DEBATE DEL ESTADO DE LA NACIÓN

"No hay aviones" o cómo un debate muy importante trastoca el verano de los diputados

La última Junta de Portavoces escenificó las tensiones que origina la organización del debate sobre el estado de la Nación

"No hay aviones" o cómo un debate muy importante trastoca el verano de los diputados
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El secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Rafael Simancas, que es un hombre que se ha multiplicado por cinco o seis esta primavera por culpa de tantas leyes que el presidente ha ordenado aprobar, pasó un momento delicado el pasado martes, en la Junta de Portavoces del Congreso.

Cinco fuentes presentes en aquella sesión han informado a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que uno de los asuntos que abordaron sus integrantes fue el debate sobre el estado de la Nación, exactamente cuándo empezaría, y sobre todo, cuándo acabaría. El Gobierno ha comunicado ya al Congreso cuáles serán los días, pero no ha sido un anuncio, sino una confirmación, porque Simancas se encargó, ese martes, de apuntar las fechas: comienzo el 12 de julio y fin el 14. Quizá por la presión de la oposición, quizá por despiste, se metió en un pequeño lío, del que luego se esmeró en salir.


/ epe

De acuerdo con las fuentes consultadas, portavoces del PP y de Vox preguntaron a Simancas cuándo sería el debate sobre el estado de la nación, ya que habían visto en prensa, en este medio entre otros, que la idea del presidente, Pedro Sánchez, era encajarlo entre el 11 y el 15 de julio. Querían más precisión porque afrontar un debate como éste, de dos-tres días de duración y de alta exigencia política, no es nada sencillo. 

Para que se hagan una idea: prepararlo requiere que las áreas del partido y del grupo parlamentario se coordinen. Política Nacional, Economía, Políticas Sociales, Energía… Se trata de repasar las medidas que haya activado el Gobierno en cada ámbito y relatar sus resultados. Todo eso hay que plasmarlo en fichas para que el equipo del portavoz vaya hilando el discurso. Se trata de una secuencia muy genérica, una estructura sin detalles, pero sólo mencionarla obliga a pensar en decenas de dirigentes, diputados y asesores enfrascados en ello. No es algo que pueda hacerse bien en un par de mañanas. Si para el Gobierno la preparación es un proceso meticuloso, largo y obligatoriamente muy bien planificado, también para las formaciones de la oposición.

Un detalle de envergadura influye sobremanera este año: las fechas. Julio es mes inhábil en el Congreso, es decir, sin actividad ordinaria. Las convocatorias de las comisiones o del pleno han de seguir cauces extraordinarios. Un debate sobre el estado de la nación lo convoca la Presidencia una vez recibida la comunicación del Gobierno, es decir, una vez lo haya pedido. Obviamente, la elección de las fechas depende de Moncloa, pero las formas exigen (o deberían exigir) contactos previos y consultas con la más alta instancia de la Cámara.

Batet no es una persona expresiva. Apenas deja traslucir emociones. Pero algo debió sentir cuando Simancas, tras varias peticiones de la oposición, anunció oficiosamente las fechas del debate sobre el estado de la Nación. Dijo que empezaría el día 12 “a media mañana” y que terminaría el 14, a ser posible antes de la tarde. Añadió la intención de solicitar, además, un pleno extraordinario para abordar la aprobación del dictamen sobre la ley de memoria democrática, la toma en consideración de la proposición de ley para la renovación del TC y la previsible convalidación del segundo decreto derivado de la crisis económica que ha provocado la guerra de Ucrania. Todavía podría incluirse un punto más en el orden del día.

Siempre según las fuentes, en la Junta de Portavoces se montó una discusión por las fechas y por ese pleno extraordinario con el que, a decir verdad, contaba prácticamente la Cámara entera. Era sabido, o se intuía al menos desde hace tiempo, que el Gobierno deseaba exprimir los plazos ordinarios y extraordinarios para acabar el curso con la mayoría de las leyes aprobadas. Antes de las elecciones andaluzas del 19 de junio, Pedro Sánchez había pedido celeridad y prestancia; tras el batacazo socialista en dichas elecciones, pidió más celeridad y prestancia.

Meritxell Batet, presidenta del Congreso.

