NATURALEZA

La clave de que Cabárceno sea donde más elefantes nacen en cautividad del mundo: machos y hembras viven separados

El parque de naturaleza de Cantabria es líder en nacimientos de paquidermos en cautividad: 24 desde 1993

El jefe de veterinarios explica que la clave ha sido "conformar un grupo" que vive en armonía como en África

Un grupo de elefantes africanos, en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria.

Un grupo de elefantes africanos, en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria. / ALBA VIGARAY

Roberto Bécares

Roberto Bécares

Hay algo de mágico cuando uno baja en las cabinas del teleférico del Parque de la Naturaleza de Cabárceno y sobrevuela la zona de los elefantes africanos, 25 hectáreas de césped verde fluorescente, donde comparten espacio con un amplio grupo de antílopes cobos lichi, al modo que ocurre en la sábana africana, donde ambas especies son compañeras de vida. Los elefantes macho comen hierba en las zonas que bordean la instalación, mientras las hembras y los más jóvenes se mueven con parsimonia por el espacio central, donde hay una piscina natural que recibe agua constantemente de un riachuelo.

En verdad todo es mágico en Cabárceno desde que uno entra y afronta con el coche las empinadas cuestas que atraviesan por viricuetos aparentemente imposibles montañas y penachos de tierra de color ocre que por momentos recuerdan a Jurassic Park. Y de repente, uno se encuentra con búfalos de agua, cebras gebri, leones, hipopótamos pigmeo... todos ellos viviendo en estado de semilibertad. “Es algo irrepetible. Plantearse en pleno siglo XXI un zoológico de 750 hectáreas es muy difícil, con el dinero que costaría...”, revela Santiago Borragán, jefe de los servicios veterinarios, que lleva en el parque tanto como ‘Penny’.

Santigo Borragan, jefe veterinario del parque de Cabárceno, y Elena Palacio, directora del Parque, frente a la instalación de los elefantes.

Santigo Borragan, jefe veterinario del parque de Cabárceno, y Elena Palacio, directora del Parque, frente a la instalación de los elefantes. / ALBA VIGARAY

Familia más numerosa

'Penny' es la jefa. Nacida en África, fue una de los cuatro elefantes que se trajeron desde Inglaterra pocos años después de que abriera el parque, allá por 1989. “Desde entonces hemos tenido 24 crías viables”, revela Santiago, artífice junto al equipo de veterinarios y cuidadores de un hecho único: Cabárceno es el lugar del mundo donde más elefantes han nacido en cautividad y también ostenta el récord de contar con la familia más numerosa de ejemplares de esta especie fuera de África. En la actualidad son 19.   

“Es un orgullo, la verdad, es que marca la diferencia con respecto a otras instituciones”, asegura Santiago sobre una instalación, situada en la entrada este, que tiene elefantes incluso de tercera generación. Cristina, por ejemplo, una de las hembras adultas, nació aquí y ha tenido un hijo aquí. 

Bienestar animal

Pero, ¿cuál es la clave de un hecho tan extraordinario? “Es que cuando un animal se encuentra a gusto se comporta con naturalidad y se reproduce. Este entorno para ellos es muy saludable, reúne las condiciones perfectas para el bienestar animal”, explica el jefe de veterinarios durante una visita a la instalación de los elefantes junto a la directora del parque, Elena Palacio Ortega. "Sin duda, [los elefantes] son el punto de máxima atención por lo que Santiago, y sus cuidados y conocimientos han hecho posible que ocurra. Porque el entorno hace, pero también el cuidado de las personas, por parte de los servicios veterinarios y los que realizan el manejo y cuidado de los elefantes", apunta la directora.

Una cabina de teleférico pasa por encima de dos elefantes en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno.

Una cabina de teleférico pasa por encima de dos elefantes en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. / ALBA VIGARAY

Para que los elefantes hayan visto Cabárceno como el lugar perfecto donde procrear se han unido una serie de factores, como la cimatología, la comida y la propia disposición de su hábitat, que ha permitido que se haya “conformado un grupo”. Y es que los elefantes, según explica Santiago, son animales sociales que viven en grupo, pero tienen una particularidad, y es que “es una sociedad de matriarcado sin machos”.

Es decir, la familia pivota en torno a la elefanta mayor, en este caso Penny, y los tres machos adultos que hay en el parque viven alrededor de su círculo. “Las hembras no se encuentran con el macho si no quieren. La convivencia de machos y hembras no es posible, se producen problemas, peleas, y ese nivel de estrés provoca que no se reproduzcan. Aquí tienen más espacio y se sienten más a gusto. Posibilitamos que se forme esa sociedad de machos por un lado y hembras por otro. Eso pasa aquí y pasa en África también”, cuenta el jefe de los veterinarios, que recuerda que el macho elefante “es enormemente peligroso; la mayoría de muertes que se producen en zoológicos son provocadas por machos. Los zoológicos que no tienen grandes instalaciones no pueden tener machos”. 

