SESIÓN DE CONTROL AL GOBIERNO

Satanás, Platón, Popper, Hitler y Goebbels hacen derrapar al bucle infinito del Congreso

  • El diputado de Vox José María Sánchez García, el mismo que llamó "bruja" a una diputada del PSOE, ha protagonizado un áspero y bronco debate con el ministro Félix Bolaños

Satanás, Platón, Popper, Hitler y Goebbels hacen derrapar al bucle infinito del Congreso
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Estaba el día en el Congreso metido en su bucle, el PP diciendo a Pedro Sánchez que no vive en la realidad y Pedro Sánchez pidiendo "unidad, unidad y unidad" al PP, cuando llegó el diputado de Vox José María Sánchez García, el mismo que llamó "bruja" a una diputada del PSOE, y proclamó en la tribuna de oradores esto, en alusión a Félix Bolaños: "Usted es un propagandista que deja en un párvulo alumno al doctor Goebbels y usted está al servicio de un sujeto que, manteniendo el símil, podemos decir que es como el Führer".

El ministro de Presidencia, en la contestación de la interpelación, tras dar unos tragos al vaso de agua que el personal de la Cámara le había colocado en el atril, pidió la retirada de tales "insultos" del diario de sesiones y al diputado de Vox que se disculpe ante el presidente por haber proferido una "acusación tan odiosa y tan falsa".

Sánchez García, que llevaba la mascarilla en el bolsillo de la pechera de su americana, a modo de pañuelo, ha construido más comparaciones, escenarios de ficción de este tenor, siempre con Bolaños como destinatario, protagonista, diana y objetivo: "Le vimos el plumero con ocasión de la exhumación-profanación (de Franco). Renuncie a Satanás y a sus pompas; y renuncie a Sánchez y a sus pompas". Más adelante le ha conminado a una operación para "derrocar" al presidente "en ese infierno de Moncloa", de tal manera que él asuma el mando. Vox, ha dicho su diputado, le apoyaría en ello, en el derrocamiento, pero sólo en eso, que luego ya no. Para el respaldo, según esta ensoñación, el PP, tal y como ha declarado.

Félix Bolaños, que últimamente se está destapando como un orador capaz de la rabia y la furia, ha replicado la ofensiva del parlamentario de Vox, y no sólo le ha pedido que retire los insultos (lo que, por cierto, Sánchez García ha dicho que no haría desde su escaño, mediante un movimiento ostensible de su brazo derecho, que ha balanceado en señal de negación), sino que además ha contraatacado con menciones a un "discurso anticuado, del siglo XIX" y con la salida a escena de Karl Marx, Karl Popper y Platón. "Platón era más moderno que ustedes".

El ejemplar olvidado del Estatuto de los Trabajadores

Este cruce de acusaciones que ha salpicado a figuras de la historia y hasta a la personificación del mal en la religión cristiana se ha producido con motivo de una interpelación presentada por Vox para debatir con el Gobierno, con Bolaños en concreto. Una interpelación que ha sacado a debate las medidas del Ejecutivo para "evitar que siga dinamitando la democracia española".

Sánchez García ha repasado esas muestras de erosión de la democracia, a su juicio. Desde las sentencias del Tribunal Constitucional sobre los estados de alarma al intento de rebajar el umbral que marca la Carta Magna para renovar el Consejo General del Poder Judicial. Bolaños ha enumerado, en confrontación, las pretensiones de Vox para ilegalizar partidos, suprimir el derecho de huelga, eliminar el TC, acabar con el matrimonio de personas del mismo sexo o contravenir los valores europeos.

Y por ahí Goebbels, Hitler, Marx, Platón y Satanás. Por ahí la indignación de la bancada socialista con Vox y la de la bancada de Vox con el PSOE. Estaba el día tranquilo, más o menos, el Congreso en su bucle, pero llegó Sánchez García a la tribuna y el bucle metió el turbo y derrapó.

Había empezado la sesión de control al Gobierno del pleno de esta semana con una serie de discursos que los habituales en estas lides, desde los diputados a los periodistas, podrían haber escrito o pronunciado igual desde sus casas, nada más levantarse, tras ducharse, desayunando incluso. La costumbre produce estos efectos. Cuca Gamarra ha atacado al presidente con la crisis económica, la situación de las familias, el precio de la gasolina y el de la luz. Pedro Sánchez ha reaccionado con el contexto de la guerra y del fin de la pandemia, con esa frase que es seña de identidad ("el Gobierno se hace cargo de las dificultades de familias y empresas") y con recordatorios sobre que su equipo dialoga y negocia sin cesar. Más adelante ha reiterado "unidad, unidad y unidad" en plan "canten conmigo".

El portavoz de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, ha encontrado la representación geométrica de la "estrategia de marketing" del Gobierno: un triángulo cuyos vértices formarían, según su teoría, Franco, el virus y Putin. Todo es culpa de alguno de estos tres o de los tres a la vez, ha venido a decir. Durante la pregunta a la vicepresidenta Nadia Calviño ha recreado la figura con un movimiento imaginario, como esos entrenadores de fútbol que salen del banquillo para decir a sus jugadores que se muevan así o asá, según un triángulo, un cuadrado o un poliedro. Y así ha estado un rato, incluso cuando Yolanda Díaz ha respondido a la diputada del PP María José García-Pelayo. Haciendo un triángulo imaginario con el dedo.

La ministra de Trabajo ha estado crecida. Respondió con dureza a la parlamentaria popular y luego a Macarena Olona, de Vox. "Mentir es pecado", le ha dicho porque, a su juicio, en la intervención anterior es lo que ha hecho. Le ha enseñado un ejemplar del Estatuto de los Trabajadores -la polémica por las casetas de la Feria de Abril colea por estos lares- y le ha dicho que le haría entrega del mismo en cuanto acabara. Así ha actuado.

Un ujier, llamado por Díaz, ha llevado el ejemplar a Olona, que lo ha rechazado. El ujier se lo ha devuelto a la ministra. En ese momento el secretario general del grupo popular, Guillermo Mariscal, se estaba dirigiendo a ella para responder una alusión que hizo antes a García-Pelayo. La ministra se estaba yendo y ha dado la espalda al diputado del PP, ahí a Díaz le han faltado reflejos.

Mientras tanto, el ejemplar del Estatuto de los Trabajadores descansaba, sin dueño, en el escaño de Díaz.

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