CASA REAL

Felipe VI, ¿el último eslabón de la Familia Real en la Copa del Rey de vela?

La princesa Leonor y su hermana, la infanta Sofía, rompen con la pasión que su padre y sus abuelos han profesado durante 40 años al deporte del mar

Felipe VI, ¿el último eslabón de la Familia Real en la Copa del Rey de vela?
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Elena García

No es casualidad que la residencia veraniega de la Familia Real se llame Marivent. El palacio más popular de España durante la época estival rinde homenaje a los elementos que más abundan en su entorno y que, curiosamente, resultan imprescindibles en el deporte que siempre ha ido ligado a la monarquía española, la vela.

La Copa del Rey es una cita imprescindible en el calendario de regatas del Mediterráneo desde 1982 y en esta nueva edición, que arranca el próximo 30 de julio y que cumple su 40 aniversario, se espera, un año más, contar con la presencia de Felipe VI. El rey, un enamorado de este deporte, que ha sido incapaz de inculcar esta misma pasión a sus hijas, siempre ha encontrado un hueco en su apretada agenda para disfrutar del mar y desconectar de sus obligaciones. Sin embargo, durante los últimos años ha quedado constatado que se trata del único eslabón que ha unido a la Familia Real con la Copa. ¿Será el último?El vínculo de la monarquía española con dicha regata fue instaurado durante los inicios de la competición. Bajo el reinado de Juan Carlos I se restableció la Copa del Rey, manteniéndose la tradición de disputarla en el lugar de veraneo del monarca. Así, en 1982, se comenzó a celebrar en aguas de Palma la primera edición de la misma.

"La Familia Real siempre ha sido muy importante para la Copa. Se va a celebrar la 40 edición y el Rey ha participado en casi todas ellas. Solo su presencia le da un gran prestigio, primero por sus veraneos en Mallorca y después por la participación de numerosos miembros de la familia en todas las ediciones", explica Javier Sanz, actual presidente de la Real Federación Española de Vela y, durante ocho años, máximo responsable del Real Club Náutico de Palma (RCNP). "Seguramente uno de los factores importantes que han hecho que la Copa tenga el nivel que tiene ha sido el apoyo histórico que ha tenido siempre por parte de la Familia Real", admite.

Una tradición familiar

Don Juan Carlos ha sido siempre un amante del mundo náutico, aunque su última participación en la regata balear data de hace ya más de una década. El rey emérito se subió por última vez en una embarcación en aguas mallorquinas en agosto de 2009, ya que en las ediciones siguientes coincidieron con las convalecencias de distintas operaciones quirúrgicas o su exilio del país.

"El papel del rey emérito y el de don Felipe han sido muy diferentes. Don Juan Carlos prácticamente participaba de lleno en la regata y era un navegante más durante toda la semana, incluso se involucraba en la organización de la misma. En cambio Felipe, seguramente por problemas de agenda, solo navega cuando puede, pero sigue haciéndolo en el Aifos y sigue brindando su imagen a la competición, por ejemplo, durante la entrega de premios", desvela Sanz, quien recuerda con especial cariño la ocasión en la que el rey emérito acabó zambullido por sus compañeros en la piscina del RCNP.

Por su parte, doña Sofía fue la pionera de la familia en el mundo de la vela. Ella participó como reserva, representando a su país natal, Grecia, en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960. Esta pasión por el mar se la trasladaron a sus hijos y fue la infanta Cristina, en 1988, la primera de los tres hermanos que tomó parte de unas Olimpiadas como reserva en el 470 femenino de Seúl. Pero sin duda, la gran cita llegó con la celebración de Barcelona 92. En dichos Juegos, el actual rey se preparó a conciencia para colgarse una medalla. Felipe y su tripulación finalizaron sextos en la medal race y solo la falta de una pizca de suerte no les permitió cambiar el diploma olímpico por un metal.