Dos jirafas en el parque de la Naturaleza de Cabárceno.

Dos jirafas en el parque de la Naturaleza de Cabárceno. / ALBA VIGARAY

Biberón para elefantes

El cuidado de los elefantes en Cabárceno es un espejo en el que muchos otros parques de naturaleza del mundo quieren reflejarse. Por ejemplo, este es el único sitio del planeta “donde se crían elefantes a biberón” y se usan métodos indirectos para conocer el estado reproductivo de las hembras, utilizando análisis de muestras de heces y orina gracias a la colaboración del Deutsches Primatenzentrum y la Universidad de Gottingen (Alemania). “A través de esos métodos sabemos si la hembra está gestante, si es fértil, cuándo va a parir...”. 

Uno de los 19 elefantes africanos que viven en la actualidad en el Parque de Cabárceno.

Uno de los 19 elefantes africanos que viven en la actualidad en el Parque de Cabárceno. / ALBA VIGARAY

El logro alcanzado por Cabárceno cobra más relevancia si cabe ya que por ley es imposible traer elefantes de África en la actualidad, pues en muchas zonas la especie está el peligro de extinción y “en otras lo va a estar en breve”, entre otras cosas por la presión del hombre y porque sigue estando muy extendido, sobre todo en países asiáticos, el furtivismo. Aquí, sin embargo, con estas condiciones, a escasos kilómetros del mar, la población puede seguir aumentando.

Piscina natural

Es mediodía, las nubes encapotan el cielo y una suave temperatura acaricia el parque, mientras varios elefantes se bañan en la piscina natural de seis millones de litros. Una bandada de picabueyes, esos pájaros blancos que desparasitan animales en África y que se han asentado en gran número en el parque, vuelan por la instalación, que cuenta con una enorme casa de madera donde los paquidermos duermen y acuden a beber agua. Parecen ser animales de costumbres. A las 8.30 se les abre la puerta para que salgan al exterior y, ahora en verano, sobre las ocho, ellos mismos son los que piden la hora para ir a dormir.

Su dieta es herbívora, y sobre todo, cuenta el jefe de los veterinarios, les gusta la hierba dura, “no la de primavera, más tierna”, y también tienen predilección por las “ramas, hojas, y cortezas del árbol”. De eso aquí, con 4.000 árboles, que hay que podar y algunos de los cuales tira el viento, no les falta. La labor de las diez personas que están permanentemente con los elefantes es de cuidado, pero desde la distancia, ya que es obligatorio siempre que en cualquier atención haya una barrera física entre el animal y el veterinario. “No interaccionamos con los elefantes nada”.

Perspectiva de la instalación de los elefantes africanos en Cabárceno, con la piscina natural al fondo.

Perspectiva de la instalación de los elefantes africanos en Cabárceno, con la piscina natural al fondo. / ALBA VIGARAY

Hábitat natural

Lo cierto es que los animales -hay 120 especies distintas en Cabárceno- han asumido las verdes praderas y lomas del parque como propias, se adaptan y se confían, como si estuvieran en su hábitat natural, y pese a la presencia del hombre. El año pasado casi 700.000 personas visitaron el parque, pero esos datos no impidieron que en plena Semana Santa, cuando más público había, una hembra de eland (un antílope africano que convive con las jirafas) diera a luz. “Fue delante de todos los visitantes. Son emociones que solo se producen aquí”, detalla Elena, la directora, que lo atribuye a la “grandiosidad de los espacios” y el “elevado nivel de bienestar” que disfrutan los animales gracias al cuidado del personal, que hace una labor “magnífica” en todos sus ámbitos. “Es algo de lo que estamos orgullosos como cántabros y como trabajadores del parque”.

Hay veces que el hombre en Cabárceno, y esa es otra de las cosas que lo hace tan excepcional, se convierte en mero testigo del avance natural de la vida. Como ocurrió hace unos años con unos búfalos asiáticos que vivían en un recinto por encima de los elefantes. Un día bajaron adonde los elefantes, les capturaron y les volvieron a subir. Volvieron a bajar. “Hablé con el director de entonces y le dije que no podíamos estar con ese sube baja”, recuerda Santiago. Y allí se quedaron, porque era donde los animales se sentían a gusto. Y eso en Cabárceno es ley, porque es la esencia de un parque único, irrepetible.   

Un ejemplar de oso pardo, en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno.

Un ejemplar de oso pardo, en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. / ALBA VIGARAY