ELECCIONES CASTILLA Y LEÓN

No es vergüenza ni miedo: el voto a Vox escapa de las encuestas por culpa de la ley electoral

  • Cuatro expertos en demoscopia electoral y politología analizan para EL PERIÓDICO DE ESPAÑA la aparente diferencia entre lo que dicen las encuestas y las urnas respecto del voto a Vox

  • Los sondeos sí plasman la tendencia al alza de los de Abascal, apuntan; el problema está en que la ley no permite que se publiquen

Noche electoral de Vox en Valladolid.

Noche electoral de Vox en Valladolid. / EFE

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Ahora que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) está tan de moda, y con razón, un repaso por cómo ha reflejado en algunos de sus últimos sondeos preelectorales la incidencia de Vox.

Excepto en los comicios generales del 28 de abril de 2019, cuando puso al partido de Santiago Abascal por encima de lo que obtuvo en las urnas, la entidad que preside José Félix Tezanos ha seguido una pauta: antes del 10-N de ese año, le dio entre 14 y 21 escaños (logró 52); antes de las vascas de julio de 2020 le dejó fuera del Parlamento (tuvo un escaño); antes de las catalanas de febrero de 2021 estimó que tendría de cinco a ocho escaños (consiguió 11); antes de las madrileñas de mayo fijó una horquilla de entre 11 y 13 (sumó 13); y antes de las castellanoleonesas previó 8 ó 9 (cosechó 13).

Otras empresas como GAD3 y Metroscopia detectaron la tendencia al alza de Vox en las elecciones de este pasado domingo, y aquí coinciden con el CIS. La diferencia es que las dos pudieron plasmarlo en un sondeo hecho en el tramo final de la campaña y publicado a las 20.00 horas de la jornada electoral, a diferencia de la entidad de Tezanos, que no publica estudios hechos esos días.

Existe la impresión más o menos generalizada de que los sondeos no recogen fielmente la dinámica que los de Abascal imprimen en su público objetivo cuando se inicia un proceso electoral. El Centro de Investigaciones Sociológicas, sin duda, suele minusvalorarlo; otras, generalmente, dan más aire al PP. Pareciera que el voto a Vox se escabulle y es escurridizo. ¿Pero esto es así?

José Félix Tezanos, presidente del CIS.

/ EFE

El profesor de la Universidad Carlos III de Madrid Pablo Simón lo niega, igual que el director de Opinión Pública y Estudios Políticos de Ipsos, José Pablo Ferrándiz. Las encuestas, afirman, sí siguen el rastro de Vox. La presidenta de la Asociación de Comunicación Política, Verónica Fumanal, constata que los "tracking", esas encuestas diarias que van marcando las tendencias al alza o a la baja, enseñaron previamente a los comicios que Vox se estaba disparando. El problema es que la ciudadanía no lo podía saber por culpa de un artículo de la ley electoral, el 69.7.

Una frase anacrónica

"Durante los cinco días anteriores al de la votación queda prohibida la publicación y difusión o reproducción de sondeos electorales por cualquier medio de comunicación".

Éste es el precepto de la discordia. El 69.7 de la ley. Es uno de los aspectos de la norma electoral que más discuten expertos demoscópicos, partidos y hasta juristas. En una época como la actual, en la que el bombardeo de información es constante y las vías de acceso a ella casi infinitas, no tiene sentido vedar la práctica. Las encuestas se siguen haciendo, pero no se publican. Si se trata de capar el efecto que en el electorado puedan ejercer las encuestas, habría que cortar el tráfico al alud de mensajes que circulan por las redes.

Los partidarios de la medida recurren al valor de la jornada de reflexión. A juicio de un diputado que conoce profundamente la ley orgánica del régimen electoral general, la LOREG, que así se llama, si hay consenso parlamentario para suprimir el artículo 69.7, también habría que acabar con la regulación de la jornada de reflexión, que es un concepto de fuerte arraigo precisamente para evitar injerencias y ejercicios proclives a la manipulación.

Sin embargo, indica Ferrándiz, "cada vez más gente decide su voto cada vez más tarde", en lo que influyen factores como la oferta de los partidos o el clima generalizado de incertidumbre. Por tanto, las encuestas no se hacen eco de esta evolución de los indecisos, un porcentaje de electores no menor que, a lo largo de los últimos años, no para de engordar.

Simón recalca que justo un cuerpo grande de electores que dudan reside en la "frontera porosa" que hay entre PP y Vox, una línea clara desde hace años. El cargo de Ipsos recuerda que un 95% de los electores de Abascal y de sus representantes proviene del Partido Popular, aunque conviene mencionar una singularidad: la mayoría de estos son hombres. Las mujeres de espectro más conservador y las personas mayores no suelen hacer el mismo viaje.


/ epe

Lo que ha sucedido en Castilla y León, por tanto, es que durante la última semana un sector considerable de electores que dudaban entre el candidato del PP y el de Vox se ha decantado por este último. "Los indecisos en la derecha son más móviles", apunta el profesor de la Universidad UC3M.

"A medida que avanzaba la campaña -puntualiza Ferrándiz- las transferencias de votos del PP a Vox no paraban de crecer". Y los sondeos lo estaban mostrando. Fumanal, de hecho, a diferencia de las numerosas voces críticas, defiende los trabajos demoscópicos sobre los comicios castellanoleoneses. "Los politólogos pedimos tendencias a las encuestas, y las dieron: sabíamos que el PP estaba cayendo, que el PSOE estaba movilizando, que Vox crecía como la espuma, que Cs y Podemos estaban con un pie fuera y otro dentro y que Soria Ya iba a entrar...", explica.

Ni vergüenza ni miedo y sus potentes campañas

Pablo Simón subraya que el de Vox es "un voto expresivo" que "no se esconde de nada". Quien va a votar a Vox lo manifiesta sin tapujos. No hay vergüenza en decirlo, ni miedo. Ferrándiz lo corrobora. "En las entrevistas al encuestado no se ve voto oculto; el votante de Vox quiere que llegue el día de las elecciones".

Aquí hay un caudal emocional que la organización que preside Santiago Abascal sabe gestionar mejor que ningún otro partido. Ayuda el contexto, pero también es cierto que canalizar una atmósfera resulta complejo. Un experto electoral que pide anonimato para intervenir en esta información, ya que sigue colaborando con la dirección de un partido político, no oculta su admiración por cómo Vox hace las campañas, por cómo las planifica y luego las desarrolla. "Cuidan perfectamente los mítines. Buscan qué imagen transmitir. Grandes angulares para amplificar su capacidad de aglutinar a los electores. Y luego dominan las redes muy bien. Instalan un estado de opinión en sus públicos objetivos con eficacia", narra este especialista en estrategia electoral.

Fumanal es gráfica: "Son los mejores". Y añade: "Tanto al principio como al final saben lo que hacen. No se mueven del mensaje. En Castilla y León no han hablado de xenofobia o de migración. En esta comunidad ese discurso no está entre las preferencias de la población. Sin embargo, usan como lema 'siembra'. Un gesto a lo rural, al trabajo del campo, a ese espíritu de quien siembra, recoge el trabajo hecho".

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Ferrándiz, sin embargo, aporta un matiz. "No es algo exclusivo de Vox. Lo hacen los nuevos partidos. Lo hizo Podemos. Recogió bien el enfado, pero luego la sociedad se desenfadó y quedaron como los únicos enfadados. Eso les restó".

Vox tiene retos por delante, pero no a corto plazo, al menos por lo que le marcan las urnas.