Opinión | PENSAMIENTO PERIFÉRICO

Tiempo muerto

Ursula von der Leyen y Pedro Sánchez.

Ursula von der Leyen y Pedro Sánchez.

La política española ha entrado en tiempo muerto arrastrada por la dinámica catalana. El plan, por ahora, es que el reloj de la investidura se ponga en marcha el 25 de junio sin que acuda al hemiciclo ningún candidato. Illa va a pedir tiempo, como lo pidió Feijóo en su momento. Mientras, Carles Puigdemont va a seguir especulando con su retorno aunque la advertencia de Marine Le Pen en EL PERIODICO DE ESPAÑA le ha puesto un cronómetro en marcha que no esperaba. Y Esquerra sigue en su mundo adolescente, quedándose diezmada ante una posible repetición a la que dice no tener miedo. Será el primer partido de la historia que toma decisiones atemorizado por el menosprecio de sus adversarios y no por el de sus votantes.

A su vez, Sánchez se va a zambullir en la política europea en la que le podría esperar un futuro más esplendoroso que en la interior. La aportación del PSOE al grupo parlamentario de los socialistas europeos le da para arrancar una vicepresidencia de la Comisión para Teresa Ribera y quizás un cargo para sí mismo a medio plazo. Sea como fuere, tiene la posibilidad de abstraerse de la pugna por Feijóo durante las próximas semanas y soñar con un futuro fuera de nuestras fronteras.

Los problemas de los españoles no se van a solucionar, pues, al menos hasta septiembre. La actividad legislativa va a seguir bajo mínimos. No se va a mover pieza con los presupuestos. La turismofóbia va a seguir penetrando en las clases medias por los problemas derivados de la vivienda que empobrecen a los trabajadores. Los jueces van a seguir en guerra con el Gobierno y el Gobierno con los jueces. Son todas estas cosas las que luego alimentan a los populismos en la medida en que los partidos convencionales se dedican a solucionar sus problemas pero no los de la gente corriente.

Ahora viviremos angustiados por el aterrizaje de una mayoría de extrema derecha en Francia, pero nadie de los que advierte de su peligro hace casi nada para combatirlo, de verdad y no solo con la palabrería de la superioridad moral.