REDES SOCIALES

Cuando los padres convierten a sus hijos en 'influencers' para hacer dinero: "Todo lo que sea forzar y presionar es maltrato"

Además de ingresos, lo que genera esta actividad es "ansiedad, depresión, presión por cumplir las expectativas" que los cuidadores ponen sobre los niños, explica la psicóloga infantil y creadora de contenido Carmen Romero

Niños 'influencers'.

Niños 'influencers'. / Nacho García

Ana Ayuso

Ana Ayuso

Kimmy y Sammy Diore, hijos pequeña y mayor de Mélaine Claux y Bruno Diore, son los protagonistas del canal de YouTube Happy Break y de su posterior cuenta asociada de Instagram. Ambos alegran los días de cinco millones de suscriptores con sus visitas a parques de atracciones y con sus unboxing, una tendencia basada en desempaquetar regalos que los influencers reciben de las marcas. Los pequeños Diore generan unos ingresos anuales superiores al millón de euros y, con sus vidas televisadas a través de Youtube, han permitido a sus padres alcanzar el bienestar económico y comprarse una buena casa. Todo parece feliz hasta que un día, mientras jugaban en el patio de la comunidad de vecinos en la que viven, alguien secuestra a Kimmy Diore porque vio en las historias de Instagram de su madre dónde estaba la niña en ese momento.

Esta historia forma parte de la ficción que publicó la autora francesa Delphine de Vigan en 2022, Los reyes de la casa. El libro abrió un debate que permanece todavía: ¿pueden los padres aprovecharse de lo adorables que son sus hijos para ganar dinero compartiendo contenido de sus vidas en redes sociales? ¿Cuánto para los progenitores la vida de sus niños influencers?

"La prioridad es el tema económico. Si un padre tiene una cuenta que reporta un sueldo, lo que prima es comer. Puede ocurrir que se produzca un secuestro, pero es algo más inusual, pero lo que sí que genera esta actividad es ansiedad, depresión, presión por cumplir expectativas, con el riesgo de que, en unos años, las cuentas caigan en picado", explica la psicóloga infantil y creadora de contenido Carmen Romero. 

Niños 'influencers' en España

El modelo de los pequeños influencers en España se fundamenta en "niños que son más famosos que sus padres, es decir, que los que son más famosos son sus hijos", apunta Ferran Lalueza, profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), a diferencia de lo que ocurre con grandes figuras a nivel internacional, como Leo y Vittoria, hijos de los italianos Chiara Ferragni y Fedez, o Stormi, de Kylie Jenner y Travis Scott, cuyos padres ya eran muy conocidos antes de siquiera pensar en concebirlos. El modelo de famoso que se aprovecha de sus hijos para hacer más atractivo su contenido aquí en España no es tan habitual, no les dan excesiva visibilidad, sino que se cuidan de exponerlos en las redes sociales. 

El de los padres españoles que muestran el desarrollo de la infancia de sus hijos en Instagram se convierte, según Ferran Lalueza, en "un uso instrumentalista" del menor, porque cuando aparece un niño en un post "normalmente hace más gracia y genera más simpatía". "Es algo muy llamativo y que muchas celebrities acaban utilizando a su favor, pero con cierta contención, a diferencia de lo que ocurre en otros países. Las figuras que están más expuestas son aquellas en las que el protagonista es el niño y sus padres van a remolque, aprovechando las circunstancias porque, lógicamente, son una fuente de ingresos para nada despreciable", refleja. 

Estos niños quedan a merced de lo que los padres quieran hacer con ellos para generar dinero. "Aunque los niños no sepan [lo que pasa], notan cuándo los padres esperan algo de ellos. Los padres graban, pero también borra, nos visten, los ponen, les dicen que hagan esto o lo otro, van con muchísima instrucción. Durante los primeros años, puede ser que sea algo más natural y que para los padres sea más difícil de controlar, pero los niños lo perciben y se esfuerzan para cubrir expectativas. Sin embargo, a partir de los tres años, los niños saben cómo tienen que ponerse, cómo cumplir con los padres y, sin duda, condiciona su día a día para mostrar una cara determinada de la vida del niño", dice Carmen Romero.

