CUATRO VOTACIONES, CUATRO VICTORIAS

Sánchez se da un paseo triunfal de 50 horas por un Congreso en el que se instala el desprecio

  • El Gobierno logra sacar adelante los presupuestos de 2023, la nueva ley de impuestos a los ricos, a las eléctricas y bancos; el inicio del trámite de la reforma del delito de sedición; y una nueva regulación de la cooperación exterior

  • Semejante contundencia se ha visto enturbiada por el tono despreciativo de los debates que durante 50 horas, desde el pasado lunes, se han sucedido en el Congreso

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El resumen en clave de humor de la jornada parlamentaria de este jueves, 16 horas de duración, lo ha protagonizado Meritxell Batet. Poco antes de las 18.30 ha dicho: "se levanta la sesión". Tres segundos más tarde ha dicho: "se abre la sesión". No se había vuelto loca la presidenta del Congreso, no fue un despiste. Poco antes de las 18.30 horas, efectivamente, acababa un pleno y tres segundos después, efectivamente, empezaba otro. La concurrencia se lo ha tomado entre risas, esas risas algo tontorronas que te da el agotamiento, y ella no ha podido disimular la sonrisa.

Batet ha sido la encargada de enunciar las cientos y cientos de enmiendas a los presupuestos que se han votado este jueves. Ha habido momentos en los que ha tenido que enunciar al menos 20 enmiendas de una tacada, citándolas por su número, y normal que ahorrara sílabas. Tan largo y pesado ha sido el lapso de las votaciones de las enmiendas que cuando han acabado los diputados, sus cerebros quemados, se ha declarado un receso de una hora.

Antes de que terminara el descanso, ha irrumpido en el Congreso el triunfador del día. Cuando llega el presidente del Gobierno a la Cámara todo se para. Hasta los diputados/as tienen que esperar en la escalera del edificio contiguo al del palacio, ya que los agentes de la Policía Nacional cortan el paso. Hace falta que el jefe del Ejecutivo entre en la zona de despachos para ministros y colaboradores, que es lo que hace Pedro Sánchez por regla general antes de ir al hemiciclo, para que se restablezca el tránsito habitual.

El presidente ha acudido a la votación definitiva de los presupuestos, que se hace capítulo a capítulo y sección a sección hasta el preámbulo, que se deja para el final. Ha acudido para saborear la gloria tras un paseo triunfal. Los 187 votos a favor, los 156 en contra y la única abstención han sido el colofón a dos plenos de cuatro días seguidos, con sus mañanas y con sus noches. Diversos debates, muchos argumentos, sí, pero también un encono como pocas veces se ha visto y oído en el Parlamento. Ambiente de "tasca de mala muerte", según la descripción de Aitor Esteban, portavoz del PNV.

Tiene que ser satisfactorio ver cómo las enmiendas de los grupos adversarios, los de la derecha, se caen. Y cómo las enmiendas de los grupos con los que se ha pactado salen adelante. Tiene que ser satisfactorio comprobar que tras negociaciones intensas, y a pesar de las muestras de desprecio que se han producido, los presupuestos se van al Senado. Así estaba María Jesús Montero, ministra de Hacienda, quien se ha abrazado a Sánchez tras el resultado de la votación, poco antes de las 18.30 horas, y luego a Félix Bolaños.

El desprecio (I)

El de este jueves ha sido el día más importante, parlamentariamente hablando, del Gobierno del PSOE y de Unidas Podemos. El apoyo último dado por ERC a las cuentas del año que viene ha corroborado una constante de la legislatura: que las leyes más simbólicas en lo ideológico, y la de presupuestos lo es porque pone inversiones a las prioridades políticas, se aprueban y entran en vigor gracias a una mayoría progresista cercana a los 190 votos.

No ha sido la única que ha alumbrado el Congreso. La proposición de ley que a partir del 1 de enero de 2023 establecerá un gravamen a los bancos, otro al sector energético y uno más a las grandes fortunas también ha puesto rumbo al Senado, y prácticamente con la misma mayoría de los presupuestos.

El músculo legislativo del Gobierno y de sus aliados (ERC, PNV, EH Bildu, Más País, Compromís, etc.) contrasta con la vehemencia oratoria de la oposición de PP, Vox y Cs. Sus intervenciones, desde hace tres años, rozan el despecho. Esta legislatura, no hace mucho, Cayetana Álvarez de Toledo llamó "terrorista" al padre de Pablo Iglesias. No hace mucho Iglesias se mofó de Iván Espinosa de los Monteros al abandonar éste la Comisión para la Reconstrucción postpandemia formada en mayo de 2020.


/ efe

El colmo de lo desagradable se produjo el miércoles cuando la diputada de Vox Carla Toscano dijo que la ministra Irene Montero tiene como "único mérito" haber estudiado "en profundidad" a Pablo Iglesias, que es su pareja. La titular de Igualdad reaccionó tildando lo acontecido de "violencia política" y de "banda de fascistas" a la bancada de Santiago Abascal. También el PP acusó con dureza inusitada a la ministra, pero su representante, Marga Prohens, no llegó tan lejos.

A raíz de dicho incidente se han sucedido las expresiones de solidaridad y sororidad con la dirigente de Unidas Podemos. Gracias a semejante improperio, el Gobierno se unió en torno a la figura de una ministra que, desde hace una semana, por la polémica de "la ley del sólo sí es sí", no se había visto muy arropada precisamente.

