GUERRA POR EL PP DE MADRID

Génova percibe ya la pérdida de apoyos a Ayuso tras los episodios de “deslealtad”

Cargos madrileños y alcaldes siguen pensando que Ayuso debe presidir el PP de Madrid, pero reconocen que “las formas” le pasarán factura y que no le beneficiaría un enfrentamiento a otra lista

Pablo Casado y Teodoro García Egea presiden una reunión del Comité de Dirección del PP en Génova.

Pablo Casado y Teodoro García Egea presiden una reunión del Comité de Dirección del PP en Génova. / David Mudarra/PP.

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La crudeza del enfrentamiento entre Génova y la Puerta del Sol amenaza con dejar abiertas heridas que podrían perjudicar al partido en términos electorales. Es el temor de muchos cargos madrileños, alcaldes, concejales y diputados, que guardan silencio en mitad de la contienda. “No nos pueden hacer elegir. No podemos posicionarnos con uno de los dos”, coinciden algunos de los consultados por EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, que representan a municipios clave en la región. Los episodios de “deslealtad” recientes, en palabras de la dirección nacional, han tensionado las costuras del partido hasta el punto de que dirigentes madrileños que defendían a capa y espada “el derecho” de Ayuso de presidir, empiezan a subir el nivel de crítica, reconociendo que no se sienten identificados con esa posición.

Las acusaciones de “irregularidades” al partido, la amenaza de acudir a los tribunales y la idea de que Ayuso no negociará nada sobre su candidatura (defendiendo ya que su número dos será Alfonso Serrano, su mano derecha y portavoz en la Asamblea, y dejando claro que no aceptará injerencias de Génova ni pretende contar con Ana Camins) tampoco son comprendidas entre las filas populares.

Es cierto que la mayoría de cargos consultados por este diario defienden que sea ella la presidenta del PP de Madrid, igual que lo son el resto de barones autonómicos. Este diario avanzó hace dos semanas que el auge de alcaldes como Jorge Azcón (Zaragoza) y Gema Igual (Santander) rompía el techo de que dirigentes municipales accedieran a presidencias autonómicas, un puesto hasta ahora reservado a presidentes o candidatos en la oposición.

Pero, aún así, tanto en el entorno de la dirección nacional como en las distintas capas del PP madrileño tenían claro que impedir que Ayuso sea la presidenta autonómica (a pesar de ser el deseo de muchos) era del todo improbable. De ahí que Génova fuera tan exigente con el calendario (“ella será presidenta, pero no habrá adelanto del congreso, ni impondrá todas las condiciones” repetían en la dirección como un mantra, insistiendo en que el cónclave de Madrid llegará en la última parte de la primavera de 2022). 

Hasta la semana pasada. Esos episodios de “deslealtades” que ya han hecho saltar por los aires la relación entre la propia Ayuso y Pablo Casado están violentando a muchos cargos, convencidos de que no pueden afrontar una guerra interna de estas dimensiones. Y las formas de Ayuso, “se pasa de frenada” admiten, empiezan a actuar como un goteo de malestar que aún puede tener mucho recorrido. Es la percepción que también tienen en Génova y que piensan seguir aprovechando. “Somos conscientes de que está perdiendo apoyo. Al menos las críticas no paran de crecer”, dicen en el entorno de Casado, en línea con lo que manifiestan dirigentes de Madrid ajenos a las familias Almeida-Ayuso.

De hecho, en la dirección nacional y en el PP de Madrid que lideran Pío García Escudero y Ana Camins señalan con cierta ironía las intervenciones en favor de Ayuso de la junta directiva del pasado viernes, que también abrió la caja de los truenos el fin de semana. “Los que pidieron hablar en favor de adelantar el congreso como Ayuso fueron viceconsejeros, directores generales, Lasquetty y Esperanza Aguirre. Ni una sola persona con peso orgánico o territorial. ¿Esos son sus apoyos?”. En realidad, tampoco hubo alcaldes o cargos de peso que defendieran con uñas y dientes la posición de la gestora. Los nombres con poder territorial y que encabezarán a un número cuantioso de compromisarios en el congreso regional prefieren no mostrar una posición en público. Las llamadas y los contactos se producen a diario y en los días pasados los teléfonos no han dejado de sonar.

En este punto, la dirección nacional apuesta por esperar. “Nosotros no estamos filtrando mentiras, ni bloqueos en WhatsApp ni nada para perjudicar el partido. Si en Sol optan por esa vía, ellos sabrán. Se les va a volver en contra”, sostienen dirigentes de nivel cercanos a Casado, a la dirección madrileña y al Palacio de Cibeles, la tercera pata de la historia. El alcalde de Madrid insiste en no abrir el melón de su posible candidatura por ahora y mantiene que tomará la decisión cuando se convoque el congreso. No ahora.

Los últimos acontecimientos han animado a la dirección nacional a sopesar con más fuerza que nunca la idea de una lista alternativa, que sólo podría encabezar el propio Almeida. Aunque hubo dirigentes que nunca terminaron de descartar esa idea en el entorno más cercano a Casado (“hasta que llegue el momento puede pasar de todo”, sostienen desde hace meses), el presidente nacional tenía decidido que Ayuso debía liderar la organización en Madrid. Eso sí, con un consenso y sin atesorar todo el poder. Ahora las aguas se han revuelto por completo y la batalla final con dos listas está encima de la mesa.


/ EFE

El tiempo es la mayor baza de Génova. Es la dirección nacional quien convoca los congresos en base al calendario que aprobó la junta directiva nacional (incluida Ayuso). Y los congresos uniprovinciales están previstos para 2022. Es la dirección nacional la que establecerá el mes concreto de cada comunidad y, por ahora, siguen dejando claro que Madrid tardará. 

En este contexto, el tiempo pasa y en el entorno de Casado consideran que si el entorno de la presidenta autonómica “continúa por esta línea”, las cosas “se pueden poner muy feas” para la madrileña. Como publicó este diario, ambas partes asumen ya que acabe como acabe la historia, “todos perderán”. El enfrentamiento ha ido demasiado lejos y parece improbable una reconciliación. Nadie ganará por completo. En el caso de la dirección nacional saben que su mayor riesgo es enfrentarse al mayor activo electoral del momento. “Pero aún así, esto hay que frenarlo”, zanjan.

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