RECONFIGURACIÓN DE LA IZQUIERDA

Podemos llama a acelerar las alianzas municipales y autonómicas para evitar otro fiasco en 2023

El partido apuesta por mantener la marca de Unidas Podemos por estar ya consolidada, mientras Yolanda Díaz da esta fórmula por amortizada

Juan Antonio Delgado, Yolanda Díaz y Alberto Garzón. 

Juan Antonio Delgado, Yolanda Díaz y Alberto Garzón.  / EFE

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La marca electoral debe estar consolidada antes de las próximas elecciones. Esta afirmación, que raya la obviedad, es una de las lecciones que asumen en Podemos después del estrepitoso fracaso en las andaluzas, donde la coalición Por Andalucía que une a seis fuerzas de izquierdas, obtuvo sólo 5 escaños frente a los 17 de 2018. Un "muy mal resultado", resumen en la formación, del que se deben extraer conclusiones. Una de ellas es que hay que pisar el acelerador para pactar las candidaturas de cara a las municipales y autonómicas que tendrán lugar en primavera de 2023. Un proceso del que es previsible que se desmarque Yolanda Díaz, que el 8 de julio se embarca en la construcción de su proyecto nacional para las generales de finales del próximo año.

En la noche electoral, la candidata andaluza Inmaculada Nieto achacó a distintos factores externos el fracaso, como a las encuestas, el clima social o el empeño de Teresa Rodríguez de ir en solitario. Entre los pocos asuntos que mencionó que dependían de forma directa de la coalición estaba precisamente el nombre de la alianza: "Éramos conscientes de las dificultades de la premura de incorporar una marca nueva a la arena electoral", admitía, "sin tiempo de haberla popularizado, sin que la gente se hubiera familiarizado con su nombre, con que trabajáramos las seis organizaciones juntas...el escenario era adverso", resumió la dirigente.

Las distintas organizaciones que conforman la coalición andaluza coinciden en que la marca desconocida y la ausencia de Podemos en la papeleta contribuyeron a generar cierta confusión en los colegios electorales; tanto es así que el partido tuvo que lanzar un comunicado durante la jornada electoral aclarando que su opción era Por Andalucía. Si este caos de siglas contribuyó a desmovilizar al electorado progresista, tampoco ayudó el choque frontal entre Podemos e IU en la fase final de negociaciones para la coalición; un desencuentro que tuvo como desenlace el que los morados quedaran oficialmente fuera de la candidatura, por no haber llegado a tiempo al registro.

El fracaso electoral en Andalucía todavía escuece en las filas de Podemos, donde siguen haciendo recuento de los tropiezos y errores cometidos durante la campaña, gran parte de ellos achacados a Izquierda Unida, que llevó las riendas de Por Andalucía y que, consideran, "ocultó" cualquier rastro de Podemos. Los resultados de esta operación demuestran en su opinión que "Podemos no es el lastre" y que el problema reside en toda la izquierda, y no en la marca concreta del partido.

Hay quien cree que después de lo vivido en los comicios del domingo "hay que tomar nota"; y que, además de los tiempos, habría que "repensar" la innovación en cuanto a marcas electorales. "Nosotros propusimos Unidas Podemos por Andalucía porque era lo más reconocible, la gente ya sabía lo que había", resumen. Ésta es la apuesta de los morados también de cara a futuro. La coalición Unidas Podemos se selló en 2016 en el famoso pacto de los botellines entre Alberto Garzón y Pablo Iglesias, y la marca ha aguantado durante los últimos seis años. Sin embargo, el nuevo proceso de 'refundación' del espacio liderado por Yolanda Díaz aspira a pasar pantalla, y da esta coalición y este nombre por amortizado, según fuentes conocedoras.

Muestra de ello fue la escasa implicación que mostró la vicepresidenta segunda del Gobierno en las elecciones de febrero en Castilla y León, donde se presentó Unidas Podemos, y al que sólo acudió a un acto extremadamente discreto. En el proceso andaluz, en cambio, Díaz se implicó durante las negociaciones para que llegaran a buen puerto y para poner en marcha una primera avanzadilla en lo que será su política de alianzas, que pretende unir a actores hasta ahora alejados. Una fórmula nueva que requiere de nuevos nombres, más pegados al territorio y lejos de marcas estatales.

Podemos, no obstante, se abre a cesiones en cuanto a las siglas, como ya hizo en la arena andaluza. Eso sí, habiendo experimentado ya el efecto de llevar unas siglas nuevas a una cita electoral, consideran que para poder llegar al electorado deberán ir con una marca "consolidada", que requerirá de un tiempo de "maduración" para que pueda identificarse y darse a conocer. Pero el calendario no juega a su favor. Yolanda Díaz iniciará el 8 de julio su llamado 'proceso de escucha', en el que mantendrá encuentros con la sociedad civil para armar un 'proyecto de país' para la próxima década. Este proceso culminará a finales de año, y sólo en 2023 Díaz abordará con el resto de partidos posibles alianzas a nivel estatal para las elecciones generales de finales de año.

En Podemos consideran que "Yolanda marcará los tiempos" también con las alianzas a nivel autonómico y municipal", y que previsiblemente haya que esperar hasta que culmine esta primera fase de construcción a finales de año. Sin embargo, emplazar las negociaciones para 2023 aboca a la izquierda a sumirse en nuevas urgencias, teniendo en cuenta las enormes dificultades que existieron para llegar a acuerdos en el precedente andaluz, donde el desencuentro entre las dos principales formaciones llegó al extremo, y no fue hasta la hora límite para registrar la coalición cuando se alcanzó el acuerdo.

Pese a esto, Díaz no prevé entretenerse demasiado en las municipales y autonómicas de primavera. Sí apoyará a aquellas candidaturas de izquierdas que estén consolidadas y que representen el el espíritu de su proyecto, aunque su implicación estará ponderada, al igual que lo estuvo en Andalucía, donde Díaz apostó por la coalición Por Andalucía pero marcó fuertes distancias tras las turbulentas negociaciones, asegurando que "mi proyecto no tiene nada que ver".

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