Mantener a un niño durante mucho tiempo ante la cámara puede generar daños irreversibles en su comportamiento y en su relación con los padres. Esta psicóloga infantil incide en que "hay un momento en la vida, sobre todo en la adolescencia pero también en la edad adulta, en el que la mayoría de los individuos se plantean aspectos de la relación con sus padres. Los niños tienen todo el derecho a la queja y se deben respetar los tiempos de un niño influencer. Todo lo que sea forzar y presionar es maltrato". 

Explotación infantil no regulada

Y esa presión resulta similar a la que recibe un trabajador. A pesar de que a nivel mundial existe un convenio de la Organización Internacional del Trabajo contra la explotación infantil, que es el único que ha sido firmado de forma unánime por todos los países, y que deberían cumplir los países miembros de la OIT para "evitar que ningún niño o niña trabaje, porque son personas que no tienen capacidad para poder decidir y porque lo que deben de hacer es formarse a nivel de integridad física, personal y académica", en estos casos no ocurre y quien falta a esa premisa es "su custodia, que debe procurar que esto se cumpla", dice Mònica Ricou, profesora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC.

En el ordenamiento jurídico español, hasta el momento, "no se ha regulado nada específico" en relación al trabajo de los menores en redes sociales. Carmen Romero observa un "paralelismo" con los niños prodigio del cine de hace años, "con los que había mucha presión". Mònica Ricou añade que, a nivel legal, la falta de normativa en España le recuerda al periodo anterior a que entrase en vigor la Ley Orgánica 1/2004, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, debido a que "hubo un tiempo en el que se consideraba que era un asunto privado y que no se podía regular", hasta que se hizo.

Los perjuicios a los que se enfrentan los menores cuando se les expone en redes sociales no son pocos: "Nunca se sabe quién va a hacer una captura de pantalla, dónde irá si se usa la IA, con la vulneración de derecho al honor y a la intimidad que conlleva, no se sabe si cuando tenga 30 años le va a gustar que los padres le hayan expuesto tanto, desde la ecografía hasta que se obtiene un beneficio económico", asegura la profesora de la UOC. 

La regulación con la que España cuenta al respecto se limita a los artículos "aplicables a los menores en la Constitución española; el estatuto de los trabajadores, que indica específicamente que no pueden trabajar los menores de 16 años, para nadie, ni por cuenta ajena ni por cuenta propia; el estatuto del trabajo del autónomo, que se refiere a que no pueden trabajar ni siquiera para sus familiares". "Con esto ya tendríamos suficiente, pero ¿quién denuncia todo esto si los que los están exponiendo a los menores son sus propios padres, si los que les hacen trabajar son ellos?", pregunta Ricou, porque "el niño no tiene capacidad para decir si quiere o no quiere". 

Control desde las plataformas

"El Defensor del Pueblo es el que debería posicionarse", lanza, similar a lo que ya ocurrió en el caso de Belén Esteban, la excolaboradora de Sálvame y una de las figuras clave de Ni que fuéramos. El entonces Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, remitió una carta dirigida a la Fiscalía de Menores en la que pedía que actuase de oficio para defender los derechos de Andrea Ubrique, la hija de la estrella televisiva. En el caso de los pequeños influencers, dice la profesora de la UOC, "no solamente se incumplen sus derechos, sino que encima lo hacen sus propios padres, que son las personas que deberían protegerlos".

Mònica Ricou aboga por impulsar "campañas de difusión para concienciar de los peligro que existe" en redes sociales cuando un niño aparece en una publicación, así como permitir que los ciudadanos puedan "denunciar" ante una autoridad en la plataforma "si los padres están abusando, con cierres de las cuentas". "Hay una edad establecida para tener un perfil en las redes sociales, pero otra cosa es que se cumpla", recalca Ferran Lalueza, que propone que exista más "control" en las plataformas para que sus normas de la comunidad no queden en "papel mojado". 

"Los influencers son los nuevos ídolos de los más pequeños", recuerda el profesor de la Universitat Oberta de Catalunya. Así lo demuestra una encuesta para Harris Poll/LEGO de 2019, que refleja que los niños prefieren antes ser youtubers (29% de los encuestados) que astronautas (11%). "La diferencia con el pasado es que, cuando antes quería emular a un futbolista, por ejemplo, se dedicaba a jugar al fútbol y quizás sí que podía tener sueños de algún día jugar en el Real Madrid y ser una estrella del deporte. Pero, mientras eso no llegaba, se dedicaba a hacer una actividad física y a adquirir valores como la disciplina o trabajar en equipo, que son buenos para el niño". Ya no.