GOBIERNO

El PSOE vio riesgo de ruptura de la coalición por la reforma laboral

 

  • Sánchez no oculta su enfado y la relación con Díaz queda erosionada por la desconfianza a pesar de la tregua

  • Los socialistas acusan a la vicepresidenta segunda de anular cinco reuniones con otros ministros en un mes

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, conversa con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, en el Palacio de la Moncloa.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, conversa con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, en el Palacio de la Moncloa. / JOSÉ LUIS ROCA

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Si hay algo a lo que Pedro Sánchez está acostumbrado desde que firmó el acuerdo de coalición con Unidas Podemos es a que el partido morado airee sus discrepancias en público como mecanismo de presión. Nunca le gustó ese ruido, pero siempre lo asoció al estilo de liderazgo de Pablo Iglesias. En la Moncloa había arraigado la idea de que con Yolanda Díaz la negociación sería más dura incluso, pero no entraba en los planes que la discusión entre los socios fuese ventilada ante la opinión pública. La forma en la que ha actuado la ministra de Trabajo en la crisis de la reforma laboral ha puesto en guardia a los socialistas. Se respira un excesivo clima electoral para unos comicios generales que quedan a dos años vista.

En lo peor de la disputa, esta semana, la dirección del PSOE temió que la vicepresidenta segunda estuviese elevando la tensión deliberadamente con el objetivo de romper la coalición e ir a elecciones. ¿Es esto posible? Dirigentes socialistas están convencidos de que Díaz lo ha intentado y de que quizá lo vuelva a hacer. El entorno de ella lo desmiente categóricamente. “Yolanda se ha puesto seria, pero de romper nada”, aseguran. Otras voces de la izquierda apuntan a que, en realidad, quien está más interesado en enfangar y provocar la ruptura no es la ministra de Trabajo, una de las más valoradas del Gobierno (solo superada por Margarita Robles), sino Unidas Podemos, para no dejarle tiempo a que construya un proyecto alternativo sólido y tenga que concurrir a elecciones bajo el yugo de las siglas moradas. Todas estas hipótesis han sobrevolado la semana más complicada que ha vivido la coalición y que se salda, de momento, con una tregua que deja heridas y un fuerte malestar.

El presidente del Gobierno no ha ocultado a sus colaboradores el enfado con Díaz. Los socialistas acusan a la ministra de Trabajo de cancelar hasta cinco reuniones que habían solicitado los ministerios del PSOE afectados por la reforma laboral, lo que entienden como el intento no solo de dirigir las negociaciones en una materia tan sensible, sino de excluirles y de ocultar información clave. El entorno de Díaz niega tal intención. Admiten que puede haber habido alguna cancelación, pero aducen que siempre ha estado justificada por agenda, e insisten en que nunca se han dado excusas, sino que ha habido razones acreditadas para posponer cualquier encuentro.

En el PSOE ha arraigado la convicción de que nada de esto es casual y subrayan que Díaz ha intentado hacer estallar la coalición. “Ya tiene su proyecto [electoral] organizado”, insisten. Creen que, por ahora, se ha evitado la implosión, pero queda el temor a un nuevo intento “con una nueva excusa”.

Los de Díaz rechazan esta hipótesis. “Yolanda lo ha pasado fatal esta semana. Pero no hemos notado ningún riesgo de ruptura en ningún momento. Lo que sucede es que este asunto es trascendental. Es laboralista y por eso se pone seria. No dura, sino seria”, razona el entorno de la vicepresidenta.

Reunión tensa

Con este clima de desconfianza mutua PSOE y Unidas Podemos llegaron a la reunión del lunes para revisar si se están cumpliendo los acuerdos de coalición. Adriana Lastra, la vicesecretaria general de los socialistas, llevaba el encuentro preparado y se presentó con la documentación de todas las iniciativas de su partido relativas a la reforma laboral. “Somos el PSOE. Tenemos 120 escaños”, trasladó a los morados, recordando que son el socio mayoritario de la coalición.

Hablaron de contenidos, lo admiten ambas partes. Pero ninguna de las dos se arriesga a desvelar qué discrepancias concretas existen. Hablaron, también, de liderazgo. Los de Díaz insisten en un argumento: ven lógico que el ministerio de Trabajo encabece esta negociación e informe al resto. Ellos, recuerdan, no se sientan en la mesa de la reforma de pensiones que dirige el ministro de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escrivá, a pesar de que ese diálogo también afecta a su cartera. Lo razonable, insisten, es que sea un único un ministerio el que dirija. El PSOE rechaza este argumento. “No ha ocurrido antes porque tampoco antes ha habido una coalición de gobierno ni una reforma laboral”, alegan. “Nosotros no jugamos al titular de quién lidera. Nosotros no abrimos esta disputa. ¿Quieren ganar el relato? Que lo ganen, pero que la deroguen [la reforma laboral del PP]”, defienden. Fuentes del ministerio de Trabajo insinúan que el problema de fondo es que, incluso dentro de los socialistas, no existe una posición única respecto a los contendidos que hay que tumbar. Y dejan una pregunta en el aire: ¿defienden lo mismo Adriana Lastra y Nadia Calviño?

Clima hostil

Con suspicacias de ambos lados, el próximo martes Sánchez reunirá en una misma mesa a Díaz, Calviño y Escrivá para acordar la posición del Ejecutivo en la reforma laboral. El presidente, explican fuentes próximas, sigue muy molesto con la ministra de Trabajo. Admiten que la relación entre ambos ha quedado debilitada por la desconfianza y el enfado. El clima de complicidad que existía entre ambos parece haberse evaporado.

En el PSOE preocupa que, a pesar de la tregua, se haya abierto una brecha irreparable. Temen que se instale la atmósfera electoral y que las hostilidades vaya en aumento. Están convencidos de que Díaz busca perfil propio y necesita desmarcarse de Sánchez para ser candidata. “No hay problema. La relación se mantiene”, niega el entorno de la vicepresidenta segunda. Sus colaboradores cercanos tratan de quitar hierro a la tensión con el presidente. Y cuando les preguntan si hay acaso otras voces dentro del espacio morado que han tratado de precipitar la ruptura prefieren guardar silencio.

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