CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

La fiesta de la aritmética parlamentaria tiene un invitado sorpresa: el "pique" entre PNV y EH Bildu

  • Ambos partidos, que en las elecciones municipales vascas de 2023 medirán sus fuerzas, negocian con discreción y habilidad y están logrando medidas

  • A cambio, las leyes de Pedro Sánchez salen adelante, desde el decreto anticrisis a, probablemente, la futura ley de los planes de pensiones

La fiesta de la aritmética parlamentaria tiene un invitado sorpresa: el "pique" entre PNV y EH Bildu
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Un diputado de la dirección de un partido que forma el Gobierno se refería así a EH Bildu el jueves pasado, tras la votación del dictamen de la nueva ley de los planes de pensiones, en la que los vascos se abstuvieron para, casi, salvar la norma: "Lo están haciendo muy bien; son unos negociadores profesionales. Su labor en el Congreso es fundamental".

Tenía sentido el alborozo del diputado, que es una de las personas que más negocia de la Cámara. Antes del encuentro concertado con él, debió atender dos llamadas esenciales para el desenlace (exitoso) de una negociación. "No paro nunca", decía. Su última misión fue precisamente la ley de los planes de pensiones, que no resultó nada sencilla. Aunque observó la evolución de los acontecimientos desde un segundo plano, no pudo sortear algún que otro "marrón". No solamente ha de gestionar las dudas y disputas de su grupo, sino las dudas y disputas de los demás grupos. Es lógico que los viernes intente descansar.

El ritmo del día a día en el Congreso, incluso en semanas sin actividad plenaria como la pasada, es extenuante. Hay "overbooking" de leyes en la nevera y el Gobierno ha decidido sacarlas casi todas. La frecuencia de aprobación legislativa ha aumentado considerablemente, y no son normas menores. Aunque parezcan lejanas, como la de telecomunicaciones o la audiovisual, se trata de regulaciones que afectan a poderosos sectores empresariales o a derechos ciudadanos. La ley de telecomunicaciones, la ley de igualdad y no discriminación, la citada normativa audiovisual, la de garantía de la libertad sexual (del sí es sí) son las últimas cuatro. Se aceran la de los planes de pensiones y la de ciencia. La primera quiere favorecer el ahorro de los trabajadores a través de sus empresas. La segunda quiere aumentar la inversión y retener talento.

Y se acerca un nuevo decreto anticrisis. El pasado 28 de abril, el Congreso aprobó el Plan Nacional de Respuesta a las consecuencias provocadas por la guerra de Ucrania. Por varias razones, aunque por una esencial (el angosto margen de negociación del que dispusieron los grupo de la oposición), el contenido gustó a muy pocos. Al final salió adelante con mayoría absoluta, 176 votos. Pero si se repara en la cifra de "noes" queda claro que no fue un trago dulce para el Gobierno. 172 diputados le dijeron al Gobierno que así no.

Si ese decreto sigue en vigor es por una serie corta de partidos: PSOE, Unidas Podemos, Más País... y EH Bildu y PNV.

Encontrar un espacio

Mertxe Aizpurua es la portavoz del grupo abertzale. Le acompañan Oskar Matute, Jon Iñarritu, Bel Pozueta e Iñaki Ruiz de Pinedo. Cinco representantes en el Congreso para repartirse las ingentes e innumerables tareas que tienen por delante. Ser grupo pequeño en una Cámara a todo gas resulta asfixiante. Una de las fuentes de esta formación reconocía, en una conversación mantenida hace un par de meses, que les era imposible llegar a todo. Lógicamente no registran enmiendas para cada ley que les llega. Eso les obliga a seleccionar y a priorizar. El siguiente paso es encontrar el sitio en el que pueden negociar. El tercero es negociar con habilidad.

Con la ley de pensiones sucedió exactamente así. Era una ley que no les gustaba nada, pero apelaba a uno de los pilares programáticos y políticos que EH Bildu se ha marcado en el Congreso. Todos esos pilares sostienen su apuesta por la agenda social. Dado que la pelea por la identidad territorial no atraviesa su momento más fértil, hay que explorar el Estado de Bienestar. Y en el Estado de Bienestar, en este país, si un elemento brilla con luz propia, son las pensiones.

EH Bildu aprovechó la ocasión para plantear en sus enmiendas un aumento de las pensiones no contributivas: un 15% al mes, es decir, entre 60 y 100 euros. Transmitieron a los negociadores socialistas que si le "compraban" la propuesta, saldrían del rechazo al proyecto. Hecho. Ruiz de Pinedo lo anunció en la Comisión, antes de votar el dictamen: "nos vamos a abstener".

