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José Luis Rodríguez Zapatero: el felino vuelve a rondar

Si Zapatero llegó a la presidencia encarnando las esperanzas de una izquierda idealista, la abandonó personificando el agotamiento (cuando no la dimisión) del modelo socialdemócrata ante la Gran Recesión

José Luis Rodríguez Zapatero: el felino vuelve a rondar
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Dalí, Julio Cortázar, Margaret Atwood, Picasso, Frida Kahlo... Son muchos los virtuosos que han posado ante la cámara con sus gatos. Una presencia que aporta al retrato dosis extra de estilo y enigma. Frente a la fidelidad ciega de los perros, los felinos destilan cierto aire subversivo y soberbio. Yo elijo el momento de los arrumacos, parecen sentenciar desde su rincón elegido. Vertiginosos en sus movimientos. Apacibles en su ronroneo. Siempre caen de pie, hasta que agotan sus siete vidas.

Enigmático, desconcertante… Un halo de misterio envolvía a José Luis Rodríguez Zapatero cuando llegó a la Moncloa. El apoyo le llegó más por lo que transmitía que por lo que se sabía de sus pilares ideológicos. Su biografía es una peculiar combinación de velocidad y sosiego.

Nació en Valladolid (1960) en una familia acomodada, con varios títulos universitarios en el árbol genealógico y un abuelo militar ejecutado por no sumarse al bando sublevado contra la República. Mientras estudiaba Derecho en la Universidad de León, se afilió al PSOE y conoció a la que sería su esposa hasta ahora. Con solo 26 años, obtuvo un escaño en el Congreso y se convirtió en el diputado más joven. A punto de cumplir los 40, se erigió en secretario general de un PSOE hundido en una crisis profunda y pronto empezó a auparse en las encuestas. En 2004 fue elegido presidente del Gobierno.

La llegada de Zapatero a la Moncloa supuso un bálsamo para un país recién desgarrado por el 11-M y las mentiras del PP sobre la autoría del atentado. Frente al belicoso y corrosivo Aznar -el de las "armas de destrucción masiva" y los pies sobre la mesa en la foto de las Azores- se impuso el político del talante, el que se definía abiertamente feminista y transmitía sensatez, modernidad y voluntad de consenso. Nada más tomar posesión, retiró las tropas de Irak y, con velocidad de crucero, impulsó una auténtica revolución social: ley de violencia de género, de igualdad, de dependencia, matrimonio homosexual…

José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, en una foto de archivo. 

/ José Luis Roca

El viento fue de cara durante los primeros años. En los documentos clasificados de la embajada de EEUU en Madrid filtrados por Wikileaks, se leen algunos comentarios que ayudan a definir al personaje: "Es brillante y consigue lo mejor, incluso de los detractores que le minusvaloran". "Está bien preparado en los temas fundamentales. Le gusta el diálogo y el intercambio de ideas. Lleva mal que le den clases de algo, y cortará la conversación si percibe que eso ocurre". "Siempre pone sobre la mesa todas las opciones para conseguir sus objetivos políticos a corto plazo". "Se dirige más al gallinero que a los de la primera fila".

De todas las observaciones, destaca esta: "No es un político de convicciones políticas, pero sin duda comprende a los españoles y apoyará cualquier política que les resulte atractiva".

¿Fue eso? ¿Fue su falta de convicciones políticas? ¿Fue su resistencia a tomar medidas impopulares lo que le impidió reaccionar a tiempo? "Lo más duro de la crisis ha pasado", afirmó en junio de 2009. "Un poco de seriedad y menos demagogia", exigió a Mariano Rajoy, entonces líder de la oposición… ¡Ay!... Si Zapatero llegó a la presidencia encarnando las esperanzas de una izquierda idealista, la abandonó personificando el agotamiento (cuando no la dimisión) del modelo socialdemócrata ante la Gran Recesión. El que dispensaba recetas sociales acabó cercenando el Estado del bienestar y enarbolando banderas liberales. El que se declaró federalista, dejó una fractura más honda entre Cataluña y el resto de España.

José Luis Rodríguez Zapatero.

/ JUAN CASTRO

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Durante años, Zapatero cargó con la losa de todos sus errores. También con el lodo que el PP y su esfera mediática le arrojaron al final de su mandato. Una campaña de acoso y derribo que no dudó en hincarse en su vida personal, incluida la burla a sus hijas menores. Pero, recordemos, siete vidas tiene el gato.

"Es un político astuto con una asombrosa habilidad, como un felino en la jungla, para oler las oportunidades o el peligro", este era otro de los comentarios que filtró Wikileaks. Y no le falta razón. Hoy, la opinión de Zapatero vuelve a escucharse. El hecho no deja de resultar un tanto enigmático. Sus opiniones son aplaudidas y celebradas, aunque tengan más de obviedad que de sabiduría. Eso sí, pronunciadas con una sonrisa serena y buenas dosis de sentido común. Ya se sabe, el talante. Fotografiarse con Zapatero cotiza de nuevo en ciertos sectores. El felino vuelve a rondar.