DIPLOMACIA

¿Quién pierde más si hay un “Gibrexit” duro? Escenarios de un “no acuerdo” sobre Gibraltar

GIBRALTAR, 23/05/2019.- Dos turistas caminan por la pista del aeropuerto de Gibraltar.

GIBRALTAR, 23/05/2019.- Dos turistas caminan por la pista del aeropuerto de Gibraltar. / A.Carrasco Ragel

  • El Peñón disfruta de una situación transitoria excepcional tras la salida de Reino Unido de la UE, pero puede perder privilegios que tenía cuando pertenecía a la Unión

  • Campo de Gibraltar (Cádiz), una zona azotada por el paro, se quedaría sin los beneficios de la "zona de prosperidad compartida".

  • Las negociaciones pasan por un momento muy complicado y pueden descarrilar

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La negociación para alcanzar un Tratado para Gibraltar es un auténtico frenesí diplomático a cuatro bandas: Reino Unido y la UE, Gibraltar y España. Se reproduce, a pequeña escala, el combate negociador previo al del Brexit de 2020. Entonces se trataba de evitar una salida dura de la Unión de las islas británicas. Romper sin más, sin reglas. Sobre Gibraltar, hay conversaciones en marcha desde hace dos años para evitar lo mismo: un “Gibrexit” duro, una salida sin reglas preestablecidas que permitan amortiguar los perjuicios en el día a día para la población.

¿Quién tiene más que perder si no hay acuerdo?

Fuentes de la diplomacia española dicen que son los gibraltareños, porque son los que hasta ahora más se beneficiaban de la dualidad de estar en la UE y ser a la vez algo parecido a un paraíso fiscal. Y que a ellos les conviene mantener este “limbo” jurídico en el que siguen conviviendo ahora con lo mejor de los dos mundos. “Quieren untar la tostada por ambos lados”, decía recientemente un alcalde de la zona de Campo de Gibraltar. Conseguir las ventajas de la Unión Europea (libre tránsito de mercancías y personas) pero conservando algunas de sus prebendas históricas (bajos impuestos y regulación, tabaco y gasolina baratas con bajos impuestos y potentes empresas de juego que operan en Europa, por ejemplo). 

El Ministro Principal de Gibraltar, Fabián Picardo, lo ve de otro modo. Apunta a que siguen abiertos a negociar lo que haga falta, porque la economía de los dos lados lo va a agradecer. Gibraltar es una de las zonas más ricas del mundo. Sus ciudadanos tienen la tercera mayor renta per cápita, casi 80.000 euros. En España no llega a los 30.000, y en la zona de Campo de Gibraltar, mucho menos. El paro campa a sus anchas allí (20%) y el narcotráfico es un problema serio para el que la Policía lleva a cabo operaciones especiales.

Gibraltar recuerda que el grueso de las 15.000 personas que cruzan todos los días la Verja son españoles que van allí a trabajar. La Verja es, para España, una línea artificial de separación que levantó Reino Unido para quedarse con territorio; y para Londres y los llanitos, una “frontera” en toda regla entre países distintos. No había problema mientras Reino Unido pertenecía a la UE. Ahora sí.

La creación de una “zona de prosperidad común”, que se acordó entre Londres y Madrid en la nochevieja de 2020, pretende mejorar la vida de todos. Afectaría a cerca de 300.000 personas, según el ministro español José Manuel Albares. Primero, se tira la Verja, se evitan las colas, se adecúan las condiciones de impuestos en ambos lados para que no haya competencia desleal, se toma una decisión sobre cómo tratar las aguas residuales de Gibraltar, que ahora tira al mar sin tratar… Son decenas de temas, unos 300 puntos, que de ser acordados, reducirían la burocracia y facilitarían la vida de los ciudadanos de ambos lados. Si se hace de forma correcta, “win-win”. 

 ¿Y si no lo hay? 

