ANDALUCÍA

Olona desplaza a Vox como fuerza más votada en los 21 municipios que ganó en 2019

La ‘lepenización’ de Vox, con una expansión hacia clases populares y votantes de izquierdas, no ha ocurrido

Olona desplaza a Vox como fuerza más votada en los 21 municipios que ganó en 2019
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Vox se convirtió en la fuerza más votada en 21 municipios en Andalucía en las elecciones generales de noviembre de 2019. En todos, sin excepción, el pasado domingo ganó el PP. Ni en Algeciras (Cádiz) el segundo municipio más grande que ganó en España, ni en el que había sido su fortín andaluz, el Poniente almeriense, con emblemas como El Ejido, Níjar, Roquetas de Mar o Adra, la candidata Macarena Olona logró mantenerse en el primer puesto en las autonómicas. Caen al segundo e incluso a la tercera posición. Tampoco en la provincia de Málaga, donde ganó en municipios como Estepona, Benahavís, Benalmádena o Coín, conserva la vitola de lista más votada. Ni en municipios donde hace tres años dieron la sorpresa, como Lucena, en Córdoba. Hasta en el pueblo de origen de Juan Manuel Moreno (PP), Alhaurín el Grande (Málaga) ganó Vox en las generales y ahora ha quedado barrido por el PP y muy lejos de la primera posición.

En aquellas elecciones, en nueve pueblos andaluces de los diez de más de 20.000 habitantes con la renta per cápita más baja (menos de 7.000 euros anuales) de España, Vox arrasó. Logró la primera posición en Níjar, Vícar y Adra (Almería), Alhaurín el Grande (Málaga) e Isla Cristina (Huelva) y quedó en segunda posición en Los Palacios y Villafranca (Sevilla), Barbate, Sanlúcar de Barrameda y Arcos de la Frontera (Cádiz). En estos cayó a tercera fuerza mas votada y el PP ha ganado la primera posición en todos sin excepción.

Acto de inicio de campaña de la candidata de Vox a la Presidencia de la Junta, Macarena Olona en el Plaza de Isabel la Católica, a 3 de junio de 2022 en Granada (Andalucía, España).

/ Álex Cámara / Europa Press

Vox diseñó una campaña muy pegada a esos lugares donde ya había ganado. Posiblemente conocía las dificultades de estas andaluzas y por eso optó por una candidata fuerte, la segunda o tercera figura política más valorada del partido, y además diseñó sus actos públicos en las localidades donde había ganado en las generales, además de en las capitales de provincia. Nada de Vallecas en Andalucía, como sí hizo en las elecciones de Madrid, buscando nuevos nichos de votos. Los resultados demuestran que su estrategia falló. No afianzó sus votos, con un trasvase estimado en el 20%, al PP.

Ni medio rural ni voto obrero

Tampoco logró dos de sus objetivos declarados: penetrar en el medio rural y hacerse con voto obrero. El fracaso de ambas estrategias es notable. La ‘lepenización’ de Vox, con una expansión hacia clases populares y votantes de izquierdas, no ha ocurrido. El retrato del votante de Vox, según el análisis elaborado por el analista de datos Endika Núñez, The Electoral Report, señala que tres de cada cuatro votantes de Vox son hombres, el 14% jóvenes de entre 18 y 29 años y un 15% hasta los 44. Con nivel de estudios superiores y autónomos o empresarios (18%). El voto obrero indignado sigue en la abstención en Andalucía.

Son muchos los elementos que los expertos analizan para explicar este pinchazo electoral de Vox respecto a las generales, en las que este partido ganó al PP en cuatro provincias, Almería, Cádiz, Huelva y Sevilla y quedaron prácticamente empatados en Andalucía en porcentaje de votos, con un 20,78% para el PP y 20,61% para Vox y apenas 7.000 votos de diferencia. El 19-J, el PP se llevó el 43,13% de los votos y Vox el 13,46%. Respecto a las autonómicas de diciembre de 2018, el partido de Santiago Abascal sí ha crecido en casi cien mil votos y en dos escaños. Vox pasa de quinta a tercera fuerza en el Parlamento andaluz y su distancia respecto al PP se agranda de forma importante, la brecha pasa de diez a treinta puntos porcentuales en estos casi cuatro años.

El espacio político se achica

Alberto López, investigador postdoctoral en la Universidad de Ámsterdam y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Zurich, ha seguido de cerca el comportamiento electoral con Vox en las andaluzas y concluye que más allá de la campaña o la candidata, el partido tiene nuevos retos difíciles de superar. Por primera vez estaba en un gobierno, en Castilla y León, cuando concurrió el 19-J, eso hace que se acabe parte de su retórica, de promesas que no podrá ejecutar, pero también achica el espacio de su discurso contra el PP de “derechita cobarde”. Si gobiernan juntos, la captación de voto intrabloques, dice López, es ya más complicada.

El PP, por el contrario, acudió a las urnas con un discurso de centro y moderación, distinguiéndose y diferenciándose de la extrema derecha, después de una legislatura en la que Moreno había logrado ser presidente gracias a Vox para luego rehuir su guerra ideológica y mantenerse al margen en asuntos conflictivos como el cambio climático, la violencia de género, las políticas de igualdad, a favor del colectivo LGBi o el famoso pin educativo, que nunca se implantó en Andalucía.

