VICEPRESIDENTA TERCERA DEL CONGRESO

Gloria Elizo: "En Podemos debemos dejar de mentirnos"

  • La diputada de Unidas Podemos considera en esta entrevista a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que su formación tuvo que haberse retirado del acuerdo PSOE-PP sobre la renovación del Tribunal Constitucional al no quedar excluido Enrique Arnaldo

  • Muy crítica con la dirección actual del partido "morado", cree que es una estructura vacía y en absoluto funcional, y por ello, reclama una vuelta al debate interno

  • Acusa a la Fiscal General del Estado, Dolores Delgado, de debilitar la instrucción del caso Tándem

MADRID. 01.12.2021. La vicepresidenta tercera del Congreso, Gloria Elizo, en una sala del edificio del Congreso de los Diputados.

MADRID. 01.12.2021. La vicepresidenta tercera del Congreso, Gloria Elizo, en una sala del edificio del Congreso de los Diputados. / ALBA VIGARAY

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Gloria Elizo está a punto de cumplir 55. Lo hará el próximo día 11. Es diputada desde 2015, desde que Podemos irrumpió en la política nacional para ponerla patas arriba. Seis años después, no reconoce nada de su partido. Está fuera de la dirección "morada" y de sus órbitas, y quizá por ello, habla sin complejos. Conversar con ella no es conversar con el político o la política que se refugia en argumentarios prefabricados para salir del paso.

Vicepresidenta tercera del Congreso en la presente legislatura, Elizo fue una de las diputadas que se negó a respaldar a Enrique Arnaldo como nuevo magistrado del Tribunal Constitucional. Debido a su puesto, vivió desde dentro las largas y ásperas broncas de la Mesa de la Cámara sobre la retirada del escaño a Alberto Rodríguez, que no comparte. Como tampoco la reacción de Unidas Podemos, plagada, dice, de "sobreactuaciones".

Puede parecer, es lógico, que su carrera política esté abocada al final. En su formación no tiene asideros. Sin embargo, asiste con ilusión a los movimientos de Yolanda Díaz. Sonríe cuando se le pregunta si ha hablado con ella, y tras un brevísimo silencio, pide al entrevistador que le permita no contestar.

Pregunta. ¿Se equivocó el Congreso al decidir la retirada del escaño a Alberto Rodríguez?

Respuesta. En realidad creo que fue algo diferente a una equivocación… También creo fue una frivolidad personalizar los efectos de la sentencia en Meritxell Batet. Hay que ser más rigurosos. La sentencia a Rodríguez es injusta. La articulación de las pruebas que se utilizaron en el juicio fueron insuficientes y sus consecuencias, desproporcionadas. Cuando está en juego una garantía de representación política estamos obligados a repartir bien las culpas. El responsable de esa sentencia fue su ponente.

MADRID. 01.12.2021. La vicepresidenta tercera del Congreso, Gloria Elizo, en una sala del edificio del Congreso de los Diputados.


/ Alba Vigaray (Fotos)

Me gustaría señalar que centenares de jóvenes son acusados de delitos de atentado a la autoridad y desobediencia, prevaleciendo la presunción de veracidad por encima del derecho constitucional a la presunción de inocencia en el proceso penal, y esto hay que reformarlo en el trámite de la 'ley mordaza'. Nuestro compromiso, como Unidas Podemos, debe ser cambiar estas cosas. Ahora es el momento. No podemos poner el grito en el cielo con sentencias como ésta y cuando llega el momento de actuar pasar de largo sin más.

P. Hubo un primer informe de los letrados en contra de la retirada del escaño y un segundo documento a favor de la retirada del escaño. ¿Qué ha pasado?

R. Según la sentencia, nos movíamos entre la aplicación de un artículo que supone la pérdida del escaño cuando hay pena de prisión tras sentencia firme y la aplicación de la inhabilitación sobrevenida, como consecuencia de la inhabilitación por sufragio pasivo. Ambas conclusiones eran desproporcionadas. Pero al margen de que se recurra y se teorice, tenemos la obligación como responsables públicos, como legisladores, de que cuando haya un fallo del sistema, operemos en términos activos y no nos victimicemos por la aplicación de un sistema que se lleva aplicando mucho tiempo y cuya modificación es responsabilidad nuestra. ¿Cuántos concejales han perdido sus actas por inhabilitación sobrevenida y no hemos hecho nada? ¿Hemos presentado como grupo alguna iniciativa legislativa al respecto?