"Al final él es un amante de este deporte. Ama la vela, es un gran regatista y un buen patrón que disfruta de lo que hace. No se me pasa por la cabeza que un día no vaya a seguir participando en la Copa porque se nota que es feliz cuando navega", explica Sanz sobre el amor que profesa don Felipe al mar. "Su Majestad siempre ha practicado la vela y, desde muy joven, realizó los cursillos en Calanova para iniciarse en este deporte. Su participación en la Copa siempre ha sido muy importante, pero creo que su presencia queda diluida dentro del campo de regatas. En el mar todos son igual de importantes y allí el mejor es el que  llega primero. Si no eres muy afinado no sabes tan siquiera en qué barco va. ¿Dónde tiene más repercusión? En tierra. La llegada y la salida son mediáticamente más informativas, pero en el mar son todos iguales", observa por su parte Emérico Fuster, actual presidente del RCNP.

"Con la presencia de la Familia Real, la regata dio un salto cualitativo porque se vio beneficiada por su imagen. Esto fue un revulsivo importante, pero hay que tener en cuenta que la Copa siempre ha sido un evento de primer orden. Lo que representa en el foro náutico es totalmente impresionante", resalta el máximo responsable de las instalaciones

Felipe VI debutaba en la tercera edición de la Copa del Rey con solo 16 años, la misma edad que tiene a día de hoy su hija mayor, la princesa Leonor. Sin embargo, nadie en su entorno tiene ninguna duda de que la primogénita disfrutará de sus vacaciones de una manera muy diferente a la que un día eligió su padre. 

"La princesa Leonor y la infanta Sofía no se han vinculado tanto como en su día hicieron sus tías o su padre. Es verdad que durante los veranos los hijos e hijas de las infantas sí realizaron los cursos de iniciación, pero por circunstancias que desconocemos, ellas no han seguido la tradición. Imagino que hacen otros deportes que nada tienen que ver con la vela", reconoce Javier Sanz.

"Son cosas que tienen que entenderse. Al final la vela es un deporte muy particular y todo depende de cómo lo viva cada uno. En la vida de cada persona existen prioridades y no todo el mundo tiene las mismas. Cuando uno tiene inquietud por algo, evidentemente se preocupa por ello, pero si no la tiene, tampoco hay que obligar a nadie", destaca por su parte Fuster.

La pasión que se pierde

La tradición parece evaporarse y no será, sin embargo, porque doña Sofía no haya luchado por todo lo contrario. En el verano de 2015, fue la propia reina emérita quien acompañó a cinco de sus ocho nietos —los cuatro hijos de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín y la hija de la infanta Elena, Victoria Federica— a practicar la navegación en la Escuela de Vela de Calanova, en Palma. Por aquel entonces ya se echó en falta a las hijas de Felipe VI y Letizia, pero ambas nunca han mostrado la misma pasión que su padre por el mar.

Sus improvisados posados junto a su madre en el Real Club Náutico de Palma, después de que el rey Felipe finalizase alguna jornada, han acaparado durante años la atención mediática de la Copa y, desde la organización, son muy conscientes de la trascendencia que tendría su participación en alguna edición, algo para lo que, lógicamente, siempre están abiertos: "Es algo que nos haría mucha ilusión, pero nunca hemos formalizado ninguna invitación en ese sentido. Creo que si tuvieran interés, la Casa Real nos habría hecho llegar esas inquietudes. Al final es un tema de programa, de eventos y del lugar donde quieren pasar las vacaciones. Pero nosotros evidentemente estamos abiertos y estaríamos encantados. Tenemos una escuela de vela desde hace muchísimos años y la llevamos fomentando para que los pequeños disfruten de ella".

Salvo sorpresa o inscripción de última hora de la infanta Elena, un año más será el rey Felipe VI el único representante de la Casa Real en una Copa del Rey que esta edición contará con 112 barcos inscritos de 20 nacionalidades diferentes. En los tres campos de regatas que se habilitarán hasta el 6 de agosto en la bahía de Palma, competirán un total de nueve clases. El Aifos de Felipe VI —Sofía al revés— exprime sus últimos días en la base de Porto Pi para alcanzar su puesta a punto en la que será una edición muy especial y durante la que, a buen seguro, el monarca volverá a echar de menos la presencia y el apoyo de sus hijas.

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