CARA A CARA EN EL SENADO

Sánchez y Feijóo se mofan el uno del otro y eclipsan sus propios proyectos de Estado

El presidente del Gobierno y el líder del PP entran en un descarado cuerpo a cuerpo y provocan con ello que se diluya el debate político y quede en un segundo plano el anuncio de la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI)

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece en un pleno del Senado, a 31 de enero de 2023, en Madrid (España). 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece en un pleno del Senado, a 31 de enero de 2023, en Madrid (España).  / Carlos Luján / Europa Press

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Cómo son los debates entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo en el Senado que han llegado a discutir este martes sobre la gestión de Correos. El presidente del Gobierno ha afeado la gestión que hizo el líder del PP cuando fue su responsable, a principios de siglo; el mandatario popular ha criticado la gestión actual. Es lo que pasa cuando los dos principales dirigentes políticos del país conducen sus disputas dialécticas a una competición que consiste, en esencia, en a ver quién vapulea más fuerte al adversario. Pues eso: que vale hasta hablar de Correos.

Hace una semana, en el Congreso, Sánchez fue también a explicar las medidas de su Gobierno para resistir y doblegar los efectos de la guerra de Ucrania. Seis "paquetes" de ayudas han avalado las Cortes Generales, el último justo ese mismo martes. De ello está más que orgulloso. Ahora bien, ese día, en la Cámara Baja, su contrincante al frente del PP fue Cuca Gamarra, la número dos, cosa que no motiva al presidente del Gobierno. No hizo ningún anuncio de calado. Fue una sesión plana, "aburrida por momentos", como dijo un día después el portavoz del PNV, Aitor Esteban.

Pero el adversario este martes, una semana después en el Senado, ha sido el número uno del PP, Alberto Núñez Feijóo, alguien con opciones serias de gobernar, según la demoscopia electoral. La calidad del duelo (tercero en este formato en cinco meses; sexto, si se incluyen las sesiones de control) se eleva, nada envalentona tanto al presidente del Gobierno. Urge cambiar la estrategia.

Para empezar, el líder del PSOE ha anunciado el incremento hasta los 1.080 euros al mes, en 14 pagas, del Salario Mínimo Interprofesional. La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha sido la primera en levantarse para aplaudir la novedad. Un anuncio así, en plena polémica por la eventual reforma de la ley del 'sólo sí es sí´, es de primero de comunicación política.

Por continuar con la estrategia de Pedro Sánchez: es importante que el tono sea más rotundo, tanto en la propuesta y en la defensa de la gestión como en el ataque al modelo que propugna al PP. Si encaja el sarcasmo, cuando no la mofa, mejor que mejor. Todo esto lo ha practicado el presidente del Gobierno.

Contra las injusticias

Lo ha practicado a pesar de haber firmado un primer discurso muy sólido, ideológicamente hablando. Durante una hora, ha desgranado la gestión hecha y ha avanzado los pilares de su gestión futura, si gana las elecciones, que es algo de lo que está convencido. No sólo ha repetido que la movilización de 45.000 millones de euros para hacer frente a la crisis provocada por la guerra de Ucrania es un escudo social de primera magnitud; no sólo ha subrayado que la intervención del mercado energético o las medidas fiscales para sobreponerse a la "espiral inflacionista" están dando resultado. No sólo, en definitiva, ha hecho un balance triunfalista. "Ni autocomplacencia ni catastrofismo", ha proclamado.

Pedro Sánchez, principalmente, ha mostrado su modelo de Estado, socialdemócrata a todas luces. España tiene un problema de poder adquisitivo y hay que abordarlo. Lo hará con medidas como la subida del SMI. Medidas de este calado tienen una base ideológica. "Parte de la responsabilidad (de que los españoles cobren poco) la tiene la política, pero también las empresas, que pagan bonus a sus directivos y ganan beneficios, pero no suben los salarios. ¿Es justo? Si una empresa gana 600 millones en un año, ¿por qué van a unos pocos? ¿Por qué no a los dependientes? ¿Tendrán también parte del mérito empresarial, no? Yo creo que sí".

La reindustrialización gracias a la inyección de los fondos europeos y la defensa del Estado de Bienestar son columnas vertebrales de la gestión de Sánchez. Ha dado un dato: en España, 11 millones de ciudadanos tienen seguro médico privado. El presidente cree evidente "la tendencia a la privatización" de servicios sanitarios, educativos o de atención a personas mayores. "Hay un plan para socavar el Estado de Bienestar diseñado por las élites económicas y ejecutado por élites políticas", ha denunciado. No la ha mencionado, pero no se escapa que estaba pensando en la Comunidad de Madrid.