Un día después, sin embargo, Vox ha proseguido con sus invectivas. El epítome, este jueves, lo ha protagonizado Víctor Manuel Sánchez del Real, quien, en sesión de mañana, defendió a su compañera Toscano por no haber llorado a pesar de los insultos que le lanzaron desde la bancada de Unidas Podemos, pues "tiene más hombría y más coraje que todos ustedes juntos".

Es probable que esta inercia y actitud no cesen si lo dicho por Inés Cañizares, de Vox, se convierte en axioma, y lo que ha dicho es lo siguiente: "Se otorgan --formaciones de izquierda-- la licencia para insultar, y cuando beben de su propia medicina, se revuelven como fieras. Esto va a seguir siendo así. Somos oposición y hacemos uso de la libertad de expresión y del mandato de los españoles. Seguiremos denunciado y parándoles los pies: ni un paso atrás sin pedir permiso ni perdón".

La breve tregua fiscal

Después de esos segundos entre el "se levanta la sesión" y el "se abre la sesión" de Batet, han tenido lugar dos debates interesantes en el Congreso. Uno, sobre fiscalidad. Otro, sobre cómo debe ser la cooperación exterior española. Dos discusiones nada proclives a pasiones encendidas. Por suerte, así ha sido.

El Gobierno, junto a sus aliados, está muy cerca de ver en el BOE la ley que consagra gravámenes a bancos, eléctricas y grandes fortunas, la plasmación del giro político más crucial dado por Pedro Sánchez. Ocurrió en el debate del estado de la nación de mediados de julio. El presidente viró a la izquierda de tal manera que se ha abrazado a medidas que apenas semanas antes el PSOE rechazaba en el Congreso.

Llegados hasta aquí, quizá merezca la pena reparar en Ana Oramas, diputada de Coalición Canaria, unos cuantos años ya como diputada, de las más veteranas de la Cámara, de hecho. Ha pedido al Gobierno que saque de la aplicación del impuesto la distribución a las islas canarias no capitalinas de las bombas de butano y del combustible, pues les genera un coste brutal. Que en medio de tanta intensidad y de tantas miradas torvas, viene bien pensar en realidades no tan lejanas. Y además, Oramas se va a ir en mayo por las elecciones autonómicas y le quedan pocas intervenciones.

Igual que las que refleja la nueva ley de cooperación, que se aprobará. Estaba José Manuel Albares, el ministro de Asuntos Exteriores, para defenderla y congraciarse del desenlace.

El desprecio (II)

Bien entrada la noche ha empezado el otro plato fuerte de la jornada, el debate para la toma en consideración de una proposición de ley del PSOE y de Unidas Podemos para reformar el Código Penal en varios aspectos, entre ellos el delito de sedición, que es donde ha estado la madre del cordero. No solamente ha estado en juego la votación, al fin y al cabo se ha dirimido el comienzo del trámite parlamentario, que, por cierto, será muy rápido para que entre en vigor antes de fin de año. No solamente se ha discutido eso, sino que además se ha librado una suerte de batalla psicológica.

El PP pidió votación por llamamiento para "retratar" a los diputados del PSOE que provienen de territorios como Aragón o Castilla-La Mancha, cuyos presidentes, socialistas ambos, no han visto con agrado la iniciativa. La bancada socialista, retando a la popular, se ha levantado en bloque cuando ha tocado el primer pronunciamiento. Batet se ha enfadado. Además, Más País y Compromís, en representación del Grupo Plural, y EH Bildu pidieron lo mismo para la de la ley de los impuestos. Consecuencia: que un trámite que pudo durar dos minutos, duró dos horas.

Y todo a pesar de que si se quiere ver y saber qué ha votado cada uno, basta con esperar un rato a navegar por la web del Congreso en busca del enlace "votaciones", que es donde se publica la lista.

Ha sido un debate bronco, como era de esperar, pero no tanto. A Francisco Aranda, el representante del PSOE, le han interrumpido en varias ocasiones por atacar políticamente a Cuca Gamarra. La portavoz del PP ha hecho hincapié en que este trámite es un "pago" a los independentistas por haber respaldado los presupuestos. Gabriel Rufián, de ERC, ha llamado "fascistas" a algunos jueces. Se ha ganado una advertencia de Batet. Y Javier Ortega Smith ha hecho una encendida defensa de la nación española. Ha sido el último interviniente de una jornada de 16 horas y estaba enérgico.

Ha habido algún intercambio de desprecios, pero ya más tímidos, y de hecho la presidenta del Congreso no ha dejado de pedir "silencio", a veces con rostro furibundo, que la cosa no estaba para licencias.

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Los sonidos de campana para ir a votar han sonado en el Congreso diez minutos antes de la medianoche. Se han escuchado los síes, los noes y las abstenciones, pero siempre más síes. Los del Gobierno y sus aliados, entre ellos el de Pedro Sánchez, que volvió al hemiciclo al filo de las 00.00 horas, triunfante y triunfal.

16 horas ha durado la jornada parlamentaria. 50 horas, más o menos, la semana. Ha sido duro. Probablemente por eso, estas palabras de José María Mazón, el diputado del Partido Regionalista de Cantabria, han sonado en el hemiciclo como una epifanía: "Vamos a ser racionales".