ELECCIONES 19-J

Vox va a por los pueblos rojos de Andalucía: la caza y el campo no son solo de 'los señoritos'

  • El 19-J dirá si el objetivo de la extrema derecha para hacerse con el voto que siempre fue del PSOE en las zonas rurales de Andalucía ha tenido éxito.

  • Vox ha diseñado un minucioso plan para penetrar en los pueblos, indignados con la gestión del Gobierno de PSOE y Podemos, en contra del ecologismo, el animalismo y muy alejado de las prioridades en la agenda de la izquierda urbana

Una imagen de Macarena Olona durante un mitin.

Una imagen de Macarena Olona durante un mitin. / VOX

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Hace más de dos años que Vox diseñó una estrategia de penetración en el medio rural con una Andalucía llena de chinchetas en el mapa. Los ‘cerebros’ del partido en Madrid aseguraban que Cs había marcado el camino, mirar solo al medio urbano era calamitoso. Ese crecimiento electoral únicamente en las ciudades tenía pies de barro. El partido de Santiago Abascal detectó un nicho de votos importantísimo en el medio rural, un 30% de votantes en España. Para captarlo, un partido nuevo que no ha gestionado aún un euro público, debía arraigarse en los territorios. La marca tenía que echar raíces.

Ahí empezó el germen de un plan de la extrema derecha en España para penetrar en los pueblos de España con la defensa de las tradiciones y la custodia de 'las esencias' españolas como plato fuerte. En Castilla y León se comprobó. En Andalucía hay mucho interés por ver qué pasa el 19 de junio. ¿Conseguirá Vox el voto en pueblos ‘rojos’ andaluces, en esos donde tradicionalmente ha ganado el PSOE? Los politólogos están divididos pero la mayoría espera que se abran las urnas para tener datos en la mano. Si Vox consigue cumplir su objetivo, la 'lepenización' de la extrema derecha española habrá conseguido una importante victoria. Abascal presume en sus mítines que ellos han conseguido recuperar para la democracia a abstencionistas "de toda condición". Vienen, repiten, a "defender el campo, la industria y los obreros". El programa electoral incluye un apartado del campo con el lema "Paremos los ataques del sector primario", contra "la nueva religión climática", "las tesis animalistas que han criminalizado" a los agricultores, contra la fiscalidad verde, la entrada de productores de terceros países o la ley de bienestar animal.

La caída del PSOE-A

“En las últimas elecciones, el voto al PSOE cayó del 50 al 37% en los pueblos andaluces de menos de 10.000 habitantes”, recuerda el catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Málaga Ángel Valencia. Su principal granero, su votante más fiel, flaqueaba. Se abrían vías de agua. Andalucía arroja además una estructura socioelectoral muy específica por sus agrociudades, núcleos urbanos por encima de los 20.000 habitantes pero con una fuerte dependencia del sector primario. Los banderines de enganche estaban claros para Vox. La caza, los toros y, sobre todo, el malestar del campo con la gestión del Gobierno de PSOE y Unidas Podemos eran un caldo de cultivo propicio.

El catedrático de Ciencia Política Juan Montabes abunda en esa idea de que "hay una tendencia en Andalucía y es que en los núcleos rurales se perciba con antelación los cambios electorales que se han producido". En este medio podría estar el vuelco definitivo a favor de la derecha en el que ha sido un bastión histórico del PSOE. La fractura del voto entre el medio rural y el urbano se fue acortando desde los años 90.

El último Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) refleja un trasvase del voto en los municipios hasta 10.000 habitantes y en ciudades hasta 50.000 a favor del PP y no de Vox. Ante preguntas cómo qué partido defiende mejor los intereses de Andalucía, por encima del 30% eligen el PP. Es algo inédito en la comunidad. El porcentaje sube hasta el 40% si se pregunta qué partido está más preparado para gobernar. Vox se queda entre el 4 y el 6%. Atendiendo a la intención de voto, en estos municipios de menor población Vox no despunta. Por ejemplo en localidades entre 10.000 y 50.000 habitantes, donde podrían encuadrarse las agrociudades andaluzas, el 10% dice que votará a Vox (el porcentaje más alto de toda la serie para este partido) frente un 31,2% que señala al PP y un 12,7% que elige al PSOE.

