ELECCIONES EN ANDALUCÍA

Andalucía se encamina a las urnas sin atisbo de vuelco y con viento a favor del PP

El PP se juega gobernar con Vox y las izquierdas movilizar a sus electores en el que puede dejar de ser el gran feudo del PSOE en España

Un hombre frente a unos carteles electorales de las elecciones en Andalucía, en Mairena de Aljarafe, Sevilla. 

Un hombre frente a unos carteles electorales de las elecciones en Andalucía, en Mairena de Aljarafe, Sevilla.  / REUTERS/Marcelo del Pozo

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Antes de acabar abril, el presidente del Gobierno andaluz, Juan Manuel Moreno, tras semanas de indecisión, optó por anticipar unos cinco meses las elecciones andaluzas para celebrarlas el domingo 19 de junio. Al cierre de la campaña electoral son muchas las incógnitas que deben resolver las urnas aunque la salida del PP del Gobierno en Andalucía es, a la luz de todas las encuestas, improbable. El viento sopla de cola para los populares.

Los sondeos han reiterado que el PP es el favorito e incluso podría conseguir un hito histórico con una mayoría suficiente para gobernar en solitario, lo que supondría un segundo mandato para Moreno como presidente, pero también un cambio político en la sociedad andaluza. El PSOE ganó las pasadas elecciones de 2018 y el PP gobernó con el peor resultado de su historia tras un pacto con Cs y Vox.

Ahora Vox pelea por hacerse con la llave del Gobierno y llegar a una vicepresidencia, como consiguió en Castilla y León. Cs se juega su supervivencia y salvarse de la desaparición con un resultado que le permita permanecer en el Parlamento e incluso volver a reeditar la coalición en la Junta.

El PSOE apela al “orgullo rojo” y pelea con uñas y dientes para revertir la sentencia de los sondeos, que abocan al que fue partido hegemónico entre los andaluces al desastre electoral, incluso con un retroceso respecto a los peores resultados de su historia, cosechados por Susana Díaz en 2018. Bajar del millón de votos tendría consecuencias serias en uno de sus grandes fortines y pasaría factura a Pedro Sánchez pensando en las generales. Además, si el PP logra una victoria sólida, se afianzaría la idea de cambio de ciclo político y se dispararía el ‘efecto Feijóo’ que atribuyen a la renovación del liderazgo en el PP y su nuevo presidente, Alberto Núñez Feijóo. El terremoto político podría incluso tener consecuencias y desencadenar una crisis de Gobierno como revulsivo.

El presidente del PP-A y candidato a la reelección Presidencial de la Junta, Juanma Moreno clausura el acto de cierre de campaña del PP.

/ Eduardo Briones / Europa Press

Las izquierdas se juegan también mucho en unas elecciones que no pudieron empezar con peor pie. La división al lado izquierdo del PSOE marcó la campaña en sus inicios y solo la figura de la vicepresidenta Yolanda Díaz ha conseguido mítines multitudinarios en la última semana. Hay dos papeletas en la izquierda andaluza más allá de la socialista, la de Teresa Rodríguez con Adelante Andalucía y la de Por Andalucía, que integra a Podemos, IU, Más País, Equo, Alianza Verde e Iniciativa del Pueblo Andaluz. Una confluencia electoral que abre el camino para el proyecto político nacional ‘Sumar’ de Díaz en España, con la enorme dificultad que entraña tener a Podemos resistiéndose a ceder poder y negándose a asumir un papel de partido subalterno.

Campaña plana 'in crescendo'

La campaña electoral comenzó muy plana y fue ganando en tensión. En los primeros días, la sucesión de ferias, romerías y fiestas patronales marcó las fotos de los candidatos y también la desconexión de los andaluces, que no daban muestras de mayor interés por unas elecciones que no tenían ni siquiera escenografía callejera, con poquísimas banderolas o carteles en las vías públicas. Los debates electorales, en TVE y Canal Sur el primer y segundo día de campaña cambiaron esa tendencia. Una ola de calor con temperaturas por encima de los 40 grados marcó la segunda semana y aunque los termómetros hablan de una tregua, hay temor a que este domingo, puente del Corpus en algunas provincias, los andaluces elijan irse a la playa y no votar.

La participación es otra de las incógnitas. Las izquierdas han acusado a Moreno de buscar esa desmovilización, pero ahora tensa incluso a un PP que optó por perfil bajo, ante el temor de que sus electores se relajen por la sucesión de encuestas favorables. El voto por correo se ha disparado un 96%, un dato que hace pensar que muchos ciudadanos (162.000) querían votar pero no estarían en su lugar de residencia.

Moreno (PP) ha hecho una campaña de tono presidencialista, amable, sin perder la sonrisa ni el buen tono y sin responder a la gran pregunta: ¿pactaría un Gobierno con Vox? ¿Daría la vicepresidencia a Macarena Olona? El líder del PP ha rehuido todas las batallas ideológicas y todos los envites de Vox. Con una campaña ‘marca Juanma’, con las siglas del PP casi desaparecidas y supeditadas a su perfil como presidente, ha defendido una gestión desideologizada y para todos los andaluces, con muchas más banderas de Andalucía que de España o del partido en todos los mítines. Ha sido la clave de la campaña del PP, que pelea por escribir un momento histórico y lograr el gran vuelco político que no consiguió en las anteriores elecciones. Moreno no quiero que sus electores se relajen, pero en sus filas ven próxima “la mítica cifra" de los 55 diputados, mayoría absoluta. Sería un cambio sin precedentes en una comunidad de hegemonía socialista.

