LIMÓN & VINAGRE | Alberto Núñez Feijóo

Los gozos y las sombras del gallego

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, a su llegada a la sede nacional del PP.

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, a su llegada a la sede nacional del PP. / EUROPA PRESS

  • Fraga unió al centro derecha y Feijóo soldará la derecha. La suya con la que tiene una nueva voz, más diestra, montaraz y castiza

  • El aún presidente de la Xunta ha dado la orden más trascendente de su vida, y del ciclo político actual, sin ser aún presidente del PP: permitir la entrada de Vox en un Gobierno

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Feijóo está de gira para desmentir que es un hombre tranquilo. Cada día un lugar, casi cada mañana un exabrupto. El último ha sido decir que el Gobierno se está forrando con los impuestos. Como si la mitad de esos tributos no fueran a las arcas autonómicas. O miente o ha tenido un lapsus o lo de que se ha tragado a Pablo Casado es literal. La cosa es cómo va a digerirlo. A Casado.

Si yo me comiera a Pablo Casado estaría todo el día con el vientre hinchado y regurgitando, con querencia a permanecer encamado, sin entusiasmo por dar mítines. Y con ganas de aliviarme. Y eso que Casado es poca cosa. Delgadín incluso. Hablar como hablaba Casado cuando te has merendado a Casado es expeler a Casado a base de ventosidades verbales. Ahí va un Casado, pumba.

Como ventosidades que son, deben ser transitorias, dado que Alberto Núñez Feijóo, orensano del 61 y presidente de Galicia desde 2009, es hombre de trayectoria templada, capacidades dialogatorias y tejedor de compatibilidades: gallegista y nacionalista español. Eso sí, como decimos, no a salvo de épocas de encono, como cuando enturbió -hasta alcanzar portadas jaleantes de la prensa conservadora nacional- aquella campaña electoral contra el presidente socialista Touriño, acusándolo de derrochador, manirroto y sátrapa por encargar un coche oficial blindado. Qué habría dicho si tuviera un Falcon.

Fraga unió al centro derecha y Feijóo soldará la derecha. La suya con la que tiene una nueva voz, más diestra, montaraz y castiza. El aún presidente de la Xunta ha dado la orden más trascendente de su vida, y del ciclo político actual, sin ser aún presidente del PP, sin haber sido bautizado en el congreso nacional: permitir la entrada de Vox en un Gobierno. El de Castilla y León en este caso. Y después de manejar a Mañueco y bendecir la sociedad con los de Abascal se ha subido a otro atril, qué manía tienen los hombres de Estado con subirse a cosas y no pisar el suelo de la gente, para elogiar a Isabel Díaz Ayuso, Lady Dí-az, en feliz motejo de Matías Vallés.

Feijóo y Ayuso , en el acto celebrado en Madrid.

/ JOSÉ LUIS ROCA

El elogio a Ayuso es peaje, vasallaje o un efecto más de haberse zampado a Casado, que hacía lo mismo, jalearla, en los inicios de la carrera de la presidenta. Ayuso no se dio cuenta en ese acto en Madrid de que el gallego lleva dentro a Casado aún, si no, hubiera mandado que Miguel Ángel Rodríguez, vestido de gladiador, untado de aceite y con antifaz, lo hubiera descuartizado en el estrado. En ese mitin, Ayuso se declaró soldado al servicio de Feijóo, que sabe perfectamente del deseo de ésta de convertirse en cabo primera del PP madrileño.

El siguiente hito importante en la gira de Feijóo, “frente ancha, nariz aguileña, rectitud y bondad en el espíritu”, que diría Vargas Llosa de aquel personaje, será Andalucía. En concreto, el siempre pop y sugerente Torremolinos, donde se verá este sábado con Moreno Bonilla, teniente general del PP del Sur que no solo nunca se tragó a Casado, si no que no lo tragó nunca y siempre se alió con el sorayismo.

“Este se va a quedar a vivir aquí”, dijo una vez (llamadme) Juanma, a propósito de Feijóo, que gusta de acudir a Sevilla, Marbella o Málaga en misión electoral, por apetencia sardinesca, placer o desconexión. La expectación no es máxima y se habla de otra cosa, pero resulta interesante el cambio de tronos en el PP nacional, que será oficiada en un cónclave para el que, faltando días, a algunos les va a parecer años. González Pons vuelve a los telediarios. Esa es por ahora la principal novedad que el PP ha introducido en nuestras vidas recientes.

Feijóo ya conoce Madrid. No ese conocer Madrid de saber dos tascas en La Latina, visitar El Prado rapidito, ah cuánto me conmueve Madrazo, y dormir en El Palace. El Madrid de las subsecretarías y direcciones generales, el moderno y a la par galdosiano, el de las intrigas, el coche oficial y el tren los viernes a provincias. Ahora vuelve no en olor de multitudes, que ya nos dejó dicho Lázaro Carreter que la expresión es además de incorrecta, injusta, dado que no todas las multitudes huelen mal. El loor lo recibirá en Sevilla, otra vez Andalucía. Pudieran darse titulares taurinos: “Es de Orense y se llama Alberto”. Y la única espoleta de intranquilidad antes de la inquebrantable adhesión es lo que pudiera decir Casado. Si logra salir de Feijóo.

Ha dicho Manuel Rivas en Twitter que “Feijóo anuncia que se marcha de Galicia porque ama la libertad y está harto de Feijóo”. Todo un editorial, sí. En dieciséis palabras. Madrid, rompeolas de las huidas.

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