En las filas socialistas no hay preocupación por una fuga de votos hacia la extrema derecha en pueblos que han sido sus bastiones. Temen más a la abstención. La mayoría de politólogos también coinciden en que faltan datos para hablar con seguridad de ese trasvase y subrayan que la políticas de bloques en España es muy cerrada y permite poco permeabilidad, menos desde la izquierda a la ultraderecha. Creen que será residual. El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Granada, Ángel Cazorla, coautor de 'El auge de la extrema derecha en España', subraya que el apogeo tardío respecto a otros países de Europa de un partido como Vox tiene un origen múltiple, imposible de adscribir a un solo factor. "Es mucho más complejo", insiste Cazorla. En esa misma línea, el catedrático Ángel Valencia también apunta a una diversidad de factores. Desde el repunte del regionalismo y la aparición de marcas como la de la España Vaciada, que viene a cubrir una sensación de orfandad o abandono de una parte del electorado, a la habilidad de Vox para ideologizar asuntos como el campo, la caza o los toros o la imagen de sus líderes como los únicos que no están manchados por la corrupción.

La indignación del campo

Según datos de 2020 con los que Vox ha diseñado su estrategia electoral, el 17,2% de votantes reside en lo que se denominan cuadrículas rurales (pueblos con grados de tercerización prácticamente nulos) y el 12,8% en cuadrículas semiurbanas (grados de tercerización limitados, lo que se conoce como 'agrociudades', en las que el sector económico principal es el primario aunque superen los 10.000 habitantes). Allí el partido ha implantado de forma preferente sus estructuras en últimos años. Muchos de sus coordinadores han sido voluntarios.

El malestar del campo andaluz ha quedado patente desde 2020 en varias manifestaciones multitudinarias. El pasado marzo en Madrid unos 150.000 agricultores hicieron oír al Gobierno un grito que advertían es de supervivencia. Meses antes, el campo andaluz fue calentando motores con varias marchas y protestas muy numerosas. Al principio no había banderas políticas. Al final sí que aparecían banderas de Vox y de su sindicato, Solidaridad. Ese malestar no se sabe cómo se traducirá en las urnas.

Vox se alzó como segunda fuerza política en pueblos jornaleros y tradicionalmente de la izquierda en las últimas generales. Según los datos oficiales del Ministerio del Interior, nueve de los 10 pueblos de más de 20.000 habitantes con la renta per cápita más baja (menos de 7.000 euros anuales) son andaluces. Vox logró la primera posición en Níjar, Vícar y Adra (Almería), Alhaurín el Grande (Málaga) e Isla Cristina (Huelva). Quedó en segunda posición en Los Palacios y Villafranca (Sevilla), Barbate, Sanlúcar de Barrameda y Arcos de la Frontera (Cádiz). Todos estos municipios andaluces comparten elevados datos de paro.

Es el cruce de datos que permite afirmar con más claridad que el voto de Vox no es el que tradicionalmente se vincularía a la extrema derecha, gente rica, señoritos o de apellidos ilustres. Arrasaba en pueblos con menos renta según los indicadores socioeconómicos. "No se puede decir que todo ese voto sea franquismo sociológico o extrema derecha", sostiene el politólogo Ángel Valencia. Ya los alcaldes socialistas o comunistas llevan tiempo alertando del fenómeno. En plena pelea por el agua en Doñana, cuando el PSOE decidió abstenerse en el Parlamento andaluz contraviniendo la orden expresa de la ministra de Transición Ecológica para dar oxígeno a los agricultores de Huelva, un dirigente socialista sostuvo con claridad: “Los votantes de Vox son los hijos de los que siempre nos han votado a nosotros”. El Gobierno comenzó a reaccionar con el ministro Luis Planas como interlocutor y el PSOE movió ficha buscando el acercamiento a cazadores o agricultores. No se sabe si eso permitirá frenar la sangría en votos o si los socialistas han reaccionado demasiado tarde.

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