Juanma Moreno, durante la clausura del mitin del PP en Málaga.

/ Efe

El PP ha apostado la mayor parte de su campaña a ensanchar su base electoral por el centro izquierda, pidiendo el voto de electores socialistas en anteriores comicios. Ahí está la clave de estas elecciones, habrá que ver si Moreno consigue convertir de verdad al PP en el partido mayoritario y de las clases medias en Andalucía. El líder nacional ha hecho una campaña propia en Andalucía, con actos al margen de Moreno, pero muy respetuosa con el candidato.

La duda de Olona

Frente a esa apuesta, Vox ha hecho una campaña dura, agresiva, en la que Macarena Olona no ha convencido como el “cañón electoral” que los suyos dijeron que sería, tirando de tópicos y folklore para suplir su origen alicantino. El lío de su empadronamiento, presuntamente fraudulento, en Salobreña (Granada) y el papel fallido de la candidata en el primer debate hicieron a Vox primero quitar del foco a Olona durante varios días y luego cambiar de estrategia, enfatizando aún más los temas ideológicos. Vox arrancó con grandes expectativas, de hasta 26 diputados, y acaba con previsiones que sitúan a la extrema derecha por debajo de los 20.

Giorgia Meloni junto a Marcarena Olona en el mitin de Marbella

/ Vox

Su mensaje respecto al PP es claro: no darán ni un solo voto gratis. Exigen entrar en el Gobierno de Andalucía, sea cual sea la aritmética electoral. Moreno tendrá muy difícil formar gobierno si no queda muy cerca de la mayoría absoluta, las izquierdas ya han descartado rotundamente una abstención para evitar a Vox en la Junta. El PP confía en Cs, que ha hecho una campaña desinhibida en la que Juan Marín, acompañado de Inés Arrimadas, ha sacado provecho con humor y un buen papel en los dos debates electorales. Si consiguen estar en el Parlamento con dos o tres diputados serían fundamentales para sumar los 55.

El candidato socialista, Juan Espadas, ha hecho más kilómetros que nadie en una campaña intensa, con el lema "Si votamos, ganamos", pero que los sondeos auguran no servirá para frenar una hecatombe. El PSOE confía en dar la sorpresa y que el voto oculto demuestre que no van a caer de los 33 diputados actuales. Espadas fue un candidato designado por Ferraz y ha contado con el apoyo de Pedro Sánchez y de los ministros en su campaña para vender la gestión y las políticas sociales del Gobierno frente a la inacción de la que acusan a Moreno en la Junta y con una advertencia: votar PP es meter a Vox en la Junta. Los socialistas han apelado al orgullo rojo, han defendido los 37 años de PSOE en Andalucía con mensajes como que “todo lo bueno” que hay en la comunidad se debe a este partido e incluso ha hecho un amago de empezar a reconciliarse con un pasado difícil por el caso de los ERE.

Pedro Sánchez y Juan Espadas.

/ EFE

El estreno de Díaz

Por Andalucía tuvo un inicio muy difícil. La pelea tan dura de Podemos frente a IU y Más País por el cabeza de cartel, los puestos de salida de las candidaturas y los recursos económicos provocó un acuerdo político fuera de plazo legal. La pelea estaba en Andalucía, pero se decidía en Madrid, donde Podemos pelea por no ser engullido sin más por el proyecto político que Yolanda Díaz ha anunciado que comenzará el 8 de julio, Sumar, y con el que ya se ha postulado como candidata en unas generales “para ganar España”. La vicepresidenta y ministra de Trabajo, que comenzó borrándose de la campaña andaluza, rectificó ante las peticiones de auxilio de IU y el PCE y ha demostrado que tiene mucho tirón arropando a la candidata Inmaculada Nieto.

Llena los mítines, aunque no se sabe si eso evitará el descalabro en las urnas que señalan las encuestas por la fragmentación de este espacio y la confusión de los electores entre peleas y siglas distintas. Andalucía será el punto de partido de este nuevo proyecto de las izquierdas en España y aunque no se consolide en las urnas, todos los actores admiten ya que la confluencia política y el liderazgo de Díaz es irreversible.

La candidata de Por Andalucía, Inma Nieto, la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, y el secretario general del PCE, Enrique Santiago.

/ Europa Press/Rafael Madero

Desde Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez ha hecho una campaña muy personal y efectiva, defendiendo que son la única formación sin tutelas desde Madrid y con obediencia andaluza, reivindicado el acento andalucista y sin rehuir desde el primer momento el cuerpo a cuerpo con la candidata de Vox, Macarena Olona, convencida de que era una obligación “desenmascarar” a una extrema derecha a la que ha acusado de “disfrazarse” para “engañar” a los obreros y la gente el campo en Andalucía. Con pocos recursos ha sido sin duda una de las campañas más eficaces en cuanto a repercusión mediática y en redes sociales.

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