POLÍTICA

IU urge a Yolanda Díaz a formar ya la alianza de izquierdas

  • El partido de Alberto Garzón quiere cerrar las reglas de funcionamiento de la nueva plataforma de cara a fin de año

  • Consideran que el ciclo electoral comienza en 2022 con la precampaña de las elecciones autonómicas y los adelantos electorales

El coordinador de Izquierda Unida, Alberto Garzón.

El coordinador de Izquierda Unida, Alberto Garzón. / EFE

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Izquierda Unida quiere construir ya las bases de la plataforma de Yolanda Díaz para las próximas elecciones generales. La formación coordinada por Alberto Garzón ha mostrado abiertamente su entusiasmo por la propuesta de la vicepresidenta segunda del Gobierno, a la que consideran uno de los mayores activos de la izquierda. Sin embargo, no comparten los plazos marcados con la dirigente, que hasta el momento ha evitado concretar el proyecto.

En Izquierda Unida, en cambio, ven necesario adelantar los tiempos y urgen a Díaz a sentar las reglas de funcionamiento de dicha plataforma antes de final de año. Consideran que en 2022 ya deberá estar en marcha toda la maquinaria para el ciclo electoral que se abre, con los posibles adelantos electorales en Andalucía o Comunidad Valenciana, además de las autonómicas de primavera de 2023 y las posteriores generales. Creen necesario establecer las bases de la organización del nuevo ente para asentar el proyecto común antes de los comicios y acudir más fuertes a las urnas.

Entre las razones que esgrimen en Izquierda Unida para adelantar los plazos está la carrera por la izquierda, donde el PSOE ya ha puesto en marcha motores. La formación advierte de que Pedro Sánchez ya ha entrado en clave electoral. Un punto de inflexión que, según su visión, comenzó con la crisis de Gobierno del pasado julio y el cambio de caras en sus principales portavocías, con la salida de algunos de los perfiles más duros y la renovación por perfiles más moderados que exhiban capacidad de negociación con más actores además de los actuales socios de Gobierno; un gesto que se materializó la semana pasada con el acuerdo de los órganos constitucionales anunciado junto al PP.

Un documento organizativo cerrado

La forma de organización del nuevo proyecto de izquierdas es algo que también preocupa en el partido, que después de cinco años conviviendo con Podemos en la coalición parlamentaria, buscan nuevas dinámicas y equilibrios que permitan una convivencia más sencilla. Es por este motivo que reclaman a Yolanda Díaz iniciar los trabajos para cerrar un documento organizativo que establezca las reglas de juego y las normas de funcionamiento para evitar el cesarismo y la verticalidad. Desde la dirección piden crear mecanismos que impidan “reproducir conductas estalinistas” hasta ahora vigentes por parte de Podemos.

Sin embargo, esta empresa se presenta como todo un reto en un proyecto absolutamente incipiente, que ni siquiera cuenta con una política clara de alianzas, más allá de la exhibición de fuerza que hará la ministra de Trabajo junto a Ada Colau, Mónica Oltra y Mónica García, en un acto desvelado por EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. Un acto organizado por la vicepresidenta valenciana en el que no está invitado Podemos; un actor que genera fuertes recelos en los posibles aliados de Díaz. Es el caso de Compromís, que ya experimentó fuertes turbulencias en su coalición electoral con los morados de 2016, cuando terminó por dar un puñetazo en la mesa y abandonar el grupo parlamentario.

Con este llamamiento de Izquierda Unida a Yolanda Díaz para que fije las reglas de juego, la formación busca certezas para afrontar los procesos internos que atravesará antes del ciclo electoral, puesto que es la Asamblea Político y Social quien debe ratificar la política de alianzas, aunque adelantar los tiempos es también una manera de ganar posiciones y convertirse en un aliado privilegiado de la vicepresidenta, frente al papel menguante de Podemos. Adelantan también que, una vez que se configuren las alianzas y se negocien los componentes del proyecto, tendrán que hacer primarias, aunque las listas formen parte de un acuerdo previo.

Podemos quiere ejercer de nave nodriza en el nuevo proyecto, pero en IU le niegan tal protagonismo y consideran que el partido fundado por Pablo Iglesias debe asumir un papel más discreto, acorde a la situación en la que se encuentra actualmente, con una organización desvertebrada y unas discretas perspectivas electorales.

Sí confían en hacer valer la improtante red de alcaldías y ediles municipales con la que cuenta, que le otorga una capilaridad y una implantación territorial con la que no cuentan los morados. La estructura orgánica de IU implantada durante décadas en todo el país se presenta como un elemento diferenciador que podría ponerse a disposición del proyecto de Díaz, pero para poner en marcha esa maquinaria, creen en Izquierda Unida, necesitan tiempo. En la organización son conscientes de que ni Podemos ni Yolanda Díaz cuentan con una estructura similar, lo que les hará imprescindibles en la campaña.