MADRID. 01.12.2021. La vicepresidenta tercera del Congreso, Gloria Elizo, en una sala del edificio del Congreso de los Diputados.


/ ALBA VIGARAY

Los letrados son fuente de propuestas concretas en la toma de decisiones de la Mesa, también de la Presidencia. Son asesoramientos. Nosotros, como grupo de Unidas Podemos, hemos estado muchas veces en desacuerdo con sus propuestas. Pero son la base interpretativa de la legislación vigente. La presidenta lo que hace es interpretar la legislación vigente y aplicarla.En cualquier caso, la inhabilitación sobrevenida es una anomalía democrática. La retirada del escaño a Alberto Rodríguez también.

P. ¿Llega tarde la derogación de la ley mordaza?

R. Llega muy tarde, tremendamente tarde, y no se ahonda en los verdaderos problemas de la aplicación de esa ley. La propuesta que se plantea es tibia. Hace pocos días vimos una manifestación contra de la derogación de la prohibición de grabar imágenes de los agentes de autoridad, que precisamente tiene que ver con el acomodo legislativo a la doctrina del Tribunal Constitucional al nuevo texto de la Ley de Seguridad Ciudadana.

Lo que me preocupa de las acciones legislativas del Congreso es que seamos enormemente tibios para enfrentar los problemas. La respuesta de la derecha y de la extrema derecha es desproporcionada y con una penosa carencia de argumentos. Con esta movilización exagerada sólo pretenden tensionar para que el debate parlamentario se pervierta. Imponen un clima de miedo, de corrupción democrática en la acción parlamentaria. En ese movimiento entre la acción política de la mayoría y el contrapeso desmesurado de la derecha, hay que actuar de otra forma. Y contar con el compromiso de la derecha democrática para aislarlos, para ignorarlos, para que dejen de convertirse en el foco del debate político.

P. Volviendo a la controversia del escaño de Alberto Rodríguez, ¿no cree que hubo una respuesta exagerada de Unidas Podemos?

R. Yo tengo claro que no hay que articular la acción política exclusivamente en términos comunicativos. Hay que dirigir la actuación a cuestiones prácticas y concretas. Ha habido varios condicionantes en este asunto, algunos muy graves como he dicho antes, pero otros que deberíamos haber reflexionado internamente. Para empezar no hubo una buena defensa a Rodríguez en el procedimiento. He sido abogada de oficio y he defendido a muchas personas acusadas de los mismos delitos, y no se puede ir a juicio sin testigos que contrapesen el testimonio de un funcionario aislado. Cuando un caso como éste afecta a miles de jóvenes en la calle, hay que articular medidas legislativas y dejar a un lado la mera confrontación de relatos. Ese “Voy a exagerar mucho, voy a sobregesticular mucho”… Para luego acabar reculando.

Claro que hay que dejar patente la injusticia, pero no vaciar de contenido político lo que ha ocurrido. La sociedad nos permite mensajes mucho más complejos. No se puede imputar las culpas a decisiones equivocadas en las que, por otro lado, hemos tenido responsabilidad. Tenemos que ser consecuentes y más rigurosos.

P. El escaño de Rodríguez sigue vacante…

R. Creo que es un error instrumentalizar el acta de diputado y la representación política. Al margen de que se articulen todas las demandas, acciones y recursos en instancias nacionales e internacionales, creo que Alberto Rodríguez no hace bien tomando como rehén su acta de diputado, el acta pertenece a los votantes.

El error de votar a Enrique Arnaldo

P. Cuando usted conoce el acuerdo entre PSOE, Unidas Podemos y PP y ve el nombre de Enrique Arnaldo, ¿qué se le pasa por la cabeza?

R. Lo primero que pienso es que el PP debía haber modificado el candidato; que el PSOE debía haber condicionado el acuerdo a la retirada de ese candidato y que, si no fructificaba nada de eso, Unidas Podemos se tendría que haber retirado del acuerdo.


