LA CARTILLA DE LA DIRECTORA

La vuelta a escena del emérito: ¡lo que le faltaba a Sánchez!

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Pedro Sánchez llega a cumbre del Consejo Europeo en Bruselas.

Pedro Sánchez llega a cumbre del Consejo Europeo en Bruselas. / EFE/ Horst Wagner

Nadie puede negarle a Pedro Sánchez que está llenando en tiempo récord su hoja de servicios y seguramente también su memoria de hechos históricos. Su paso por la presidencia del Gobierno ya da para varios documentales en los que reunir un puñado de hitos en la España del siglo XXI y, desde hace unas semanas, también en el contexto internacional.

Este presidente no se priva de nada. Especialmente no se priva de emociones fuertes, como las que se esconden detrás de una pandemia universal o en las costuras de una guerra, la de Ucrania, donde las redes sociales están teniendo tanta relevancia como las amenazas nucleares, las hipersanciones económicas o la (inesperada) hermandad europea.

Precisamente en esa hermandad europea se sumergió Sánchez este jueves y seguirá nadando aún este viernes para participar en una cumbre de la OTAN en la que -ojo a lo que aquí se va a escribir, porque conviene leerlo dos veces para no dudar en tomarse un chupito de carpe diem- se activaron planes de defensa ante posibles ataques biológicos y nucleares. Los aliados, también muy hermanados en estas fechas y con Joe Biden como estrella invitada pidieron a China que reflexione sobre si Vladímir Putin es o no una buena compañía. Y de paso confirmaron que seguirán armando hasta los dientes a esa resistencia que se niega a entregar Ucrania y cuyo devenir sigue occidente, minuto a minuto, en un escalofriante reality show de sangre y fuego.

En esas y en los preparativos de una cumbre en Bruselas en las que nos jugamos la(s) energía(s) y parte del futuro estaba Sánchez cuando, seguramente, las alertas de su gabinete y de la prensa debieron eclipsar la pantalla del móvil presidencial. Juan Carlos I, el emeritísimo, no es inmune según la justicia británica. Buf . Otra vez la tensión con el exjefe de Estado y los tribunales. Con Corinna Larsen y sus acusaciones de acoso de por medio. El espinoso debate de la inviolabilidad, ese que tanta pereza da en Zarzuela y en La Moncloa pero que de vez en cuando pide paso a gritos, sobre la mesa. Felipe VI y la monarquía de nuevo en el ojo del huracán por las cositas de su padre. Sin duda munición política sabrosa para socios de coalición enfurruñados, ha podido pensar Sánchez sin temor a equivocarse.

Enfado morado

Enfurruñados con Sánchez están los miembros de Unidas Podemos, sí. Las diferencias por la guerra y el envío de armas se airearon con ganas. El anuncio de un aumento del gasto en defensa tampoco ayudó, claro. Y hace ahora una semana llegó otro de esos hitos históricos que parece llevar en sus bolsillos infinitos este presidente: el viraje en el conflicto del Sáhara y el apoyo a la postura marroquí.

Fue unilateral. Lo fue porque el líder del PSOE se lo puede permitir en teoría, dado que son suyas las riendas en política internacional y de defensa. Otra cosa es que su apuesta por reconducir la crisis con Marruecos "al menos para una década" (según saborean en su entorno con voz bajita y media sonrisa), no vaya a tener su precio en erosión La oposición parece haberse puesto de acuerdo para tocarle con este asunto la cara a Pedro, el histórico, por hacer semejante viaje geoestratégico él solito.

En realidad no lo ha hecho solo. Lo ha emprendido acompañado de su ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a quien le dio personalmente el encargo de apagar y encender la pantalla de Marruecos para evitar otra oleada migratoria incontrolable patrocinada por el país vecino. En consonancia con EEUU, Alemania y Francia. El problema es que Argelia no da crédito (o eso dice) y que el pueblo saharaui acusa a España de segunda traición. La primera, ya saben, se la endosan a Juan Carlos I, ese mismo que ha venido a complicarle un poquito más la vida a Sánchez.

Nickin, en la agenda. ¿Y ahora qué? Pues que el Gobierno, con su jefe a la cabeza, tendrá que estar pendiente de las andanzas y decisiones del juez británico Matthew Nicklin para ver hacia dónde inclina la balanza con la denuncia de Larsen contra su examante, a la sazón nuestro rey emérito deseoso de volver de vez en cuando a España (pero poco). Qué bucle de asuntos turbios el de este Borbón. Qué daño le está haciendo en esta etapa a la Corona y que estrés para una parte de un Ejecutivo de coalición donde se sientan reconocidos republicanos. Al ruido que ya generó la investigación de la Fiscalía del Supremo sobre el dinero del emérito y a la bulla que, no hace tanto, se formó con el carpetazo a esas pesquisas, se suma ahora la estridencia de este foco de atención ‘real’ en estos momentos y con la que está cayendo.


/ efe

Porque caer, cae. En Ucrania bombas sobre objetivos civiles. Ya se habla abiertamente de crímenes de guerra y, por cierto, en ese asunto histórico también se ha empeñado el presidente español en poner su granito de arena, colaborando en empujar a Putin a los tribunales internacionales.

Cae y cala el miedo en las calles de España a que el precio de la gasolina y de la energía continúe subiéndose afectando a todo y a todos, sin que en estos momentos resulte sencillo ser optimista: a la guerra no se le ve final cercano y al gas que procede de Rusia, fundamental para buena parte de Europa, cada vez gana más enteros como candidato a convertirse en otro arma de guerra con efectos en millones de hogares y empresas.

En este charco, profundo y farragoso, también se ha metido Sánchez con ímpetu y ganas de que la Unión Europea entienda que toca tomar medidas de calado. En sus interminables bolsillos ha guardado también propuestas en este sentido que ha explicado en una gira previa al Consejo de la UE. En breve comprobaremos con qué éxito: las posturas en el seno de Europa son muy distintas sobre qué camino tomar o sobre si se debe intervenir o no en el mercado energético. Eso es cierto. Tanto como que cualquier decisión que se adopte en Bruselas sobre este menester deberá contar con unanimidad. Así que es probable que se terminen imponiendo soluciones intermedias, un ‘ni para ti ni para mí’ de urgencia a fin de no romper el espíritu de hermandad que ha llegado con las vilezas de Putin.

Gas y recrisis

En todo caso Biden se ha desplazado a Europa para tener gestos con los que, en estos momentos, también son sus hermanos en el viejo continente. Los equipos de los jefes de gobierno y las autoridades de la UE sugerían este jueves que puede ser inminente un acuerdo con Estados Unidos para que nos suministre gas licuado para disminuir la dependencia de Rusia. Bienvenido sea.

Eso no significa que en el seno del Consejo no haya que reaccionar legislando en común. La crisis -o la recrisis, después de la que vino de la mano de la pandemia-, pisa con garbo. Que se lo diga a Sánchez, que mientras iba de cita en cita en Bruselas tenía a parte de su equipo encerrado en Madrid con los transportistas. Necesita un acuerdo para que la desazón ciudadana no le desborde a él, a su gobierno y a la economía nacional. Y en este panorama reaparece el emérito en escena. Lo que le faltaba al presidente.

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