CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

Pedro Sánchez pide comparecer: manual de cómo ir a las Cortes y salir siempre ganando

  • El presidente del Gobierno, sin inventar nada, ha logrado perfeccionar la técnica de las comparecencias a petición propia en las Cortes Generales

  • La elección del momento, el uso de la obligación de comparecer tras los consejos europeos y la combinación de distintos asuntos para poner el marco del debate y controlar los tiempos son los patrones

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el presidente francés, Emmanuel Macron, conversan a su llegada a la Cumbre Hispanofrancesa que se celebró en Barcelona

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el presidente francés, Emmanuel Macron, conversan a su llegada a la Cumbre Hispanofrancesa que se celebró en Barcelona / EFE/Andreu Dalmau

8
Se lee en minutos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, difícilmente olvidará la fecha del 18 de marzo de 2020. 

Ese día compareció en un hemiciclo semivacío para informar sobre la aplicación del estado de alarma, el marco jurídico que le permitió medidas que seguro, cuando fue investido dos meses antes, jamás pensaría que tendría que aplicar. Es hasta la fecha el único presidente que nos ha dicho cuando tenemos que salir a la calle a pasear. Es el único presidente, claro, que ha tenido que lidiar con una pandemia letal. Fue una comparecencia complejísima, como fueron las seis que vinieron después sobre las prórrogas.

El presidente sufrió, y no sólo por el goteo insoportable de fallecimientos. Sufrió porque no pudo construir un relato político, cómo hacerlo en una realidad tan dura. Imposible. Tenía que adaptarse al marco provocado por la tesitura sanitaria.

Sánchez asumió riesgos en la terrible primavera de 2020. Nada obliga a que sea la máxima autoridad del Gobierno quien vaya a las Cortes a pedir los alargamientos del estado de alarma. Pudo haber ido el ministro de Sanidad, entonces Salvador Illa. Pero no. El líder socialista decidió que debía ir él porque entendió que en un contexto tan incierto hace falta un “comandante en jefe”. Los símiles con Estados Unidos gustaban mucho en Moncloa en aquella época.

Ese convencimiento se le fue marchitando, sin embargo. Sánchez llegó a las puertas del verano con el traje de presidente hecho jirones. Lógico tras tanta exposición. A un desgaste así no podía arriesgarse más. Cuando estalló la guerra de Ucrania, tenía la lección muy bien aprendida, aunque no siempre ha podido aplicarla, como luego se contará.

Esas siete comparecencias de marzo a junio, una cada dos semanas, efectivamente se salieron de la norma que el presidente practica cuando solicita al Congreso que le deje informar sobre algo. Esa norma es el dominio de los tiempos: la elección de un ‘momentum’ muy concreto que le permita dibujar nítidamente el marco dentro del cual delimitar la discusión política.

Esto es lo que va a hacer el martes próximo en el Congreso y el día 31 en el Senado. Comparecerá en ambas Cámaras a petición propia para explicar las medidas sociales que está adoptando contra la crisis económica, marcada principalmente por la inflación, que está desbocada. La peculiaridad que diferencia estas peticiones de otras hechas antes es que las dos se producirán en un periodo parlamentario que se llama “extraordinario”, pues se sale de los topes temporales que define la Constitución. De febrero a junio y de septiembre a diciembre son los periodos ordinarios, la rutina, para que se entienda.

Moncloa pudo haber esperado una semana más en el Congreso y una semana más en el Senado, y así entrar en el periodo ordinario. Pero no le interesa. Para comenzar un nuevo curso parlamentario, nada mejor que mostrar donde se va a jugar el partido, y más en ciclo electoral. Conviene recalcar que nada impide al presidente ir a los hemiciclos de las Cortes durante los meses “extraordinarios”. 

Como afirma un diputado veterano, en las peticiones de comparecencia de Sánchez reluce casi siempre una intención político-electoral. No ha inventado nada, cabe aclarar, pero gracias a la elección del momento de la comparecencia y a la mezcla de asuntos que la sustancian logra sacar gran lustre a sus propósitos: dominio del tiempo, dominio de la escena y dominio de la comunicación. Nada puede salir mal.

Seis días, tres meses

A finales de febrero del año pasado, Rusia invadió Ucrania y se plantó en la frontera oriental europea otra gran amenaza tras la pandemia: una guerra, ni más ni menos. El presidente pidió comparecer en el Congreso y el 2 de marzo, apenas una semana después del inicio de las hostilidades, fue al hemiciclo. No era un día propicio para la bronca, que las armas resonaban no tan lejos, pero para Sánchez la realidad es que la sesión fue un paseo. El PP estaba sin líder después de la desaparición de Pablo Casado.

El ejemplo de más relumbrón para ilustrar cómo el presidente busca el manejo de los tiempos y el control del debate político, de manera que él brille y los demás no (o el PP no), se produjo el 13 de octubre de 2022. El presidente compareció ese día para “dar cuenta de la reunión del Consejo Europeo del 7 de octubre y para informar sobre las medidas económicas adoptadas por el Gobierno para dar respuesta a la crisis provocada por la guerra de Ucrania”.

Dos matices desvelaron que había cierta “trampa”. La cumbre europea del 7 de octubre, que se celebró en Praga, fue de carácter informal. Los primeros ministros y jefes de Estado analizaron la situación energética de la Unión y prepararon la cumbre formal de unos días más tarde. 

