. Al menos el 7% de las muertes debidas a traumatismos y accidentes.

No es un consejo médico, pero podría salvar la vida de miles de ahogados en el mundo
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Eduardo Costas | Catedrático de la UCM y Académico de Farmacia

Tras una semana de intenso calor en prácticamente toda España, bañarse es la mejor idea. Las playas se llenan. La gente se adentra en el agua disfrutando del baño.

Sin embargo, conviene tener en cuenta una seria advertencia de la OMS: los ahogamientos son la tercera causa de muerte traumática (no intencional) de la humanidad. 

Suponen al menos el 7% de todas las muertes debidas a traumatismos y accidentes.

Datos oficiales de ahogamientos, infraestimados

Las cifras oficiales indican que cada año mueren unas 250.000 personas ahogadas en todo el mundo

Pero la OMS está segura de que los datos de ahogamientos están infraestimados al menos en un 50%. Es algo hecho adrede. 

Muchos países que a menudo son destino turístico de playa y sol llevan una contabilidad extremadamente laxa de sus ahogados. A fin de cuentas, a nadie le gusta dar datos que puedan afectar a un negocio tan próspero.

Así es el perfil del ahogado en España

En nuestro país la gente se ahoga mayoritariamente en las playas de la Comunidad Valenciana, Cataluña, Andalucía, Galicia y Canarias.

Además, ahogarse en España es una cuestión de sexos. 

  • Aquí se ahogan 4 veces más hombres que mujeres. 

  • Y se ahogan sobre todo hombres mayores de 45 años, justo cuando sus fuerzas y resistencia ya no son lo que eran, pero aún piensan que son excelentes nadadores.

La mayoría de los ahogamientos son culpa de la resaca

La explicación de tanto ahogamiento está en que la mayor parte de la gente que se ahoga en una playa lo hace por culpa de un fenómeno oceanográfico bien conocido por los científicos (aunque no por los bañistas): las corrientes de retorno, también llamadas corrientes de resaca.

El relato de un típico caso de ahogamiento por corrientes de retorno podría ser el siguiente: 

Llegan olas a la playa rompiendo en la franja litoral. En ese momento suele haber bandera amarilla pidiendo precaución.

Pero apetece bañarse y ya se sabe que a los vigilantes siempre les gusta exagerar. 

Además, a nosotros no va a pasarnos nada. Nadamos bien y somos fuertes. No somos novatos. Tenemos experiencia de muchos años nadando en la playa. Y nos hemos bañado a menudo con peor mar.

Nos sentimos confiados. 

Además solo hace falta fijarse un poco para darse cuenta de que hay zonas en la playa donde apenas rompen las olas. Parecen canales como de unos 20 metros de anchura. Las olas rompen a uno y otro lado, pero en estos canales el mar está más calmado.

No lo dudamos y enseguida nos metemos en uno de esos canales.

Damos unas cuantas brazadas hacia fuera y comprobamos que avanzamos rápido. Sin duda estamos en buena forma. 

Pero antes de cansarnos damos la vuelta y nadamos hacia la playa. 

Después de un rato nadando vemos con cierta preocupación que todavía estamos bastante lejos de la orilla. No queda más remedio que esforzarse. Y aumentamos el ritmo nadando rápido hacia la orilla. 

Cuando empezamos a estar cansados intentamos hacer pie en el fondo. No lo conseguimos. La orilla debería estar ahí mismo. Pero aún está muy hondo. 

Entonces echamos una ojeada a tierra y comprobamos con horror que todavía estamos más lejos de la orilla que hace un rato, cuando empezamos a nadar con fuerza. 

Por un momento nos entra la tentación de gritar pidiendo ayuda. Pero lo descartamos enseguida. En ningún caso vamos a pasar la vergüenza de que tengan que ayudarnos los socorristas. Va a ser cuestión de esforzarse al máximo.

Sin darnos cuenta tenemos entre manos casi todos boletos para la tragedia. 

Nadamos con todas nuestras fuerzas, pero empezamos a perder sincronía.

De repente tragamos agua. Cada vez nos va peor. Estamos agotados. Necesitamos respirar con más frecuencia, pero a menudo nos entra agua tanto por la boca como por la nariz.

Llegados a ese punto lo más probable es que nos ahoguemos si nadie nos rescata. Y justo cuando más lo necesitamos es difícil que alguien nos vea.

Así son y así se crean las corrientes de retorno o de resaca

Sin duda las corrientes de retorno constituyen un complejo problema oceanográfico resultado de múltiples interacciones entre una serie de características cinéticas de las olas y el perfil topográfico del fondo de las playas, complicado a menudo por el efecto de las corrientes de marea y el transporte de agua por el viento.

Pero no hay que ser un oceanógrafo profesional para comprender lo esencial del asunto y poder evitar el grave peligro que representan estas corrientes de retorno. 

En todo caso se trata de unos conocimientos elementales que nos pueden salvar la vida.