/ Verónica Povedano. Congreso de los Diputados

P. En la comisión de nombramientos del Congreso intervino un representante de Unidas Podemos. Fue una intervención timorata. ¿Qué piensa entonces?

R. De alguna forma es el epitafio de un problema que viene ya de lejos. Podemos nació como un espacio de debates y acuerdos. En la discusión colectiva se toman decisiones y se asumen colectivamente. Y no se cometen estos errores.Sin embargo ahora tenemos una organización tremendamente debilitada y una estructura muy poco funcional, y por eso, pasan estas cosas. Pasa que cometes errores y que el grupo parlamentario se convierte en un brazo de madera, sin capacidad de reestructurar cualquier decisión a pesar de la constancia evidente de que es un error. No podemos mirar a otro lado con la corrupción y no podemos dejar de ver que votar a Arnaldo es también una quiebra para el sistema democrático.

P. No puso el nombre en el espacio del voto telemático.

R. No.

P. ¿Tuvo alguna conversación con la dirección de Unidas Podemos después?

R. Hablé con algunas personas de la dirección del grupo. Transmití a esas personas lo mismo que publiqué junto a Eduardo Santos y Meri Pita en un artículo. Un artículo que era una llamada de alerta a lo que significaba para nuestro espacio político preservar su entorno ético y nuestra propia concepción democrática e ideológica. Sobre ese toque de atención no hubo debate ni reformulación; se cerraron filas con un argumento muy débil, una toma de posición que, para un espacio como el nuestro, por ejemplo en 2015, cuando entramos en el Congreso, hubiera sido impensable.

P. El artículo habla también de que el fin no siempre justifica los medios. ¿Cree que con esa máxima se están degradando las instituciones?

R. Una de las cosas que sale a la luz esos días previos a la votación de la renovación del Tribunal Constitucional es una grabación de Arnaldo en la que dice que hay que tomar los órganos judiciales para dar el timón al sector más afín a su espacio político. ¿Nos está diciendo el Partido Popular que en un lugar tan importante de nuestro sistema constitucional tenemos que asumir la designación de una persona que quiere pervertir los órganos judiciales para acomodarlos a sus intereses partidistas?

Tenemos un poder judicial que en términos individuales es respetuoso con la ley y con los principios democráticos, estoy segura de que la mayoría de jueces son independientes, pero en términos colectivos necesita una democratización radical. Como grupo parlamentario, tenemos que defender la creación de un sistema público de acceso previo a la oposición a las carreras judiciales.


/ epe

Desde luego eso es lo contrario a haber votado a Arnaldo, con una trayectoria reprobable en términos éticos e institucionales. Es un error político, es un error de concepción democrática. Y eso no lo podemos justificar con el cambio de mayorías en el TC ni con la probable o improbable renovación del CGPJ. Nos tenemos que exigir ser coherentes con nuestro programa electoral y con lo que siempre hemos defendido. Lo demás es pervertir nuestra representación y nuestro compromiso electoral.

P. ¿Teme entonces que pase lo mismo en el Consejo General del Poder Judicial?

R. Creo que tenemos poco interés en articular de verdad un cambio de modelo institucional, en un sentido de avance democrático. Habría que pensar, al menos teóricamente, qué está pasando y qué podemos poner encima de la mesa para reforzar la independencia de los poderes del Estado y reconvenir la pérdida de credibilidad de las instituciones, el Congreso entre ellas. En el modelo de perdida de legitimidad está también la Casa Real, el poder judicial y el poder ejecutivo. Históricamente sólo hemos podido avanzar en términos sociales, en derechos civiles y políticos cuando las decisiones políticas han estado a la altura del momento.

La crisis de Podemos

P. ¿Los partidos están contribuyendo a la salud democrática?

R. Yo soy una firme defensora de la política y de los políticos, y también de la pluralidad que los partidos políticos aportan por encima de los liderazgos. No podemos entrar en el juego que estigmatiza el ejercicio de la representación pública. Los partidos tienen la importantísima función de articular la participación de la ciudadanía en lo público, pero es una desgracia que esa participación se entienda como depositar con miedo o desdén un voto cada cuatro años. Hay más mecanismos de participación, los pequeños referéndums de las cosas concretas que afectan a la gente concreta, la participación directa de la ciudadanía en iniciativas concretas, la rendición de cuentas...