Si se tiene en cuenta que la ley de la Comisión Mixta para la UE, que es la que obliga a esas comparecencias posteriores a las cumbres, aboca al Ejecutivo a informar sobre los acuerdos de los consejos ordinarios y extraordinarios, no necesariamente los “informales”, y que la norma no precisa que tenga que ser el presidente dentro de una latencia específica, las prisas de Sánchez por hablar sobre aquella reunión de Praga resultaron extrañas. La explicación, sin embargo, estaba en el mismo escrito de petición del Gobierno: las medidas económicas y sociales del Gobierno. He aquí la prioridad del líder del PSOE.

Así que Sánchez, el 13 de octubre pasado, fue al Congreso y anunció nuevas medidas de refuerzo del llamado “escudo social” y una movilización de 3.000 millones para ampliar descuentos en los consumos de gas y luz. La oposición quedó a su merced. El presidente puso el marco político y obligó a los demás grupos, sobre todo al PP, a bailar su música.

La pretensión política, más que institucional, es aún más llamativa si se repara que en la motivación del Gobierno para sustanciar la comparecencia del martes que viene uno de los argumentos es “informar sobre el Consejo Europeo celebrado los días 20 y 21 de octubre”. La comparecencia parlamentaria al respecto se celebrará, por tanto, tres meses después. La que respondió a la cumbre de Praga se produjo con seis días de demora.

Mezclar dos sabores para que haya un tercero

El 29 de marzo de 2022 Sánchez fue al Congreso para “informar de las conclusiones del Consejo Europeo de los días 24 y 25 de marzo, la Cumbre de la OTAN y las relaciones con Marruecos”. Sin embargo, su aparición por el hemiciclo obedeció también a una solicitud registrada por el PP, ERC, EH Bildu, PNV, Cs… Y sobre las relaciones con Marruecos, también, pero con una finalidad distinta: exponer las incongruencias. En política debilitan las mentiras, pero también las incongruencias.

Moncloa tenía que esquivar ese dardo envenenado como fuera, así que lo que hizo a finales de marzo de 2022 consistió en registrar una petición propia y solapar así la de la oposición. Usó de nuevo el comodín de los consejos europeos. Se celebró uno unos días antes; miel sobre hojuelas.

El presidente evitó que le propinaran un golpe político en el Parlamento, y de paso, devolvió el mandoble. Metió en la misma motivación los resultados de la Cumbre de la UE, los de la Cumbre de la OTAN y el viraje en las relaciones con Marruecos acerca del Sáhara Occidental, y entonces, al mezclar los temas, cercenó los discursos de los portavoces de la oposición considerable y eficazmente

No era la primera vez que lo hacía, no obstante. El 14 de abril de 2021, acudió al hemiciclo en cumplimiento del nuevo decreto de estado de alarma, pero añadió una razón más: la presentación del plan de recuperación, transformación y resiliencia. O sea: para anunciar inversiones procedentes de los fondos europeos.

Se genera entonces un formato que beneficia inevitablemente al presidente. En esta clase de debates, al no tener límite de tiempo, puede explayarse y explayarse. Los demás no. Los demás deben condensar sus mensajes en 30 minutos, como mucho, o en apenas tres, como poco, según el grupo al que pertenezca el portavoz.

El 8 de junio, en el Congreso, la comparecencia se ajustó a un formato igual. El presidente pidió asistir para informar sobre el Consejo Europeo del 30 y 31 de mayo, y así, eclipsó el triunfo que el PP acababa de arrogarse: había cuajado su petición de explicación acerca de la visita que el mandatario socialista efectuó a Rabat meses antes. 

El giro diplomático en el Sáhara Occidental aisló al PSOE tanto que cayó derrotado dos veces, y a punto estuvo de una tercera. Muy cerca se quedó Sánchez de regresar contra su voluntad a finales de junio, pero la dirección socialista logró labrar una mayoría en la Junta de Portavoces, que es el órgano parlamentario en el que se perfilan los órdenes del día de los plenos, y lo impidió. Pero por un voto.

La que no pudo eludir fue la petición de comparecencia que la oposición, otra vez unida, consiguió “colar” en la agenda parlamentaria. Querían que Sánchez se retratara públicamente por el escándalo del espionaje a dirigentes del independentismo catalán y del independentismo vasco, el caso 'Pegasus'. Sucedió el 26 de mayo de 2022. Y ese día, como aquel 28 de marzo de 2020, aunque claramente en un contexto muy distinto, el presidente perdió el timón del relato y quizá por eso se le notó sobrepasado en varios lances del debate. No es habitual.

El Senado, centro de operaciones

Noticias relacionadas

Que se lo digan a Feijóo. A finales de enero, tendrá que enfrentarse a Sánchez otra vez. El 6 de septiembre, comienzo de curso político e inicio de periodo parlamentario, el presidente pidió ir. Él habló dos horas. Feijóo, unos 40 minutos. El 18 de octubre, volvió el líder del PSOE a petición propia. Igual reparto de tiempos. Y esto mismo sucederá el día 31 de enero.

Moncloa, el PSOE, el propio Sánchez se congratulan de lo bien que le van estos formatos. Es lógico. No tiene nada que perder de antemano. No pierde nada, de hecho. Sánchez pone el marco y Feijóo hace lo que puede.