GOBIERNO DE COALICIÓN

El PSOE se niega a ceder banderas a Sumar en plena pugna por el voto útil en las europeas

Los de Yolanda Díaz acudieron a la reunión de la coalición con una batería de medidas pero no lograron arrancar ningún compromiso concreto a los socialistas

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, tras la investidura del candidato socialista.

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, tras la investidura del candidato socialista. / EFE

La relación entre los socios del Gobierno de coalición, PSOE y Sumar, en lo que va de legislatura está marcada de puertas hacia fuera por el entendimiento y una coexistencia con tensiones controladas. En comparación con los choques que afloraron desde el primer momento en la coalición entre socialistas y morados de la pasada legislatura, ahora los desencuentros públicos son la excepción. Las disputas son más soterradas y aparentemente menos enconadas, pero el socio minoritario está teniendo mayores dificultades para capitalizar medidas sociales.

La parte socialista se resiste a entregar banderas que puedan enarbolar desde Sumar. Muestra de ello es el resultado de la primera reunión de la comisión de seguimiento del acuerdo de coalición. La delegación del espacio que lidera Yolanda Díaz puso una retahíla de medidas sobre la mesa y no logró arrancar ningún compromiso concreto a los socialistas. Estas propuestas versaban sobre dos patas: la regeneración democrática, para reformar la elección del CGPJ y derogar la ley mordaza; y las sociales, que contemplan entre otras cosas la reducción de la jornada laboral -ya incluida en el acuerdo de Gobierno-, la petición de una prestación universal por crianza de 200 euros o la regulación del alquiler turístico.

"Llegamos a la reunión con una agenda", explicaban en la dirección de Sumar este jueves. Pero el desenlace del encuentro, que se alargó durante dos horas, no cumplió las expectativas. A la salida, ninguno de los dirigentes implicados quiso hacer declaraciones y se limitaron a emitir un comunicado conjunto, pactado entre ambas partes. No hubo, en definitiva, ningún anuncio de calado tras una reunión que Yolanda Díaz venía reclamando desde hace tres meses y en la que tenía puestas sus esperanzas para mover a los socialistas.

SIN MEDALLA ELECTORAL

Pese a su insistencia para aterrizar las propuestas, en el PSOE evitaron pactar medidas con el sello de Sumar para no ceder protagonismo a sus socios y no regalarles una medalla electoral a tres semanas de las elecciones europeas. Tampoco hubo compromisos futuros para avanzar en estas medidas. Sí se comprometieron a dar a los encuentros un carácter periódico, tal como reclamaba Díaz, para fijar reuniones de la comisión de la coalición cada dos meses. Sin embargo, los precedentes no garantizan que este punto vaya a cumplirse: ya en el acuerdo de Gobierno de coalición se contemplaba que la comisión debía reunirse por primera vez en los "30 días posteriores" a la formación del Ejecutivo, pero la cita ha tardado finalmente seis meses en llegar, desde que el pasado noviembre los ministros tomaran posesión de su cargo.

La máxima concesión de la parte socialista fue la de compartir son sus socios el plan sobre regeneración democrática que se propuso impulsar Pedro Sánchez tras los cinco días de abril en los que reflexionó sobre su continuidad al frente del Gobierno. Para ello, Sumar y PSOE acordaron crear un grupo de trabajo específico con miembros de ambas organizaciones, aunque sin fijar calendario ni concretar objetivos. Esta concesión llega además después de que Yolanda Díaz haya dado pasos en este sentido, registrando en solitario una proposición de ley para derogar la ley mordaza y amagando con presentar también una iniciativa para reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial y cambiar el sistema de elección de la cúpula judicial. Unas medidas encaminadas a presionar a Sánchez que han tenido de momento un discreto resultado. Será después de las elecciones europeas, apuntan fuentes socialistas, cuando saquen adelante algunas medidas sobre regeneración democrática, que en todo caso llevarán el sello PSOE.

En el encuentro, el PSOE sí logró escenificar la pacificación en el Gobierno tras semanas de fuertes tensiones, y en el comunicado Sumar se avino a certificar la "buena salud" de la coalición, pese a que Díaz lleva semanas tratando de endurecer posiciones para diferenciarse de los socialistas. Incluso en uno de los asuntos que más choques ha generado entre los socios, como es la causa palestina, hubo un aparente entendimiento: "Ambas formaciones han coincidido en la necesidad de reconocer lo antes posible el Estado palestino por parte de España y impulsar las medidas necesarias para el fin de la barbarie cometida en Gaza", rezaba el escrito lanzado. Una coincidencia que por una parte desactiva la ofensiva personalísima que había emprendido la vicepresidenta segunda en este asunto y que por otra parte no incluye la consideración de "genocidio" que defienden en Sumar.

VOTO ÚTIL

La negativa del PSOE a regalar espacio a sus socios coincide con su estrategia del “voto útil” en las elecciones generales. Esto es, a aglutinar el voto progresista para intentar acercarse el máximo posible a sus resultados en las elecciones generales y acortar distancias con el PP. Los populares conciben estos comicios como un suerte de segunda vuelta y en Ferraz han asumido este enfoque plebiscitario de los comicios donde se somete a examen su estrategia de pactos de investidura. Una hoja de ruta que consideran “validada” en las elecciones catalanas, atribuyendo a medidas como la ley de amnistía que se haya roto la mayoría independentista con una holgada victoria del PSC. Ahora, el objetivo es neutralizar la ventaja de los populares y para ello buscan arañar votos en el espacio a su izquierda. 

La candidatura encabezada por la vicepresidenta tercera, Teresa Ribera, hace énfasis en la agenda verde y social, disputándose así el electorado de Sumar. En Ferraz consideran que la fragmentación del voto a la izquierda está desmovilizando a un votante que ahora pretenden reactivar con su papeleta. Conseguir que el trasvase de votantes de Sumar a EH Bildu en las vascas o a BNG en las gallegas opte ahora por el PSOE en unas elecciones con un componente más en clave nacional. De ahí que de cara a las europeas se hayan marcado como reto “cristalizar” a este electorado y “aglutinar” voto progresista.

El PSOE quiere conjugar la “buena salud de la coalición”, como trasladaron en un comunicado conjunto con Sumar tras el encuentro de este jueves, con un arrastre electoral de la mayor parte posible del campo progresista. Las elecciones europeas medirán la legitimación en las urnas de la hoja de ruta de Pedro Sánchez marcada por sus pactos de investidura con los independentistas y el objetivo pasa por neutralizar el discurso de la oposición. Contener en la medida de lo posible un golpe en unos comicios donde se suele castigar a las fuerzas en el Gobierno. 

De conseguirlo, retomando el pulso, ya habrá tiempo para los acuerdos y el reparto de banderas con sus socios de coalición o parlamentarios. No antes, como quedó patente en la reunión de este jueves que los socialistas venían retrasando desde hace tres meses. En Moncloa reconocen que un ejecutivo en minoría conlleva renuncias para llegar a acuerdos al tiempo que insisten en consumar la legislatura. De hecho, el acuerdo más reseñable de esta primera reunión de la comisión de seguimiento es precisamente que los socialistas se comprometen a celebrarla cada dos meses. Una periodicidad que, de cumplirse, favorecerá a Sumar para marcar más la agenda del Gobierno. Eso sí, ya con el horizonte electoral despejado y a la espera de estabilizar la legislatura con unos primeros Presupuestos que siguen en el aire.