CRÍTICAS EN EL PP

La reforma laboral 'remata' el año de desencuentros entre Casado y Garamendi

  • Las relaciones tardaron un tiempo en retomarse tras la crisis de los indultos. Lo hicieron pero no han vuelto a ser iguales

  • El PP sigue mirando con recelo los acuerdos entre CEOE y el Gobierno de coalición

  • El pacto de la reforma laboral ha sido el colofón para cerrar un 2021 muy distante

El líder del Partido Popular, Pablo Casado (i), conversa con el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi

El líder del Partido Popular, Pablo Casado (i), conversa con el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi / EFE/ Fernando Alvarado

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Los caminos de Pablo Casado y la CEOE no terminan de encontrarse. La crisis que desató entre ambas organizaciones la postura de la patronal en el mes de junio, cuando el Gobierno lanzó los indultos a los líderes independentistas con el pretexto de “normalizar” la situación, marcó un antes y un después. Las relaciones tardaron un tiempo en retomarse y, a pesar de que finalmente lo hicieron, nunca han vuelto a ser iguales. El recelo con el que los populares siguen viendo los acuerdos de los empresarios con el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos no decae. Y el pacto de la reforma laboral para cerrar 2021 ha sido el colofón.

En el PP contaban con que Antonio Garamendi intentaría llegar a un pacto. La sorpresa es relativa, pero no por ello el malestar es menor. La CEOE tenía unas líneas rojas que el acuerdo no traspasa. Como publicó EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, los populares reconocen que el Ejecutivo y, en concreto, la ministra Yolanda Díaz “se ha hecho una experta en plantear posiciones de máximos” para después “recular y que el acuerdo final sea el mal menor”. Sin embargo, el partido de Pablo Casado sí ve un error “pactar por pactar”. Dicho de otra manera, fuentes de la cúpula advierten que “no siempre es una buena decisión entrar en un acuerdo”. 

A la espera de analizar la letra pequeña del real decreto ley (la fórmula elegida por el Gobierno ya enfada al PP, planteándose incluso llevarlo al Tribunal Constitucional por esa cuestión, y justificando que la reforma del Gobierno de Rajoy se hizo por esa vía por una situación de “absoluta urgencia” que ahora no se da), en el PP auguran que al Ejecutivo todavía le faltan pasos importantes que dar. 

La desconfianza sobre los cambios que los socios parlamentarios podrían exigir se suma a la negativa de Garamendi de aceptar modificaciones en el texto acordado. “Algo que es complicado. Es no conocer la realidad porque la reforma se vota en el Parlamento y el Gobierno necesita votos para aprobarla”, apuntan otros dirigentes del PP, en una crítica templada a la “ingenuidad” de quienes firman un pacto pensando que no se puede tocar” en el trámite parlamentario. 

“Lo que mal empieza, mal acaba”, zanjan fuentes de la dirección popular, que siguen insistiendo en que la Unión Europea “mirará con lupa la reforma”. En el PP afirman que “no basta con completar el hito” de una reforma laboral, igual que la relativa a las pensiones, exigida por los socios comunitarios para recibir los fondos europeos de la recuperación. Sino que en Bruselas estudiarán lo aprobado antes de dar luz verde a que el dinero llegue a los países miembros.

Las críticas sobre cómo ha manejado el Gobierno la nueva propuesta laboral son extensibles a otros grupos. No solo el PP piensa que se trata de una reforma que debería haberse abordado en el Congreso con un intenso debate entre los grupos políticos. Ciudadanos está exactamente en esa postura, y los socios del Ejecutivo reprochan que el pacto con los agentes sociales no se corresponde con lo que acordaron PSOE y Unidas Podemos con ellos. EH Bildu ha sido de los más críticos, recordando que el compromiso pasaba por una derogación íntegra. El PNV no está satisfecho en lo que respecta a los convenios autonómicos y ERC también la ve insuficiente. 

Los populares, en cambio, están en contra del espíritu global de la reforma. “No favorece la flexibilidad que exige Europa y que necesitamos para crear puestos de trabajo. Han derogado tres o cuatro cosas, pero en el fondo no hay ninguna mejora para el mercado laboral. Sólo beneficia a los sindicatos en lo que tiene que ver con la ultraactividad y los convenios de rama”, desgranan fuentes populares plasmando su descontento.

El equipo económico del PP no ha mantenido contactos con la CEOE en esta ocasión. Tampoco señalan la participación de Fátima Báñez, hoy presidenta de la Fundación CEOE, y autora de la reforma laboral que el Gobierno modificará ahora con el beneplácito de empresarios y sindicatos. En ese sentido, Génova señala las fuertes discrepancias internas que la patronal ha vivido, precisamente por el contenido del nuevo texto. De hecho, la patronal catalana (también ANFAC y ASAJA) se descolgó, a pesar de que en junio la CEOE decidió respaldarla en su postura con los indultos. 

Ahí empezó la verdadera crisis del PP con el empresariado, una situación que no tiene precedentes. El enfrentamiento fue público y Pablo Casado decidió dar un paso al frente, dejando claro que “no se dejaría presionar” por ninguna organización, oponiéndose de lleno a la medida de gracia y a la campaña de normalización que puso en marcha Moncloa. “No caben medias tintas. Esto va de España y no vamos a dejar de defender lo que pensamos”, explicaron entonces distintos dirigentes. La sintonía que siempre habían mantenido el primer partido de la oposición y la CEOE se evaporó.

En aquellos días Casado endureció su posición cuando llegó a referirse a la clase empresarial como “una platea subvencionada en busca de fondos europeos”, reprochando también la “tóxica propaganda de comunicación” que el Gobierno empleaba para vender los acuerdos alcanzados con los agentes sociales. Esta crítica se sigue repitiendo dentro del PP, sin esconder que a su juicio “se la han colado” a los empresarios en distintas ocasiones. “Ocurrió con la regulación del teletrabajo y la ‘ley rider’ también”, zanjan.

A pesar de los esfuerzos que el PP hizo por dejar claro que la situación se había reconducido (sobre todo en vísperas de la convención nacional de octubre planificada al milímetro por Casado y en la que Garamendi no participó), los caminos e intereses de las dos organizaciones siguen en paralelo sin que haya visos de que puedan volver a unirse.

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