Del lado gibraltareño se están preparando para eso, porque la vida de sus 33.000 habitantes y la de sus empresas (decenas de miles inscritas formalmente, muchas solo a efectos de  beneficios fiscales) cambiará radicalmente. Preparan hasta simulacros para el primer día de “Resultado No Negociado” (NNO, Non-Negotiated Outcome).

El pasado miércoles, 19 departamentos y agencias del Gobierno de Gibraltar, junto con la Foreign Commonwealth and Development Office y el Ministerio de Defensa del Reino Unido, realizaron un ejercicio. Según ha informado el Peñón, durante las seis horas de ejercicio se simularon las consecuencias del impacto de una ruptura de las negociaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea. Se perfilaron las repercusiones en el primer día sin tratado y también del trigésimo en adelante. “Se tratará de un mundo diferente, en el que nuestras interacciones con España y la UE serán más farragosas, burocráticas y laboriosas de lo que hemos conocido hasta la fecha”, dijo el Viceministro Principal, Joseph García.

El Gobierno español dice que su “plan B” es el Plan Integral para el Campo de Gibraltar, aprobado por el Consejo de Ministros en noviembre de 2018 y que debería ser una inyección de vitalidad económica para la región. Pero los alcaldes de la zona dudan de ello. 

Si se rompe el acuerdo (algo que oficialmente todas las partes dicen estar intentando evitar), la Verja que separa Gibraltar del resto de España se convertirá en una frontera dura de la Unión Europea. Quedarían fuera del espacio Schengen, el grupo de países en los que se han suprimido los controles en las fronteras interiores y circulación de personas vigente desde 1990. Y España será el responsable de llevar esos controles a efecto cumpliendo todas las normas de la Unión sobre fronteras exteriores. Desde que la salida de Reino Unido se hizo efectiva en enero de 2020, se implementaron una serie de excepciones y medidas transitorias para el tránsito de los trabajadores transfronterizos y los gibraltareños, unos 15.000 cada día que cruzan la Verja, a los que no se exige visado y tan solo deben mostrar el DNI o pasaporte. 

Los gibraltareños, por su parte, dejarán de beneficiarse de otras medidas transitorias, como la de poder ejercer en territorio comunitario servicios profesionales, de transportistas o ciertos servicios financieros, entre otras. 

Uno de los efectos más sensibles para los trabajadores transfronterizos que van desde el lado español es que se perderá la posibilidad de tener unas condiciones de prestaciones, por ejemplo de pensiones o asistencia sanitaria, iguales a los ciudadanos gibraltareños. 

En cuanto a las cuestiones aduaneras, la propuesta española, que ha sido vista como un ultimátum de Madrid tras cerca de dos años de negociaciones, propone garantizar la libertad de movimiento de bienes entre la UE y Gibraltar “sin que ello incremente los riesgos para el mercado interior de la UE, muy en particular, para los operadores económicos de la zona en materia de competencia desleal o de tráficos ilícitos, como, por ejemplo, de tabaco”, según el Ministerio de Exteriores español. 

Si hay acuerdo, se tratará de equilibrar la balanza en términos de impuestos, para que no haya un “dumping” fiscal de empresas. Es una de las cuestiones más espinosas a tratar, como lo es la lucha contra el blanqueo de capitales que se realiza en la Roca. 

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Y luego está la cuestión medioambiental, que adquiere cada vez más relevancia. Recientemente ha habido un vertido de hidrocarburos de un carguero semi hundido. Y está el tema de las aguas residuales, que, critican los alcaldes de Campo de Gibraltar, el otro lado vierte al mar sin depurar. 

Si se llega a un acuerdo para esa “zona de prosperidad compartida”, podrían beneficiarse hasta 270.000 habitantes de la zona, de Gibraltar y de Campo de Gibraltar, en la provincia de Cádiz. En principio, nada cambiaría en la cuestión de la soberanía de la colonia británica.