LA OTRA SESIÓN EN EL CONGRESO

Estado de la nación: chispazos de un debate electrizante

Primera jornada de la 26 edición del Debate sobre el Estado de la Nación en el Congreso. 

Primera jornada de la 26 edición del Debate sobre el Estado de la Nación en el Congreso.  / EUROPA PRESS/E. Parra

Los precios de la energía, la subida de los productos básicos, ETA y la memoria, munición en el intercambio de reproches entre Sánchez y la derecha

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Según la previsión que, flanqueada por periodistas, hacía la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, “para septiembre, lo más tarde octubre”, se discutirán en las Cortes los impuestos extra sobre las ganancias milmillonarias que están obteniendo la banca y las eléctricas. O sea, en otoño será la tramitación de la cosa.

Esa medida fiscal es el gran asunto del retomado debate sobre el estado de la nación; el anuncio de Pedro Sánchez que ha trepidado en las bolsas, como si en esta inquietante coyuntura fuera inminente su aplicación (y no lo es); el mascarón de proa con el que el Ejecutivo navegará a babor de aquí a las elecciones… Todo eso es la cosa, pero aún no tiene nombre la cosa.

El nombre de la cosa, dado que no es un incremento del Impuesto de Sociedades, quizá llegue al BOE como Impuesto Extraordinario Sobre Los Beneficios Extraordinarios. En el entorno del presidente del Gobierno admitían tras la sesión matinal, entre corrillo y corrillo del patio del Congreso, que el gravamen “no está aún bautizado”, y no apuestan por si llevará el adjetivo “extraordinario” o el más aclarativo “temporal”.

Pero el impuesto sin nombre es el gran asunto de una jornada que amaneció con el kilowatio/hora a 201,6 euros, y en la que la oposición popular ha contestado las gráficas sobre inflación que trajo Sánchez mostrando en el hemiciclo fotocopias de facturas de la luz, una de ellas de 18.000 euros estallando contra las cuentas de una pyme.

Observaba desde arriba, como esfinge institucional, Meritxell Batet, presidenta de una cámara cuya factura de la luz de 2021, 1.750.000 euros, se acercará muy probablemente a los tres millones cuando acabe 2022.

Lazos azules

Ha tratado el debate sobre cosas de comer y el origen moscovita de su carestía, en una jornada en la que los tenderos exponen en sus anaqueles el kilo de garbanzos a 2,39 y a 1,29 el de sandía. Pero, por ser el día que es, 12 de julio, el debate de precios e inflación no podía venir sin aliño sentimental de memorias; dos: la de las fosas del franquismo, esgrimida por Sánchez, y la de los asesinados por el terrorismo, reavivada por el PP.

Ya podía adivinarse al medio día, cuando llegaban a la Cámara Baja sus dos principales grupos con sus gentes diferenciadas por el adorno en el ojal izquierdo de la solapa: el pin redondo de la Agenda 20/30 en el lado gubernamental, y en el popular el recuperado lazo azul del secuestro de Julio Iglesias Zamora, devenido después en símbolo de las víctimas de ETA.

Tanta carga de simbolismo estático traía el ambiente de los populares, que la portavoz Cuca Gamarra ha iniciado su intervención cediendo un minuto al recuerdo de esos muertos. Le ha reñido la presidenta Batet pidiéndole “lealtad al procedimiento”, o sea, que pacte en la mesa la organización de homenajes. Y después le ha concedido Sánchez su contestación más airada del día: “Quienes realmente han utilizado con fines espurios el dolor de las víctimas del terrorismo han sido los dirigentes del Partido Popular”.

Derecha e izquierda se han enzarzado una vez más alrededor de ETA. Para ponerle contexto al asunto, apúntese que el rifirrafe ha tenido lugar a las cinco y diez de la tarde, a la misma hora que, hace justo 25 años, llegaba al Hospital Nuestra Señora de Aránzazu de San Sebastián el cuerpo agonizante de Miguel Ángel Blanco, tiroteado por Txapote en un alto de Lasarte.

De machos y hembras alfa

Al término del rifirrafe, un diputado popular de la parte alta de la bancada ha increpado a Sánchez: “Das pena, tío”.

Y esta ha sido de las pocas veces que se ha notado un tono bronco en los escaños de la oposición, un tono al menos como el de los tiempos de Pablo Casado. De hecho, el discurso matinal del presidente ha sido escuchado por los populares con apenas murmullos, como si el gallego Núñez Feijóo hubiera recetado a sus huestes una cápsula de Lexatín en el desayuno.

Se veía en el hemiciclo una nueva etapa en las formas, pero no dejaba de ser raro, inédito, en un debate de esta envergadura que el líder de la oposición, mudo este día, se haya levantado varias veces para dejar paso a su segunda al mando para que suba al atril y hable. No ha faltado una voz popular que por los pasillos explicaba a los periodistas que, callando, ha evitado Feijóo el papel "de macho alfa".

Y estando mudo Feijóo, la primera vez que la portavoz popular, Cuca Gamarra, ha tomado la palabra no ha sido en el atril del Congreso, sino ante los medios antes de la hora de la comida. Sus dos ideas fuerza tranquilizaron a Moncloa: una, que el problema es Sánchez; y dos, que Sánchez no ha hecho ninguna propuesta. Antes de salir a comer la comitiva presidencial con su pompa y circunstancia de audis y furgones de séquito y seguridad, estuvo la gente de Sánchez en la sala de Gobierno del Congreso oyendo la intervención de Gamarra, y al acabar, salió uno de sus asesores al sol inclemente del patio quitándole importancia: “Bueno, ha sido tópico tras tópico; ninguna sorpresa”.

Economía real

El padre Ángel, jefe la misión caritativa Mensajeros de la Paz, intercambió unas palabras con Sánchez al salir, agarrándose los dos los antebrazos. Antes, en la tribuna de invitados, el cura se llevó la mano a la barbilla en ademán reflexivo, en gesto similiar y simultáneo al del secretario general de Comisiones Obreras, Unai Sordo, cuando el presidente anunciaba el doble impuesto contra las entidades más millonarias.

Dos representantes de la economía real tomando nota de las explicaciones de la inflación basadas en la guerra del mayor exportador de hidrocarburos contra el mayor exportador de trigo. Tras explicarlo Sánchez con cifras, se ha adornado literariamente para defender la gestión de la pandemia: “Nuestras calles están llenas de vida y las mascarillas apenas cubren ya nuestras sonrisas”. Pero Gamarra le ha castigado el hígado aludiendo a una ciudadanía obligada a posponer el cambio de las ruedas del coche, recortar las vacaciones y apagar el aire acondicionado. “Señor Sánchez, usted nos sale muy caro a los españoles”, ha resumido, desvelando quizá un futuro eslogan de campaña electoral.

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Para el portavoz del PDeCAT en el Congreso, Ferran Bel, esa campaña empezó este martes, y se hará larga. Bel se ha lamentado de que la única alusión a Catalunya en todo el discurso presidencial ha durado apenas ocho segundos, lapso, ya se sabe, de referencia para algunas cosas catalanas.

Hablaba Bel en esa oportunidad intertelediarios que en el atril de prensa tienen los grupos pequeños. De uno de ellos es el nacionalista gallego Néstor Rego. Poco antes de que el debate se incendiara por la tarde, bajaba a la tierra con lógica periférica otro de los grandes anuncios del día, el de la bonificación del billete de tren de cercanías, asunto tan urbano, tan de áreas metropolitanas. “¿Saben cuántos gallegos podrán beneficiarse de la medida?”, preguntaba, y se contestó haciendo un redondel con el índice y el pulgar: “Cero”.