TURISMO EN CANTABRIA

La ermita de Cantabria incrustada en una cueva de un acantilado que ha sobrevivido siglos azotada por el mar

Levantada en el siglo XVI en una cueva frente al Cantábrico a la altura de Ubiarco, Santa Justa ha tenido que ser arreglada en varias ocasiones ya que los días de temporal sufre daños

Vista de la ermita de Santa Justa, en Ubiarco, Cantabria.

Vista de la ermita de Santa Justa, en Ubiarco, Cantabria. / ALBA VIGARAY

Roberto Bécares

Roberto Bécares

Reme, jubilada madrileña, se para de vez en cuando y apoya su mano izquierda en el vallado de madera. El camino de tierra que serpentea la costa hacia la ermita de Santa Justa tiene rampitas de esas rompepiernas que si, además, te coincide con un día de solanera como hoy, te hace aumentar las pulsaciones en un periquete. "Es muy bonita, y el camino es precioso, la verdad", contaba después, recuperado el resuello, mientras se apoyaba en un pretil de piedras desde donde su marido, Roberto, se hinchaba a sacar fotos del mar golpeando las cercanas rocas. 

"Hemos venido unos días aquí al pueblo de al lado, Ubiarco, con una Smartbox que nos han regalado nuestros hijos, y nos habían hablado de la ermita y hemos venido. Es una preciosidad, pero, fíjate, mira que hemos estado veces de vacaciones muy cerca, en Santillana del Mar, por lo menos cinco veces, y nos sabíamos que existía", explica la mujer mientras desliza otra vez la mirada hacia la iglesia con gesto de admiración. "La verdad es que no te puedes morir sin verla, de lo bonita que es".

Construida en el siglo XVI en una cueva natural en un acantilado -se cree que hubo otra construcción anterior del siglo XII-, la ermita dedicada a Santa Justa se intuye ya a lo lejos cuando uno cruza las verdes praderías y baja camino de la playa, encajonada entre abruptas montañas. Parece como si la iglesia siempre hubiera estado ahí, incrustada en la cueva como un apéndice más de una montaña coronada además por los restos de la Torre de San Telmo, una antigua torre vigía del siglo XIV. 

Vista del interior de la ermita de Santa Justa, en Ubiarco, Cantabria.

Vista del interior de la ermita de Santa Justa, en Ubiarco, Cantabria. / Alba Vigaray

Playa

Son las cinco de la tarde, y Dan, francés de unos 55 años, sube desde la playa camino de su furgoneta tras darse un chapuzón en la misma playa, también llamada Santa Justa, un salvaje y recóndito espacio de tierra con el agua cristalina: "Es una playa muy tranquila, y con la ermita ahí es precioso". Javier y Yolanda, de Valladolid, han dado con ella de casualidad y también se han sorprendido. "Nos estamos recorriendo todas las playas de la zona, y esta es muy distinta con la ermita ahí metida. Qué curioso", se sorprendían. 

Desde lejos, antes de tomar la senda, se intuyen ya las humedades de la pared lateral del inmueble, la que da directamente al Cantábrico, y en el tejado hay varias tejas rotas, peajes que la ermita paga por tener esa ubicación privilegiada junto al mar. "Al tener una bóveda natural hay desprendimientos, y las piedras caen sobre las rocas, es inevitable", cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Rufino Antón, presidente de la Junta vecinal de Ubiarco, la pequeña pedanía de unos 200 habitantes dependiente de Santillana del Mar a la que pertenece la iglesia. 

El sendero que lleva a la ermita de Santa Justa, levantada en una cueva de un acantilado, fue reformada en 2022 para facilitar el acceso.

El sendero que lleva a la ermita de Santa Justa, levantada en una cueva de un acantilado, fue reformada en 2022 para facilitar el acceso. / ALBA VIGARAY

Todas las semanas, al menos un día, como alcalde pedáneo que es, Rufino se acerca a la ermita "a ver cómo está y a hacer limpieza". Si en ese momento hay algún turista por allí, tendrá suerte y podrá pasar dentro de la húmeda y oscura estancia que mantiene un coro, una pila bautismal y la zona del altar presidida por un crucifijo. "Es un orgullo tener esta ermita", confiesa el alcalde de la pedanía, que tiene además la iglesia de San Juan y la ermita de San Roque, ya en el término urbano.  

Temporales

La edificación de piedra ha sobrevivido al paso de los siglos y a múltiples temporales, que en algunos casos le han ocasionado graves desperfectos. En 2014 un fuerte oleaje dañó parte del coro, que se hundió, y tuvo que estar cerrada cuatro años. La Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria invirtió 52.000 euros en la rehabilitación.  

"Es que el mar llega a la cimentación de la ermita todos los días y humedece las paredes y cuando la mar está brava llega hasta la zona de la puerta", cuenta Rufino, jubilado también, que asume con orgullo su implicación de "mantenerla lo mejor posible". 

La ermita, donde se celebra misa el lunes de Pentecostes y el 19 de Julio por Santa Justa y Santa Rufina, patronas de Sevilla, recibe cada año más visitantes, sobre todo después de que el Gobierno de Cantabria mejorara la senda litoral que da acceso a la misma.

Detalle de la senda que atraviesa las faldas del acantilado hasta llegar a la ermita.

Detalle de la senda que atraviesa las faldas del acantilado hasta llegar a la ermita. / ALBA VIGARAY

Nueva senda

En 2022 se hicieron trabajos de mejora en el trazado de tierra de unos 260 metros de longitud que discurre a media ladera desde el puente sobre el arroyo Rabió hasta la parroquia, que fue declarada como Bien de Interés Local con categoría de inmueble.

"Cada vez vienen más turistas, sí", admite el alcalde, que señala que el pueblo "es una zona de bastantes posadas, y además en los últimos días hemos visto muchas autocaravanas que se acercan a verla, gente que viene de ruta". Al igual que los turistas aumentan, los que bajan -ya quedan pocos- son los peregrinos que durante siglos acudían a la ermita, que formaba parte del Camino del Norte porque -se decía- albergaba las reliquias de las dos mártires que le dan nombre.