LIMÓN & VINAGRE

Nadia y los señoros

Nadia y los señoros

La vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital pasará a la historia de España tanto por algunos de sus hechos -luces y sombras- como por sus gestos

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Nadia Calviño tiene uno de esos nombres de mujer que parecen inscritos en el Registro para marcar una época. Si buscan en Google “mujeres famosas que se llamen Nadia”, a la mayoría les sonará la Comaneci, aquella gloriosa gimnasta rumana que fue primera en el mundo en lograr un 10 en unos juegos olímpicos, los de Montreal de 1976, de donde salió con nueve medallas, cinco de ellas de oro. A continuación de la búsqueda, en la primera página que ha abierto el navegador, la quinta de la lista es Calviño, empoderada entre deportistas, actrices y una activista iraquí.

La vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital pasará a la historia de España tanto por algunos de sus hechos -luces y sombras- como por sus gestos. Lo que la trae a colación hoy son estos últimos, en concreto el más reciente, al negarse a posar entre hombres en un acto organizado por una organización empresarial. En política, nadie está obligado a ser esclavo de sus palabras. Ni en política ni en la barra del bar ni en un campo de fútbol, pero Nadia María Calviño Santamaría (La Coruña, 1968) avisó en febrero: no volvería a participar en debates en los que solo tomaran parte hombres ni a retratarse sola entre ellos. Dicho y hecho.

Economista del Estado y alta funcionaria baqueteada en la Comisión Europea, Nadia Calviño aparenta ser ese tipo de persona que casi nunca está para bromas. Carece de la empatía de la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, o de la fuerza que como personaje de la política se ha ido construyendo Yolanda Díaz. No logra desvestirse de ese traje ni aun exponiendo con total serenidad las reformas económicas del Gobierno o deslizando una colleja subliminal a la oposición. Su contundencia en el ataque viene a menudo oculta en un manto sereno y plácido. Cuidado ahí. A Calviño hay que leerla entre líneas y estudiar sus lances porque torea a caballo, que es el toreo más sutil. Entre una sutileza y otra, se aviene el rejonazo. ¡Zas! Bien lo sabe Yolanda Díaz y ahora los empresarios de Madrid.

La salida de una crisis económica, dos elecciones sucesivas con un casi desahuciado candidato socialista de nombre Pedro Sánchez, una pandemia, una guerra en Europa, toda una reconstrucción económica, un gobierno híbrido, reformas de gran calado,... constituyen suficientes argumentos como para poner en duda que la vicepresidenta primera del Gobierno vaya a cumplir lo que dice. Advertidos estaban. Su negativa al posado machirulo en un acto de la Confederación Empresarial de Madrid ha logrado no solo que ella no haya quedado en evidencia ni como ministra ni como mujer, sino que ha puesto de manifiesto que las organizaciones sociales deben fomentar la igualdad y también aparentar que lo hacen.

La prueba de que era necesario fue la reacción (oh, sorpresa) del presidente de la CEOE, que se apresuró a calificarlo de “postureo”. Garamendi, que para nada bebía los vientos por Casado pero verán cómo empieza a cambiar la historia en cuanto comience a fraguar el ”efecto Feijóo”, abundó en el hecho de que no solo es que la patronal que preside defienda la igualdad, sino que el 65% del equipo de la confederación lo componen mujeres; el 60% del equipo directivo; y el 50% de la alta dirección, una concreción y abundancia en los datos cuya exposición sí huele a postureo, más que el gesto de la vicepresidenta económica.

Para lo que ha servido el desplante es para que algunos dirigentes empresariales de este país se retraten. Por sus reacciones (“no entiendo”,”no sé qué pasó”), parecen anclados en décadas pasadas, de modo que si ahora se produjera una eclosión similar a la que protagonizó la Movida madrileña hace 40 años (Alaska y los Pegamoides, Rubi y los Casinos, Montxo Alpuente y los Kwai, etcétera) bien podría nacer una banda de nombre Nadia y los Señoros.

Nadia Calviño no es que se extralimite en sus gestos, es que no puede evitarlos. Por acción o por omisión. Llamó la atención el día en que, de chiripa, salió adelante la reforma laboral. Sentada codo con codo con su compañera Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, apenas hay imágenes en las que la vicepresidenta primera transmita emoción alguna a su vecina de bancada. Cosas veredes.

La ministra que rehúsa el posado entre señoros se ha puesto en valor a ella misma y a muchas mujeres. Su valía ya estaba reconocida de antaño, hasta el punto de que ya casi nadie recuerda que la vena socialista le llega, entre otras, por la vía paterna. En tiempos de Felipe González, José María Calviño no dirigió la televisión pública más independiente de España, bien al contrario, pero al menos hay que agradecerle 'La edad de oro' y 'La bola de cristal', donde seguramente Nadia Calviño aprendería algunos valores de los que la televisión actual carece.

Ha sido la única ocasión en que una ministra española ha sido protagonista de un desplante tan inusual. Y ya no es que haya pocas mujeres famosas de nombre Nadia: ni siquiera tiene santoral. Quizá por el origen eslavo de nombre y su significado: “la primera”.

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