SÍ ES SÍ

Historia universal del error

En la historia de las frases ridículas, pensadas para desviar la responsabilidad en el último minuto, "Fue sin querer" ocupa un lugar preeminente y tristemente célebre, al lado de "No fui yo"

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La ministra de Igualdad, Irene Montero.

La ministra de Igualdad, Irene Montero.

Las cosas funcionan así: primero niegas el error. Lo haces con vehemencia. Dónde está, me cago en la puta, que no lo ves. Por supuesto, rechazas las críticas. Quieren acabar contigo, te tienen envidia, te odian, algo por el estilo. Después, como al parecer resulta que sí hubo errores, dices que la culpa no fue tuya, y que es imposible controlar cada cosa que hacen los demás. En la última fase del error, cuando se demuestra que algo tuviste que ver, aseguras que lo hiciste sin querer, ay. En la historia de las frases ridículas, pensadas para desviar la responsabilidad en el último minuto, "Fue sin querer" ocupa un lugar preeminente y tristemente célebre, al lado de "No fui yo".

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Huir de un error acaba por ser una carrera desesperada y en círculo. No vale de mucho porque, al final, no llegas a ninguna parte, salvo al principio. Todos sabemos cómo acaba esto, incluida Irene Montero, porque recorrimos ese camino demasiadas veces. Qué nos van a decir. "No pagaré, sé demasiado de extorsión", decía Toni Soprano. Por supuesto, el burdo recurso de deslizar que fue sin querer, admite distintos grados de imperfección. La imperfección máxima se acerca a la genialidad, a la perfección, de hecho. Solo la vi una vez. 

Por trabajo, hace unos años, conocí a dos internos que habían huido de prisión. Se llamaban Manuel y Belisario. Primero doblegaron la resistencia del cristal blindado de su celda, que cedió a la patada de una bota. Manuel siempre sostuvo que se fugó "sin querer, contra mi voluntad", y que solo ante las amenazas de su compañero, "dispuesto a rajarme", se descolgó por la ventana gracias a unas sábanas. Un 'modus operandi', por cierto, académico. 'Chapeau'. Hay cosas que nunca fallan: la ropa negra para una gala, la sábana para la huida de una cárcel… Al llegar al último muro, se encontraron con una escalera que se habían olvidado el día anterior unos operarios después hacer unas reparaciones. Casi era obligatorio intentar la evasión. "No lo volveré hacer", afirmó Manuel en el juicio, en otra frase para la eternidad.