BARÓMETRO DEL CIS

El electorado de Vox se disuelve: la mitad de sus votantes 'olvida' que lo votó

Distintos expertos explican las consecuencias de este factor, al que se suma la baja fidelidad y el fuerte trasvase de voto al PP, del 22%

Santiago Abascal, Ignacio Garrica y Javier Ortega Smith

Santiago Abascal, Ignacio Garrica y Javier Ortega Smith / EFE

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El fenómeno de Vox que logró 52 diputados en las generales de 2019 parece cada vez más lejos de reeditarse. El partido de Santiago Abascal da síntomas de agotamiento; la proyección electoral en los sondeos continúa a la baja, mientras sus votantes se revelan como uno de los menos fieles de la política española, y sólo reconoce haberle votado la mitad de quienes apostaron por Vox en las urnas hace tres años. 

En el último CIS de enero muestra un partido en declive, con una estimación de voto del 10% frente al 15,1% de 2019; una caída que parece asentarse como una tendencia desde las elecciones andaluzas. Pero más allá de las estimaciones del Centro de Investigaciones Sociológicas, elaboradas tras el tratamiento de los datos y enormemente cuestionadas, los datos brutos de las encuestas ofrecen información sobre la situación de Vox. Al bajo recuerdo de voto -sólo un 5,4% dice haberle votado, casi la mitad del 9,88% del censo que le votó- se une la escasa fidelidad -sólo el 63% de su electorado votaría mañana al partido- y el fuerte trasvase al PP por parte del 22% de sus votantes

Pero, ¿qué implican estos datos? Vox ha sido una de las fuerzas más enigmáticas para las empresas encuestadoras, que comenzaron infravalorando su fuerza y que ahora le siguen otorgando un papel importante en el panorama nacional. El partido de Abascal dio la campanada en las elecciones andaluzas de 2018, donde las mejores previsiones le daban los días previos 4 diputados. Lograron 12, irrumpiendo con fuerza en la vida institucional y condicionando el primer gobierno regional. En cambio, los resultados obtenidos en la Comunidad de Madrid o en Andalucía, dos de las plazas más relevantes del país, han dejado a los de Abascal por debajo de las expectativas iniciales. 

En este contexto, ¿qué significa que la mitad de los votantes de Vox se hayan ‘disuelto? ¿Indica un retroceso electoral o una expresión de protesta de sus votantes? Distintos expertos consultados tratan de desenredar el enigma de Vox, con distintas conclusiones. 

Un voto coyuntural

El recuerdo de voto es sólo un indicio de tantos para la politóloga y presidenta de Más Democracia, Cristina Monge, que ve más señales que permiten predecir una recesión electoral: “Vox alcanzó su techo en la repetición de noviembre del 2019, y a partir de ahí ha ido descendiendo en las encuestas y en cada elección”. Aunque los comicios posteriores han sido regionales -País Vasco y Galicia, Comunidad de Madrid, Castilla y León y Andalucía-, apunta a que los debates electorales se ha producido “en clave nacional, y no autonómica”. 

Monge achaca el hecho de que tantos votantes de Vox ‘renieguen’ de haberlo votado a las circunstancias extraordinarias de las últimas generales. “En la repetición electoral hubo mucho hartazgo y Vox aglutinó gran parte del voto de frustración y enfado”. La socióloga apunta a que el auge del partido entonces -logró 52 escaños, “tuvo que ver con el contexto”, pero apunta a que “el electorado de Vox no está consolidado. No tiene un suelo, es un voto volátil”. 

Esta circunstancia explicaría también la ‘amnesia’ generalizada de su electorado: “El recuerdo voto siempre es una variable clave porque habla de identidad: si se mantiene tu adhesión, recuerdas qué votaste. Si fue coyuntural es más fácil que se olvide”, advierte. En el caso de Vox, el bajo recuerdo “indica que no hay una identidad forjada, muchos votantes del PP que votaron a Vox ni siquiera se acuerdan porque fue fruto de la repetición electoral”. 

Esto explicaría, a su juicio, el bajo nivel de fidelidad al partido, por el que sólo un 63% de los votantes de Vox volvería a apostar por esta marca, y la fuerte fuga al PP, donde recala un 22% de quien apostó por Abascal en 2019. Monge advierte además que “un recuerdo de voto por debajo de la mitad indica una debacle, te sitúa en un escenario de pérdida”. En el caso de Vox, roza este umbral: el 5,4% dice que apostó por Vox frente al 9,88% del censo que lo hizon realmente.

El bajo recuerdo de voto de un partido tiene además otra consecuencia directa en los sondeos electorales: en el tratamiento de los datos -la llamada ‘cocina’-, se entiende que hay una infrarrepresentación del electorado de esa formación en la selección de encuestados, y por eso el voto directo se corrige al alza para hacer la estimación final. Una circunstancia que, considera Monge, puede estar llevando a “sobredimensionar” al partido de Abascal en las encuestas

Pablo Simón, politólogo y profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid coincide en que el recuerdo de voto puede generar “distorsión” en las encuestas, sobre todo en “contextos de cambios”. Este fenómeno se traduce, por ejemplo, en que por norma general hay más gente que dice que votó al partido de Gobierno de la que realmente lo hizo. Existe además otro factor que Simón define como “amnesia punitiva”, por la que determinados votantes rechazan decir a quién han votado, ya sea por falta de identificación con el partido o porque pertenecen al llamado ‘voto oculto’.