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en una rueda de prensa

/ EUROPA PRESS

Si tienes un solo canal de representación, los partidos, y esos partidos son una elite totalmente separada de la ciudadanía y los que están en las listas electorales dejan de rendir cuentas a su electorado para rendir cuentas a la cúpula de su partido, tienes una autopista para que corra la desafección política y una consecuente pérdida de confianza en los partidos políticos.

Si tuviéramos que rendir cuentas a nuestra circunscripción, ¿habríamos votado a Arnaldo? ¿Habríamos votado el decreto de los interinos? No puede ser que la única capacidad de la ciudadanía, la única posible participación en la gestión de lo público sea un día cada cuatro años mediante el voto.

P. ¿Es lo que le ha pasado a Podemos?

R. Podemos, en cuanto a su actuación interna, sufre los mismos pecados de los partidos tradicionales y sin embargo carece de sus fortalezas. La estructura no es funcional y tiene una organización ínfima y radicalmente centralizada que no rinde cuentas ni es capaz ya de articular ningún tipo de debate para reflexionar en entornos abiertos. Es verdad que Podemos ha sufrido un vaciamiento de cuadros políticos y una desmovilización importante de sus propias bases, en gran medida porque ha renunciado a la promesa que llevaba en su nombre. Basta con ver las fotografías de los actos de 2014 y las de ahora. En vez de plantear batallas grandilocuentes es necesario hacer una profunda reflexión interna sobre esto.

P. Ha dicho antes que el grupo parlamentario queda como un brazo de madera. ¿También lo es el partido dentro del Gobierno?

R. Hay cosas que han sido indudablemente provechosas en cuanto a acción de gobierno. No se puede ocultar que Yolanda Díaz esté al frente del Ministerio de Trabajo ha resultado en términos objetivos una garantía, y no sólo para intentar derogar la reforma laboral, sino también para tener un importante refuerzo de la protección social durante esta pandemia. Es una persona con capacidad técnica y competencia política. Es positivo desde cualquier punto de vista que sea ministra de Trabajo, no me cabe duda.

El ex vicepresidente del Gobierno y antiguo líder de Podemos Pablo Iglesias.

/ Europ Press

Pero también creo que se podía haber debatido si todo eso nos resta capacidad de presión en temas muy importantes que afectan, por ejemplo, a los derechos humanos. O debatir si hay otras fórmulas de influir decisivamente en la acción de gobierno que no sea sólo estar dentro del Gobierno, a veces pareciera que a costa de lo que sea. Nos merecíamos ese debate y algunos lo echamos aún en falta. Por ejemplo, me duele profundamente la aceptación sin más de la política migratoria del Ministerio del Interior. Se pueden cometer errores, los hacemos todos, pero no podemos estar justificando constantemente esos errores.

Tenemos que hacer un análisis mucho más complejo de lo que nos ha pasado, de cuál es la pérdida de electorado, y desde luego dejar de mentirnos. Por ejemplo, tenemos un exsecretario general empeñado todavía en decir públicamente que no le echó nuestro electorado, sino que le echó el fascismo y el Estado profundo. Tenemos que decirnos las cosas y hacer análisis rigurosos sobre lo que nos ha pasado y por qué hemos perdido aceptación electoral durante los últimos años de forma abrumadora.

P. ¿Podemos ya no es asambleario?

R. Lo cierto es que no hemos tenido un solo secretario de Organización con compromiso por hacer de Podemos un partido con estructuras democráticas y con una organicidad que sostuviera unas bases o una militancia activa. Ni siquiera ha existido un mínimo de horizontalidad en la relación con las estructuras territoriales del partido.

Hace unos días llegaba Alberto Rodríguez a Canarias haciendo hincapié en la necesidad de que Canarias tuviera voz propia para demandar sus propias necesidades. Es curioso, pues él ha sido el secretario que consolidó una organización rígidamente centralizada.