/ EFE

El secretario de Estado y la presidenta

Volvamos a Rafael Simancas. Este diputado histórico en el PSOE madrileño, en el que sigue mandando por cierto, es hoy el principal fontanero de la maquinaria socialista de hacer leyes. “Rafa, que el PNV dice que no entra en la ley concursal”. “Rafa, que Bildu pide más para abstenerse en las pensiones”. “Rafa, que a ERC no hay quien le saque del no”. “Rafa, que no sale la ley”... Debe tener una sangre fría alucinante Simancas para soportar los mensajes de su móvil. O tener ya un estrés tan alto que ni siente ni padece. Es esquivo este diputado para la prensa, en ocasiones huraño, pero su función es asegurar que las leyes salen, no asegurar que los medios estén contentos.

El martes 28 de junio, alrededor de las 12.30 horas, Simancas fue afinando tanto la previsión de las fechas del estado sobre el estado de la Nación que hasta llegó a comentar que sería difícil que el presidente pudiera comparecer antes de la media mañana del 12 de julio, aunque todo dependería de cambios de última hora de su agenda. 

Volvamos ahora a Meritxell Batet. Según algunas de las fuentes consultadas (aquí no coinciden todas), la presidenta del Congreso puntualizó ante algunos de los asistentes que sería positivo conocer la agenda del presidente de ese día, y así, explorar opciones de adelantar el debate todo lo posible. Este comentario reveló cierto incordio, en opinión de unas fuentes, aunque a criterio de otras lo que denotó fue puro pragmatismo. ¿Estaría dando a entender que no estaba al tanto de los planes del presidente del Gobierno? Simancas, de hecho, había dedicado algunas palabras a defender la autonomía del poder legislativo en el procedimiento de convocatoria y organización del debate.

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, quien maneja la ironía como pocos y no se pierde ni una, debió interpretar que lo que se estaba dirimiendo era una sutil disputa por el protagonismo político y formal de dicho debate, así que afirmó que no podía extrañar que la elección de las fechas del debate sobre el estado de la Nación fuera del Gobierno antes que del Congreso. “Ya sabemos quién manda aquí”, dicen unas fuentes que dijo. La idoneidad del plazo es sin duda un factor político con el que juega el Ejecutivo, pero no es algo que sólo pueda atribuirse a Pedro Sánchez; lo han hecho todos los presidentes de la democracia.

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, en la tribuna del Congreso.

/ Eduardo Parra / Europa Press

Esteban, en realidad, estaba mosqueado por lo que ya veía que era una falta de previsión. Nada en el reglamento del Congreso regula debates como el que se celebrará el 12 de julio tras siete años sin hacerse, cosas de la inestabilidad y la fragmentación política. Los artículos que se aplican son los que tienen que ver con, precisamente, la autoría de la convocatoria, los requisitos de la misma y la organización de su desarrollo. La Mesa tendrá que pulir los detalles y los tiempos, pero los preceptos número 196 y 197 son los que secuencian los debates de las comunicaciones del Gobierno. El de política general, llamado sobre el estado de la Nación, se enmarca aquí.

Ahora bien, conviene que la oposición tenga margen para prepararse. Aunque el presidente es el que hará anuncios y se llevará el foco, la oposición necesita un estudio pormenorizado de la situación del país para localizar los flancos más débiles de la gestión

Hacerlo en julio, en periodo inhábil, en medio de las vacaciones de quien pueda tomárselas, es serio. Fastidiar las vacaciones de quien pensó que se las podría tomar es más serio aún. Todas sus señorías acudirán al Congreso el 12 de julio, y con ellos, asesores y cientos de funcionarios y trabajadores eventuales (ujieres, informáticos, policías, etc).

Aquí emerge la figura de Ana Oramas, una de las más veteranas de la Cámara, diputada de Coalición Canaria por Santa Cruz de Tenerife. Lamentó la elección de fechas y la aparente banalidad con la que el Gobierno estaba manejando los plazos. Y sobre todo la idea de añadir un pleno extraordinario para aprobar leyes y convalidar un decreto de enorme trascendencia como el de la crisis de la guerra de Ucrania. Su preocupación radicó en la posibilidad, sólida posibilidad entonces, de que el pleno se fuera al 15 de julio, fecha clave de la operación salida de millones de españoles. Ya acabar el 14 a medianoche sería una lata de considerables proporciones. Ella, que va y viene en avión desde hace años, ironizó con que si el Gobierno sabía que viajar a Canarias un 15 de julio, o por esas fechas, puede ser una locura. “No hay aviones ya”, cuentan que espetó.

Hacer un debate sobre el estado de la nación en julio efectivamente puede ser un lío: un lío que luego se bifurca en varios líos más. Basta preguntar a los trabajadores/as de la agencia de viajes del Congreso para comprobarlo. Busque usted ahora un hotel, un AVE o un avión para el 15 de julio por la mañana. ¿Complicado, verdad? 

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