LIMÓN & VINAGRE

José María Aznar, otro que ganó las andaluzas

José María Aznar, otro que ganó las andaluzas

El PP arrasa con todas las Andalucías, y Aznar comparece ante Susanna Griso. El más español del país siempre entona el idioma con acento extranjero variable, ese día tocaba un deje alemán. Lo sabe todo, lo había predicho todo, lo augura todo

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Kennedy popularizó los "cien padres que tiene la victoria", y cuando el triunfo lo consigue el PP, corre Aznar a reivindicar la paternidad múltiple. Otro que ganó las andaluzas, ni la holgada mayoría de Moreno Bonilla dará para tanto pretendiente. Con el expresidente popular que odia la etiqueta de "jarrón chino" (véase entrevista con Carlos Herrera), también se cumple el remate de que "la derrota es huérfana".

El único error que Aznar admite a regañadientes es haberse retirado a tiempo. Le restriega a Pablo Iglesias que el PP nunca se financió ilegalmente, en una comisión de investigación parlamentaria al respecto. Presume de gobiernos impecables, en los que relucían Rodrigo Rato, Jaume Matas o Eduardo Zaplana, después encarcelados. En una entrevista autorizada de 2018, dado que su protagonista la incluye en su biografía electrónica, resalta que "para ser exactos, ninguno de ellos lo está con motivo de los actos realizados en el Gobierno. De lo demás yo no puedo responder, es su responsabilidad pero no la mía". Con sus sucesores no se muestra tan condescendiente. "Al actual PSOE de Sánchez no se le puede calificar de fuerza constitucional".

El PP arrasa con todas las Andalucías, y Aznar comparece ante Susanna Griso. El más español del país siempre entona el idioma con acento extranjero variable, ese día tocaba un deje alemán. Lo sabe todo, lo había predicho todo, lo augura todo. Es bonito escuchar que ha rehabilitado a Rajoy, después de haberlo denigrado como "un ministro estupendo y un vicepresidente estupendo", con exclusión lacerante de los siete años en la Moncloa sin la tutela aznarista. Durante ese lapso, "el PP entró en una etapa de confusión".

Iñaki Gabilondo es un sastre de las palabras, pero perdió las medidas al sentenciar que "Aznar saca lo peor que hay en mí". Es el mejor retrato a navaja del personaje inescapable. Al contemplarlo en Antena 3, un día antes de ver una de las mejores películas del año, se concede que la fisonomía lo coloca junto a Tom Cruise. Por la búsqueda del protagonismo infinito, por el pánico a envejecer, porque su sola aparición en la pantalla polariza a las mentes más equilibradas. Y porque su momento más Maverick se produjo al salir a pie de su vehículo bombardeado por ETA. Aquel día se ganó La Moncloa.

Aznar presume de ocho años de gobierno más impecables que un jardín francés, pero los corchetes entre 1996 y 2004 no cuentan la misma historia. Su primera mayoría renqueante se cifra en la sustitución del "Pujol, enano, habla castellano" por el "Pujol, guaperas, habla lo que quieras". El pacto del Majestic implicaba más concesiones a la Generalitat que una declaración de independencia de Cataluña. En cuanto a la clausura del aznarismo, se llama 11M. No sobresale tanto por las fabulaciones del Gobierno como por tratarse del mayor atentado jamás acometido en suelo europeo, con 191 fallecidos solo superados por los 270 de la catástrofe aérea de Lockerbie. Para el mundo entero, Al Qaeda pasó la factura de la fotografía de las Azores. El ranchero amigo de Bush ni siquiera pronuncia la expresión "atentado islamista", sino que "digo lo que dije en la comparecencia del Congreso". A saber, "los que idearon el 11M no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas".

Tres años antes de Atocha, en el otoño del 2001 sellado por la caída de las Torres Gemelas, estuve a un metro de Aznar cogido del brazo de Yasir Arafat, del brazo de Hosni Mubarak, del brazo de Simón Peres. Cuatro gobernantes distintos y un solo estupor compartido, lo peor estaba por llegar, Occidente se disponía a perder la superioridad moral.

El expresidente del Gobierno José María Aznar ha expresado su apoyo al líder del PP, Pablo Casado, y, tras negar críticas a su partido en un mItin en Valladolid, ha reclamado que el conflicto con Isabel Díaz Ayuso por el control del PP madrileño se zanje cuanto antes.

Griso no va a ponerlo en aprietos, la mitad de respuestas están mascadas en la pregunta, así que Aznar aprovecha para colar que los gobernantes que consiguen la mayoría absoluta tras una legislatura en precario le deben prácticamente la carrera. Ergo, Bonilla. Qué diferencia en aplomo con el debut veraniego del presidente. Nadie se atrevería a musitar que no sabía nadar, pero durante sus vacaciones de pobre en Menorca, apenas se alejaba del modesto llaüt mientras ensayaba un tímido chapuzón. Siempre con la embarcación al alcance de la mano, tampoco había perdido todavía el contacto con la realidad.

Misión cumplida, Aznar se ha declarado imprescindible. Nadie en el partido se atrevería a confiarle al primer presidente del PP que, antes de recuperar su augusta figura, resucitarían a Pablo Casado. Sí, aquel líder que según Aznar reunía "condiciones y convicciones extraordinarias. Tengo gran confianza en lo que pueda hacer". Dicho, hecho y enterrado.

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