P. ¿Qué opina sobre la plataforma de Yolanda Díaz?

R. Que Podemos ya certificó sus limitaciones en la IV Asamblea y que a partir de ahí hay que dejar definitivamente de ser autorreferenciales y mirar adelante. Creo que hay que dejar que Yolanda asuma la tarea de impulsar colectivamente un espacio amplio, un nuevo proyecto que tenga su propio protagonismo, que hable tú a tú a la sociedad, al resto de actores políticos, a la sociedad organizada y a la que está por organizarse; que se abra con ilusión al electorado, al espacio más amplio posible, y que lo haga con el BOE en la mano y a la vez con sentido crítico; que se reformule de abajo arriba y de fuera al centro, con participación, debate y colectividad, y con la valentía de abandonar todo sectarismo.

Las conexiones de Dolores Delgado con Villarejo

P. Vayamos al caso Tándem. ¿Qué pronóstico da a la instrucción?

R. Estos procedimientos judiciales tienen de por sí un potencial enorme para acabar de una vez con las estructuras criminales asentadas desde el franquismo y que han hecho y aún hacen perdurar una especie de Estado paralelo en el que prevalecen intereses políticos y económicos no legítimos.

El comisario José Manuel Villarejo, a su llegada al Congreso.

/ EP

Creo que se ha hecho bien durante una parte de la instrucción, pero me temo que la salida del fiscal Stampa del procedimiento ha sido determinante. Estamos viendo ahora una desviación del foco de interés de lo que es Tándem hacia cuestiones colaterales que vuelven a achicar el espacio de la investigación. Es un sumario con deficiencias y posibles nulidades que pueden abocar a la impunidad de los máximos responsables, los que están detrás de todas las películas que nos han contado, los que se llevan el dinero. Y por supuesto que siempre se pretendió controlar la causa, como ocurre en la mayoría de las causas de corrupción de este país. Las informaciones sobre las intervenciones de la Fiscal General del Estado para la separación de Stampa de Tándem son terriblemente preocupantes, y desde luego inciden directamente en el debilitamiento del procedimiento.

P. ¿Ve motivaciones políticas en las decisiones de Dolores Delgado?

R. La Fiscal General del Estado tuvo que aclarar en su momento aquella reunión con Eduardo Inda en un domicilio privado, con alguien con interlocución directa con algunas personas imputadas en el caso. Además, está su relación personal con Baltasar Garzón, dueño del despacho que asume la defensa del comisario García Castaño. Son cuestiones que ponen en entredicho la neutralidad de la Fiscal. Hay que ser rigurosos y coherentes, y cuando hablamos de limpieza institucional y de ser éticos, tenemos que ser exigentes y valientes con las personas que ostentan la dirección de la Fiscalía.

P. ¿Ha tenido usted contactos con el excomisario Villarejo?

R. Yo nunca he tenido el menor contacto con Villarejo. Me colegié en 1990 y jamás he llevado a cabo actividad alguna ni jurídica ni de ningún tipo en la que haya tenido contacto con este personaje.

P. ¿Cómo cree que acabará el caso Dina?

R. El caso Dina es precisamente la articulación de ese escaparate en el que se ha convertido Tándem. La pieza que durante meses impidió que se viera lo que de verdad estaba pasando. Villarejo es un maestro de desviar la atención. Por ejemplo, las acusaciones que hace sobre mí, con una supuesta factura de hace veinte años, una supuesta factura en la que por cierto ni siquiera aparece mi nombre ni el de Villarejo, pero que de alguna manera le basta para lanzar un pequeño relato que no necesita ser ni siquiera creíble para colarse en el espacio público de sus intereses. Todo son 'mcguffins', como en las películas de Hitchcock, algo que no es nada pero desencadena una trama.

Dolores Delgado.

/ EFE

Con el caso Dina pasó eso, como pasa con la mayoría de las piezas de Tándem. Son el relato que, a partir de algo que es nada, se construye para ocultar lo que realmente importa. En este caso fue algo mucho más grave, pues se consiguió retirar con una serie de pseudo acusaciones tan difusas como falsas a un fiscal que llevaba el peso de la investigación en una causa fundamental. Se hicieron insinuaciones que no tenían nada que ver con la causa, que eran falsas pero que a la postre permitieron la salida de Stampa.