En 2022, la fase de "escucha activa"

Díaz ha comenzado en los últimos meses un proceso de “escucha”, en el que ha mantenido reuniones informales con distintos dirigentes del espacio. Sin embargo, no ha dado pasos en firme en esta iniciativa, a fin de evitar el desgaste que le supondría como candidata adelantar los tiempos a más de dos años vista de las elecciones generales. Hasta ahora, lo único que ha hecho ha sido confirmar su intención de crear esta plataforma y amenazar con marcharse en caso de que exista “ruido” interno, en referencia a Podemos. La vicepresidenta pretende empezar una nueva fase del proyecto a comienzos del próximo año, una vez cerrada la negociación de la reforma laboral. Esta etapa consistiría en la escenificación de los contactos con la sociedad civil y distintas fuerzas políticas, en un intento por representar a distintas sensibilidades.

Uno de los mayores retos para Yolanda Díaz será precisamente aglutinar a Podemos y al partido de Iñigo Errejón bajo un mismo paraguas electoral. Un difícil equilibrio que se escenificó en las tensiones vividas entre Más País y Más Madrid, cuya candidata, Mónica García, prevé acudir al acto con Díaz, Oltra y Colau, algo que genera ciertos recelos al diputado y ex fundador de Podemos. Tampoco en el partido morado genera entusiasmo alguno la inclusión del sujeto al que acusan de haber abierto el partido en canal durante Vistalegre 2 para abandonarlo dos años después. Sin embargo, en las últimas semanas se han visto declaraciones de una y otra parte abriendo esa posibilidad, en lo que algunos consideran una escenificación previa para mostrar disposición y evitar el descrédito de haber dificultado la unidad de izquierda. Unas posiciones que se irán aclarando conforme avance el proceso de construcción, en el que Podemos quiere tener un papel protagonista.

Yolanda Díaz en el Congreso.

/ EFE

Desde Izquierda Unida consideran que Errejón se verá abocado a aceptar la integración en la candidatura de Yolanda Díaz, si bien decretan las dificultades que atravesará para sobrevivir como proyecto nacional. La disyuntiva que se abre, consideran, no presenta buenos resultados en ningún caso para el dirigente madrileño. En el caso de que decida enfrentarse electoralmente a Yolanda Díaz, el escenario será de competición por un electorado muy parecido, con un mensaje de ensanchar el espacio, sin escorarse a la izquierda y representar, en definitiva, un proyecto transversal capaz de llamar a mayorías. En caso de que acepte, es posible que su figura quede diluida, más aún después de los modestos resultados obtenidos en las últimas generales, que le darían un limitado poder de negociación y podrían abocarle a ver muy reducido su progratonismo. La situación se agravaría, consideran desde IU, si Mónica García inicia una aproximación evidente a Díaz, puesto que este pacto de facto obligaría a Iñigo Errejón a rebajar las condiciones para acceder a unirse al proyecto.

Si a Errejón lo ven con buenos ojos en cuanto a política de alianzas, no sucede así con Teresa Rodríguez. La líder andaluza, aseguran, "está amortizada" y todavía no se ha enfrentado a ningunas elecciones autonómicas en solitario, lo que podría reducir significativamente su representación política. El peso de IU en Andalucía, una de las regiones donde han tenido tradicionalmente más arraigo, genera cierto optimismo en el partido de Alberto Garzón, al considerar que el apego al territorio jugará a su favor y les llevará a mantener resultados.

Disputa con PCE

Pero la realidad es que la política de alianzas tampoco está claro dentro de Izquierda Unida, donde hay una voz discordante en cuanto a la apuesta inequívoca por Yolanda Díaz como la candidata del espacio. Es precisamente el Partido Comunista Español, el PCE, el que parece disentir de la estrategia de Izquierda Unida de facilitar el acuerdo. La situación es paradójica, ya que la ministra de Trabajo, que no milita en Podemos y hace gala de huir de los asuntos orgánicos de los partidos, sí exhibe con cierto orgullo el carnet del PCE, en cuya fiesta participó activamente.

Una adhesión que desde IU consideran más simbólica que real, puesto que la corriente comunista, que apenas representa un 6% de las bases de IU, están lideradas por Enrique Santiago, amigo personal de Pablo Iglesias y actual secretario de Estado de Agenda 2030 en el ministerio antes presidido por el ex líder de Podemos. También Amanda Meyer, dirigente destacada del PCE, tiene un cargo notable en el Ministerio de Igualdad, donde es jefa de Gabinete de Irene Montero. Es por ello que desde la dirección del PCE se apuesta más por la marca Podemos que por la marca de Yolanda Díaz. No sólo por la afinidad con Iglesias, sino también por un debate político que subyace de fondo: la relación con 'lo verde'.

En las filas del PCE consideran que la apertura hacia un discurso verde que abogue por la sostenibilidad es dar un paso atrás en la izquierda, y reclama una vuelta al obrerismo tradicional que lucha por los derechos de los trabajadores sin entrar en matices, al considerar que el cambio climático o la sostenibilidad del plantea son debates que se plantean para las clases medias y altas, y que es más difícilmente asumible por la clase obrera, con un nivel de ingresos más ajustado.

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