La decisión de la formación abertzale arrinconaba a ERC, pues se convertía en el único gran grupo de la izquierda en mantener su rechazo a la norma. Pero un rechazo frontal, no obstante. Jordi Salvador, su portavoz en la Comisión de Trabajo, es un veterano sindicalista que ha negociado unos cuantos convenios. Sabe de lo que habla. En la comparecencia previa a la votación del dictamen, dijo que la ley era una concesión a la banca y a las aseguradoras a pesar de que a ambos sectores se les tuvo que rescatar cuando explotó la crisis financiera en 2008. También denunció que era un ataque a los planes públicos, y en contraposición, un regalo a los afanes de privatización de los mismos.

Fuentes de Esquerra, preguntadas este jueves si había existido alguna conversación con el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, dijeron lacónicamente: "no".

Pero con EH Bildu sí hubo. El diputado que bajo anonimato es citado al comienzo de esta información hacía una reflexión al respecto. "Bildu, con cinco diputados, está sacando más partido a este momento de la legislatura que ERC con 13".

El PNV, espejo y rival

Aizpurua, en una entrevista publicada en este medio el pasado 31 de diciembre, manifestó: "Creemos en el valor de la palabra dada. Hemos firmado pactos y se deben cumplir con seriedad. La desazón de la ciudadanía, la falta de credibilidad en la política que reflejan las encuestas, tienen mucho que ver con que los gobernantes no cumplen lo que prometieron, y esto se debe combatir".

Que EH Bildu diera el "sí" al decreto anticrisis obedece justo a ese compromiso. A pesar del "caso Pegasus", que ha tensado en exceso las cuerdas de las relaciones parlamentarias en el bloque de la investidura de Pedro Sánchez, la dirección de la formación vasca avanzó al Gobierno, antes de que trascendieran los casos, que veían bien el decreto de la guerra de Ucrania. Aquí también se desenganchó de Esquerra, partido con el que está hermanado pero con el que no se ha comprometido a la forja de ningún pacto sobre voto. Antes hablaron las direcciones de ambos partidos. Esquerra no puso objeciones, cuentan fuentes parlamentarias que supieron de aquellas conversaciones.

Entonces Aizpurua anunció, en la misma tribuna del hemiciclo del Congreso, en pleno debate del decreto, que lo apoyarían. Pero también avisó al Ejecutivo que la confianza salía con rasguños de ese día. Pidió una cura. La ley de los planes de pensiones ha servido de ungüento.

EH Bildu usa, al fin y al cabo, el mismo sistema negociador que el PNV, que es su rival, pero también su espejo. En Euskadi las suspicacias entre los dos están a flor de piel porque las encuestas parece que consolidan el auge de los abertzales. Es una organización política a la que, no obstante, sigue lastrando el pasado de vínculos con ETA. Sólo con recordar que el líder es Arnaldo Otegi la derecha se enerva y el PSOE se incomoda. No es baladí que las conversaciones sobre el estatus de los presos, tema troncal para EH Bildu, se haya desalojado del ámbito negociador parlamentario.

Pero ese pasado va sonando cada vez más lejos en las nuevas generaciones de ciudadanos/as vascos, en donde la formación abertzale se siente cómoda. Las elecciones municipales vascas, en mayo de 2023, serán un test exigente por el primer puesto político del País Vasco.

Por ello, lo que trascienda del Congreso tiene influencia. Pudo comprobarse en la negociación de los presupuestos vigentes. Apenas unas horas después de que EH Bildu consiguiera un acuerdo con el Gobierno para incluir un fondo de compensación a las víctimas del amianto, el PNV filtraba un acuerdo para aumentar la duración de las ayudas a familias con hijos con cáncer. Se produjo una disputa por la rentabilidad mediática y social de sendos pactos.

"Tenemos una relación fluida con el Partido Nacional Vasco en el Congreso, pero como con otros muchos grupos", apuntan fuentes del grupo de Bildu en la Cámara. Otra cosa es que se adhieran a sus propuestas, apuntan. Eso ya no sucede. La rivalidad es callada, pero existe.

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Entretanto, el PNV a lo suyo. Sus seis diputados apoyarán la semana que viene la ley de los planes de pensiones porque ha logrado la salvaguarda del sistema de Entidades de Previsión Social Voluntaria (EPSV), que es el que impera en Euskadi desde hace años. No fue algo conseguido casualmente, como es obvio. Durante la mañana, el diputado Íñigo Barandiaran pugnó por una serie de contrapartidas para afianzar el respaldo de su grupo a la norma.

Porque el PNV, como EH Bildu, identifica las leyes en las que ve opciones de conseguir una medida y negocia luego con habilidad. Con suma discreción y con suma habilidad. Y así, los seis diputados de un grupo y los cinco del otro, están propiciando que la agenda legislativa circule por el Congreso. Que se lo digan a Rafael Simancas, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, quien hasta apenas unos minutos antes de la votación del dictamen de los planes de pensiones no creyó que la salvaría.