Sánchez ha denigrado las promesas sobre bajadas de impuestos, muy habituales en el PP. Propuestas así ocultan un deterioro de lo público. El mandatario socialista lo impedirá, si se lo permiten las urnas. Ya ha demostrado que es capaz de conseguirlo porque durante la pandemia, por ejemplo, puso "todo el Estado" en manos de los ciudadanos mediante PERTES, por ejemplo, y ayudas a familias y empresas.

"Es hora de que el bienestar de la mayoría social esté en el centro del debate público", ha zanjado el jefe del Ejecutivo. Ha abogado por "combatir las injusticias del sistema" y ha explicado que una misión así no responde a "planes ocultos", como denuncia la derecha.

Agenda de Estado para 2023

Sánchez ha dicho que tiene "un plan", sí, un plan para que España sea un país en el que "las grandes fortunas pagan lo que les corresponde".

Y el líder del PP tiene tres prioridades de Estado. Si el mandatario socialista ha hecho una primera intervención de sólidas bases ideológicas, no se ha quedado atrás el máximo representante del PP. Es verdad que antes de pormenorizar sus tres propuestas para un Estado robusto, al menos a lo largo de este año, ha desmontado lo que, con sarcasmo, ha denominado "los tres mitos del 'sanchismo'", que son el "respeto a la palabra dada", es decir, que no cumple nada de lo que promete; la gestión escrupulosa, que en realidad, a su juicio, se alimenta de datos manipulados; y el "enorme prestigio internacional", que para Feijóo ni es enorme ni es prestigio ni es internacional.

Pero al enumerar las tres prioridades ha mostrado su lado más 'estadista'. Una: el PP apoyará al PSOE para reformar cuanto antes la ley del 'sólo sí es sí'. Dos: los populares respaldarán a los socialistas si firman "un pacto de rentas". Y tres: el partido estará a favor de lo que haga el Gobierno respecto a Ucrania siempre y cuando informe a la oposición y acuda al Congreso a dar los detalles.

La bronca que todo lo mancha

Una hora ha empleado Pedro Sánchez para realzar un modelo de gestión; una visión de Estado. Treinta minutos ha empleado Feijóo para dar lustre a su visión de Estado. A partir de aquí, el barro. La bronca. El sarcasmo. La mofa, incluso. Porque el líder del PP no ha evitado este recurso.

El presidente ha afeado al gallego que haya dicho que el suyo es un "Gobierno mediocre". Pues venga, fuera "la caspa" y a por un Gobierno de primer nivel, ha afirmado con 'rintintín'. Se ha dirigido directamente a Nadia Calviño para decirle que en su lugar estará Rodrigo Rato. Se ha dirigido directamente a Yolanda Díaz para decirle que en su lugar estará Eduardo Zaplana. Y se ha dirigido a Teresa Ribera para decirle que le sustituirá Jaume Matas. Tres vicepresidentas fuera, y en sus lugares, tres excargos con casos de corrupción detrás.

Fue el comienzo de una ristra de descalificaciones con un punto extra de ironía, o sea, de mofa, que la Real Academia define como "burla y escarnio que se hace de alguien o de algo con palabras, acciones o señales exteriores".

Burla cuando Sánchez ha ridiculizado a Feijóo por fallar en las previsiones económicas en las que se prodiga. Burla cuando ha denostado su gestión al frente de la Xunta de Galicia, en donde recortó en sanidad y en educación. Burla cuando ha tildado de "pura palabrería" ese plan institucional que Feijóo firmó "solo" en Cádiz, la semana pasada. "Para eso, podría haberlo hecho en Madrid", ha apuntado.

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Feijóo no ha dado un paso atrás. Ha eludido la respuesta a lo de los excargos del PP, ahí no ha querido entrar, ha dicho. "A usted le interesa, pero a la democracia no", ha apostillado. A su entender, ha sido tan evidente el cerco a su tarea como líder de los populares que "podría haberse presentado como candidato en Galicia". Le ha reprochado que le dé "lecciones de covid" cuando la gallega es la comunidad con la mortalidad más baja. Y ha denigrado que entienda "la política como un juego de poder en el que se puede mentir y manipular y se puede pactar lo que sea con quien sea con tal de seguir en el poder". Se ha reivindicado al final. "Yo no soy así. Yo no he venido a embarrar. Siga gobernando en su realidad".

Luego Sánchez ha tirado de comodines. Que si los pactos con Vox, que si Castilla y León, que si el apocalipsis y que si, por supuesto, el bloqueo del Consejo General del Poder Judicial. Todo para terminar así: "Con su salida de Galicia, han ganado los gallegos, pero han perdido todos los españoles".