HISTORIA

La floristería más antigua (y bonita) de Madrid fue un cementerio y fue bombardeada en la Guerra Civil

El Ángel del Jardín, en la céntrica calle Huertas, fue fundada en 1889 y está mágicamente enraizada en el universo literario

La parcela donde se asienta fue un camposanto donde estuvo enterrado Lope de Vega y alberga el olivo más viejo de todo Madrid traído de Jaén hace casi un siglo

Vista de la entrada de la floristería El Ángel del Jardín, en la calle Huertas, la floristería más antigua de Madrid.

Vista de la entrada de la floristería El Ángel del Jardín, en la calle Huertas, la floristería más antigua de Madrid. / ALBA VIGARAY

Roberto Bécares

Roberto Bécares

Entrar a la floristería El Ángel del Jardín, en el número 2 de la calle Huertas, es como deshojar un libro de la historia de Madrid. Fundada en el año 1889, fue durante siglos el cementerio de la Iglesia de San Sebastián, que se alza imponente en la parcela colindante. En esta pequeña finca estuvieron enterrados personajes tan ilustres como Lope de Vega o Ventura Rodríguez.

Tras ordenar a finales del siglo XVIII el emperador José Bonaparte que se exhumaran los cuerpos de los cementerios del casco urbano y se trasladaran fuera de la ciudad para evitar enfermedades, el solar se arrendó a Luis Martín, que llevaba años regentando una floristería que replicó aquí, enfrente de la Plaza del Ángel.

Hasta hace pocos años el espacio, una amplia casita con jardín, nunca ha cerrado sus puertas y eso que en plena Guerra Civil la misma bomba que destruyó la Iglesia, que tuvo que ser reconstruida, afectó a uno de los muros de la tienda. “En la parte afectada la familia Martín colocó una fuente que trajo de Jaén”, recuerda Mercedes Rodríguez, florista de quinta generación que ha alquilado el espacio desde un poco antes de la pandemia.

Vista del interior de la floristería El Ángel del Jardín, donde hay una fuente traída desde Jaén a finales de los años 30.

Vista del interior de la floristería El Ángel del Jardín, donde hay una fuente traída desde Jaén a finales de los años 30. / ALBA VIGARAY

Modernización

Tras no renovarse el contrato de alquiler con el anterior arrendatario por parte de la Iglesia, Mercedes cogió las riendas. Dice que apenas tuvo que reformarlo porque estaba muy bien cuidado, solo hubo que ponerlo a punto. “No estaba mal, lo que pasa es que necesitaba modernizarse, como todos los edificios que tienen ya su tiempo”. Del establecimiento pretérrito se mantienen la bellas columnas de hierro, el artesonado de madera y el olivo de la entrada, el más antiguo de Madrid, traído también de Jaén en la misma época que la fuente. 

“La verdad es que es un sitio maravilloso. La gran diferencia que he encontrado con otras floristerías es el público, el entorno, que todo el mundo que entra te dice que ‘qué bonito lo tenéis’, ‘qué maravilloso’, ‘qué encanto de sitio’, relata Mercedes.

La floristería, donde hay un total de cuatro personas trabajando, alberga un jardín pequeño pero coqueto, donde no falta varias sillas y una mesa para echar la tarde, o leer el periódico. “Viene gente a leer sí”, cuenta Mercedes. Hay un espacio para plantas que necesitan luz, otro para flores secas y preservadas y una zona de terrario, además de la zona de refrigerador.

Detalle de la floristería, situada en la calle Huertas.

Detalle de la floristería, situada en la calle Huertas. / ALBA VIGARAY

Rosas y claveles

A la tienda, que vende sobre todo rosas, claveles y peonías, y también mucha planta alta para interior, no le falta de nada. Incluso tiene sus propias postales, dibujadas por el artista madrileño Carlos Gallego. “Él también tiene su colección de postales botánicas”.

Además, en el espacio se promociona una novela de Vanessa Monfort que está “ambientada” en la tienda ['Mujeres que compran flores']. “Viene mucha gente que ha leído el libro a ver el sitio, y nosotros tenemos el cuaderno de Olivia, que es la dueña en la ficción de la floristería; la gente le deja a Vanessa las dedicatorias. Ella nos dice que se ha convertido en lectora de sus lectores”.

Vista de la pequeña casita acristalada que alberga la floristería.

Vista de la pequeña casita acristalada que alberga la floristería. / ALBA VIGARAY

En octubre, se hace una representación teatralizada debajo del olivo, que queda “iluminado solo con velas, porque se dice que José Cadalso, cuando se murió su amante, María Ibañez, una actriz a la que llamaban 'La divina', sobornó al enterrador para desenterrar a su novia darle el último beso”. Una maravillosa leyenda para un espacio muy literario, donde es habitual ver clientes que compran una rosa blanca para ponérsela a la estatua de Federico García Lorca que está en la cercana Plaza de Santa Ana. 

La floristería está colindando la Iglesia de San Sebastián de Madrid, en el barrio de Las Letras.

La floristería está colindando la Iglesia de San Sebastián de Madrid, en el barrio de Las Letras. / ALBA VIGARAY

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