Por eso hay que guardar la calma. No debemos sobreactuar. La intención clara de lo de Dina era vaciar de contenido el caso Tándem, estaba en peligro la causa, no nosotros, la querella de Villarejo contra Pablo Iglesias y contra mí era solo un 'mcguffin'. Tándem era el objetivo, no siempre las balas se dirigen hacia ti. Sobre todo si quien dispara es ese señor.

P. Pasan los gobiernos y no se limpian las cloacas.

R. Ahí está el caso del ministro Fernando Grande-Marlaska. Si hubiera tenido la intención de cambiar las cosas, hubiera cesado a personas muy determinadas que aun ostentan cargos de dirección en la policía y en la Guardia Civil. No ha hecho prácticamente nada.

A favor de un referéndum sobre la monarquía

P. ¿Deben cambiarse la Constitución y el reglamento del Congreso para que se pueda investigar al emérito?

R. Hemos sostenido que puede hacerse sin modificación reglamentaria. Todos sabemos que no es sencilla la reforma constitucional, pero sería tremendamente importante estudiar todas esas leyes orgánicas que sustentan la articulación del Estado.

Una de las operaciones quirúrgicas más importantes que se pueden hacer para cambiar las cosas sería modificar el reglamento del Congreso. Con la reforma del reglamento podemos hacer que la elección de vocales del CGPJ sea más democrática, estableciendo mayorías y poniendo encima de la mesa que haya al menos cinco grupos que apoyen la designación de los vocales.


/ epe

Legislar en términos coyunturales, sobre lo inmediato, ha sido un problema. Habría que intentar que esta legislatura tuviéramos la oportunidad de reformar algunos elementos estructurales que permitan recomponer el armazón democrático del Estado.

En cualquier caso, no me cabe duda de que la investigación del rey emérito, no sólo en vía judicial sino también en la sede de la soberanía popular, sería un examen imprescindible para la calidad democrática de este país. No se debería mirar nunca para otro lado, se trate de quien se trate. El rey emérito ha actuado como un comisionista viajando por el mundo con el sello de la más alta representación del Estado, participando además durante décadas en algunos negocios algo más que turbios. El Congreso no puede ponerse de perfil.

Yo creo además, que la Jefatura del Estado debe someterse a un referéndum. Es absurdo negar que Felipe VI tiene un problema de legitimidad democrática. Es el sucesor consanguíneo de un Jefe de Estado que ahora mismo tiene un notable deterioro institucional y varios procedimientos abiertos. Yo creo que el tiempo no va a operar a su favor y no lo va a solucionar con una Ley de Sucesión.

P. ¿Ha hablado últimamente con Ione Belarra?

R. No.

P. ¿Ha hablado últimamente con Pablo Iglesias?

R. No.

P. ¿Y con Yolanda Díaz?

R. (sonríe) No contestaré.

P. ¿Cuál es su futuro político?

R. Yo soy tremendamente optimista. Creo en el trabajo y en la política como la más poderosa herramienta de transformación. Tengo 54 años y toda la vida me he movido entre batallas. Muchas las he perdido, otras las he ganado. Estoy orgullosa de muchas cosas invisibles que he hecho en mi vida política fuera y dentro del Congreso. Y de otras más visibles, como por ejemplo el dictamen sobre el uso partidista del Ministerio de Interior bajo el mandato de Fernández Díaz. O del equipo de trabajo que hicimos para la derogación de la reforma del CGPJ que impulsó Gallardón, que lo convertía en un órgano presidencialista.

Estoy orgullosa de lo que he aprendido y de lo que he explicado sobre cómo funciona la corrupción en este país. De haber debatido las soluciones con tantas personas honestas. Son pequeñas batallas que indudablemente compensan. Y también de mi trabajo en la Mesa del Congreso…

Yo voy a seguir haciendo un trabajo coherente y honesto durante los próximos años, dedicándome con compromiso y lealtad a mis responsabilidades, y seguir haciendo política, siempre mirando al futuro.

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