“Vox es rehén precisamente de aquello que le permitió nacer: la cuestión territorial. Sin embargo, a pesar de que este conflicto les haya hecho nacer y destacar, ellos mismo saben que necesitan diversificar y hacerse fuertes en otros aspectos”, explica Daniel Guisado, politólogo y experto en análisis político y electoral. Miran con gran interés lo que pasa en Italia y Francia y no fue casualidad que la invitada de honor en la campaña andaluza, una aliada cada vez más frecuente, fuera Giorgia Meloni.

Giorgia Meloni junto a Marcarena Olona en el mitin de Marbella

/ Vox

Una escisión del PP

“Ellos quieren dejar de ser la fuerza anti-independentista (una pista de baile en la que hay muchos actores ya) y pasar a ser la fuerza anti-inmigración, anti-Sánchez, anti-globalización...”, explica Guisado. “El problema es que esto se lo pueden permitir formaciones como Fratelli o el Frente, que aunque guarden semejanzas con Vox tienen orígenes y antecedentes radicalmente distintos. Estas fuerzas no nacen tan vinculadas a la derecha 'mainstream' de sus países. Por ponerlo de otro modo: Vox y el PP son hermanos, mientras que Le Pen y Republicanos o Meloni y Berlusconi/Salvini son primos hermanos. Ellos pueden criticar a la izquierda, a la derecha y a todo lo que ellas representan, pero Vox está anclado a la segunda”, reflexiona Guisado.

Este partido tendrá muy difícil, sostienen los expertos, ser algo más que el ala más de extrema derecha de quienes fueron votantes del PP. “Tienen una sociología de votantes idéntica en muchos aspectos a la del PP, y hasta ahora quien votaba a Vox lo hacía porque eran los guardianes de España contra los independentistas o porque son los que abrazan tesis centralistas (que no son mayoritarias) con más ahínco. Ahora intentan activar otros 'issues' como la migración, el chovinismo, la seguridad, la globalización”, explica el analista, pero en las andaluzas no les ha funcionado.

“El problema de Vox es estratégico y estructural”, considera el doctor en Ciencias Políticas Alberto López, convencido de que lo que ocurre en Andalucía sí inaugura “una tendencia” y “tiene lectura en el ámbito nacional”. “La marca es Vox y la derrota no es de Olona es de todo el partido”, explica López. Abascal ha acompañado a la candidata durante los actos públicos. Sin el líder nacional, Olona suspendió su agenda en el ecuador de la campaña.

Este experto apunta además algo interesante, el discurso de Vox es el mismo para toda España. A diferencia del PP, con un alma más dura con Isabel Díaz Ayuso y otra más moderada, con Moreno y Alberto Núñez Feijóo. También el PSOE juega con esa dualidad en su discurso político. “Vox para lo bueno y lo malo es solo una marca en todo el territorio nacional, un solo discurso, y España es muy grande y muy diferente entre sus territorios. Esto les va a perjudicar mucho”, advierte López, que considera que a Vox se le achica tras las andaluzas de forma importante su espacio político.

La candidata de Vox, Macarena Olona, flanqueada por Jorge Buxadé, Iván Espinosa de los Monteros y Santiago Abascal. 

/ EFE

No convencen a la clase obrera

“El discurso suena impostado. Vox realiza gestos proteccionistas en sus discursos a la clase trabajadora. Pero, de nuevo, choca con su sociología electoral originaria, que viene del PP. A Vox le ocurre lo mismo que al PP, que los trabajadores que le votaban ya eran de derechas o se identificaban con partidos ideológicamente de derecha. Y de momento no han conseguido romper el cerco. Hablan de la clase trabajadora, pero miran con malos ojos el salario mínimo, el ingreso mínimo vital o medidas similares de redistribución. Meloni puede criticar las élites europeas globalistas o Le Pen a la izquierda vendida al capital que han abandonado a los trabajadores porque suenan creíble. Vienen de orígenes distintos y tienen una trayectoria chovinista creíble. Vox, con sus apellidos, formas e historial, no”, sostiene Guisado.

Les ocurre algo parecido con el rol de la mujer. “Saben que tienen un problema (en Andalucía les votaron el doble de hombres que mujeres) y necesitan corregirlo. Por eso ven que hay estrategias que parecen funcionar en Francia o Italia, pero las copian mal. Lo mismo un día critican al feminismo porque instala una concepción de la maternidad solitaria (lo dijo Olona en el Pleno último del Congreso de los Diputados) que a la semana siguiente rechazan que no se pueda soltar por la calle "piropos" como aquel de "ese si es un cuerpo y no el de la Guardia Civil"”, añade este analista. “En definitiva, Vox sabe que debe ampliar su base electoral, pero es presa de sus orígenes políticos, Cataluña, y sociales, gente que viene del PP, generalmente adinerada, con políticas económicamente neoliberales y nada proteccionistas”, concluye Guisado.

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