El principal problema de este elemento es, precisamente, el sesgo que produce en las estimaciones electorales, que resultan “menos precisas porque la materia prima no es ajustada”. Después de que el presidente del CIS, José Félix Tezanos, cambiara el modelo de estimación que se había empleado tradicionalmente en el Centro de Investigaciones Sociológicas, que era “relativamente sistemático”, Simón advierte de que “hay cosas que no cuadran” en el sondeo. En este punto, el experto admite su sorpresa ante el bajo nivel de recuerdo, puesto que “el voto de Vox es bastante desinhibido y normalmente no hay mucho voto oculto”. 

El 'sesgo CIS'

Narciso Michavila, presidente de Gad3, apunta también al sesgo que conlleva el propio CIS, que ha sido objeto de numerosas polémicas desde la llegada de Tezanos. El electorado de Vox, al igual que el de Podemos, está muy politizado, “saben quién es Tezanos”, lo que llevaría a que haya pocos votantes de Vox dispuestos a responder a la encuesta. “El que Vox salga tan bajo responde también a ese fenómeno”, advierte Michavila. 

Más allá de este primer elemento, que condiciona toda la encuesta, el sociólogo apunta a que la norma general es que el recuerdo de voto es “intencional”: “los partidos que van hacia arriba suelen tener un recuerdo de voto por encima del real”, y viceversa. Para Michavila, éste “es un síntoma de que Vox no está tan fuerte como muchas encuestas decían el año pasado”.

Ahora bien, aunque algunas encuestadoras tienden a corregir el subrecuerdo de voto de un partido aumentando sus estimaciones, advierte de que esto debe hacerse "sólo dentro del bloque de la derecha", puesto el voto puede cambiar de PP a Vox, pero rara vez da el salto a la izquierda. El ponderar el recuerdo de voto sin tener en cuenta este factor, apunta, lleva a que los de Abascal puedan aparecer "sobredimensionados" en otras encuestas.

El líder de Vox, Santiago Abascal, junto al vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo.

/ EFE/Santi Otero

Uno de los temas clave que marcará el camino hacia las generales será la capacidad de Vox de generar certidumbre, después del desencanto con las experiencias de los Gobiernos de coalición: “La gente tiene la sensación de que las coaliciones no han funcionado”, apunta Michavila, que cita como ejemplos lo sucedido en la Comunidad de Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso logró una amplia mayoría tras romper el Gobierno con Ciudadanos, o en Andalucía, donde Juanma Moreno Bonilla logró la absoluta tras gobernar con los naranjas. Es por es que “el experimento de Castilla y León va a pesar mucho en el próximo año”. “El electorado quiere estabilidad” y, en consecuencia, "penaliza las luchas entre aliados" ideológicos.

José Félix Tezanos, presidente del CIS.

/ EFE

José Antonio Gómez Yáñez, sociólogo de la Universidad Carlos III, dedicó su tesis doctoral precisamente al fenómeno del recuerdo de voto, analizando los datos del CIS desde que comenzó sus registros en 1977, y también señala que la relevancia pública que ha adquirido el organismo condiciona en buena medida los resultados de las encuestas. “Hay un sesgo, sobre todo cuando el presidente del CIS ha alcanzado una notoriedad sin precedentes que genera contaminación”, advierte, en línea con Michavila, y señalando que esto, además de los resultados de Vox, también queda reflejado en la “enorme sobrerrepresentación del PSOE”.

El experto, autor de diversos estudios sobre el fenómeno del recuerdo de voto, que mezcla campos como la demoscopia, la sociología y la propia psicología, asegura que “el de Vox es un caso de ocultación del voto” que está íntimamente relacionado con el perfil del votante: fuertemente masculinizado, muy conservador en sus costumbres y “renunente” en general, más aún ante una encuestadora tan señalada.

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Un perfil que tiene ciertas similitudes con el antiguo electorado de Alianza Popular: “Alguien que se siente agraviado por lo que ha sucedido en los últimos 40 años”. Además, apunta el profesor a un rasgo “singularísimo” del votante de Abascal: gran parte de su electorado son divorciados o separados, que han sufrido problemas en sus relaciones personales y que culpan a la llamada “ideología de género” de su situación: unas circunstancias que, intuye Gómez Yáñez, puede hacer al electorado ser más remiso a revelar sus posturas políticas

Gómez Yáñez considera que el voto de Vox está íntimamente relacionado con el del PP: “Como regla nemotécnica, cuando el PP sube, Vox baja”. Esto se explicaría en que en el bloque de la derecha actúan como “vasos comunicantes” que provocan cierto “efecto espejo”. El auge que ha vivido el PP con la llegada de Núñez Feijóo haría también decaer a los de Santiago Abascal.