Explicado de una manera muy simplificada, las corrientes de retorno son corrientes superficiales de agua, a menudo bastante rápidas (de 3 a 7 nudos), que retroceden desde la orilla adentrándose en el mar. 

No son muy anchas (a menudo de 10 a 30 metros).

Se producen cuando las olas llegan desde altamar rompiendo bruscamente en la playa. 

La energía cinética de esas olas se disipa en espuma, turbulencia, calor, etc., pero en su mayor parte se transforma en energía potencial. 

Todos hemos comprobado como cuando una ola grande llega a la orilla, sube a lo largo de la playa ganando energía potencial. Pero luego vuelve a bajar.

Toda esa agua traída por las olas tiene que retornar al mar. 

Pero la topografía de las playas no es uniforme. Y hay zonas por donde al agua le resulta más fácil volver hacia altamar. 

En esos lugares el agua se adentra en el mar formando una especie de canal a través de las olas con una corriente dirigida hacia fuera de la orilla.

Contra la resaca (corriente de retorno) es imposible nadar

El problema está en que la velocidad de estas las corrientes de retorno es significativamente mayor de lo que nosotros podemos nadar. 

Hay que tener en cuenta que los seres humanos avanzamos muy despacio nadando (incluidos los campeones olímpicos).

  • Además la intensidad de estas corrientes de retorno es mayor cuanto más altas son las olas que rompen.

  • Y también determinados perfiles topográficos de las playas hacen que estas corrientes sean más veloces.

  • Incluso pueden verse incrementadas por las corrientes de marea.

  • Y por lo general son más rápidas cerca de la bajamar.

En todo caso, si caemos en una corriente de retorno no podremos volver a tierra nadando contra la corriente.

¿La corriente de retorno se puede detectar con la vista?

Lo primero es la prudencia. 

Ante una bandera amarilla uno debe pensar si le compensa el riesgo de bañarse nadando hasta donde no hace pie, o si es mejor conformarse con un simple baño mucho más cerca de la orilla.

A fin de cuentas es la propia vida lo que está en juego.

Por eso, si decidimos nadar debemos evitar por todos los medios caer en una corriente de retorno. 

Y sí, es posible evitarlas. Porque a menudo estas corrientes de retorno son claramente visibles. 

En general es más fácil verlas si nos alejamos un poco y subimos a la parte más alta de la playa. 

Tienen el aspecto de un río cuya corriente fluye alejándose de la costa. 

En ellas el color del agua es ligeramente diferente. A veces incluso podemos ver como la corriente transporta arena o algas hacia alta mar.

Donde hay resaca las olas rompen menos, y nos engaña

Pero la característica más peligrosa de una corriente de retorno es que en ellas las olas rompen mucho menos. Y ahí está lo malo. 

Erróneamente solemos elegir bañarnos en esas zonas porque hay menos olas. Y esa es la manera de acabar cayendo en un corriente de retorno. 

Es preferible bañarse donde las olas rompen. Y si rompen demasiado para nosotros, mejor no bañarse.

Aun así, dependiendo entre otras cosas de su intensidad y del tipo de sedimento de la playa, podemos no verlas y caer en una de ellas. 

¿Qué hacer si nos atrapa la corriente de retorno?

Las corrientes de retorno no te van a arrastrar muy lejos mar adentro. De hecho, pierden fuerza gradualmente y su efecto desaparece a poca distancia de la costa (unos cientos de metros).

El verdadero peligro está en la forma en que reaccionamos cuando nos sentimos atrapados por una corriente de retorno. 

La mayoría de la gente intenta nadar directamente hacia la orilla. Pero por bien que nade, la corriente va un poco más rápido y no conseguirá avanzar. 

Cada vez nadará más rápido y como no logra avanzar, pronto entrará en pánico.

Sin embargo, puede estar a tan solo 10 o 20 metros de la salvación. 

Lo único que tiene que hacer es nadar perpendicular a la corriente de retorno para atravesarla cuanto antes. 

Esto se logra nadando en paralelo a la playa y no dirigiéndose directamente hacia ella.

Una vez nos hayamos alejado lo suficiente de la corriente ya podemos poner rumbo a la playa.

Los consejos de los más expertos rescatistas

Todo lo que tenemos que hacer para intentar no sucumbir a una corriente de resaca se puede resumir en 3 recomendaciones avaladas por los rescatistas más expertos:

  1. Nunca luche contra una corriente de retorno. Ni siquiera el más veloz nadador olímpico podría vencerla.

  2. Nade paralelamente a la línea de la costa. Sentirá que se aleja cada vez más de la costa, pero llegará un momento (más pronto que tarde) en que habrá atravesado la corriente de retorno, dejará de alejarse de la orilla y podrá volver a ella.

  3. Si no logra salir de la corriente manténgase a flote gastando la mínima energía posible. Grite pidiendo auxilio y agite los brazos para llamar la atención de la gente.

Por último, vale la pena hacer un juego de palabras con el nombre inglés para las corrientes de retorno: “RIP current”. Que este verano una corriente de retorno no te haga “requiescat in pace”.

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