Opinión | EL PULSO DE ESPAÑA

El Gobierno tiene migraña

El gabinete de Sánchez vive rodeado de incertidumbre sobre su futuro y un dolor de cabeza intenso provocado por Sumar, la agenda de Junts y ERC y las intenciones del PP

Salvador Illa estrecha la mano del nuevo presidente del Parlament, Josep Rull.

Salvador Illa estrecha la mano del nuevo presidente del Parlament, Josep Rull. / ZOWY VOETEN

El Gobierno tiene migraña. Con aura. Para los que tengan la suerte de no haber sido víctimas jamás de este brutal dolor de cabeza con este peculiar síntoma sensitivo añadido, se especifica aquí solo para su conocimiento que el aura implica sumar destellos de luz, puntos ciegos y otros posibles cambios de visión a la sensación de tormentoso martilleo en la sien. Hecho el apunte, insisto en la metáfora: el Gobierno tiene migraña. Con aura. Y aunque existen remedios cada vez más sofisticados para aliviar el dolor, de momento no hay cura para el mal de fondo que, además, es recurrente.

El padecimiento le viene a este Ejecutivo de coalición de haber aprovechado su legítimo derecho a conformar una suficiente, pintoresca y complicadísima mayoría parlamentaria, que quien ganó las últimas generales no pudo tejer (cada vez que el PP insiste en argumentar que pudo, pero no quiso, partidos como el PNV mueven el dedo índice a modo de negación y recuerdan la alianza con Vox) y que en más ocasiones de las que dicta la prudencia, deja en evidencia sus propias debilidades.

En las últimas horas ha sido el partido que está engarzado con los socialistas en el propio Gobierno, el Sumar de Yolanda Díaz, el que ha dejado ver sus costuras. Y la falta de tela que hay debajo, también. Tras la acumulación de fracasos (y grandes errores estratégicos) en el puñado de procesos electorales vividos en estos meses, Díaz ha decidido dar un interpretable paso al lado para revisar el camino de una organización que apenas tiene tres meses de vida. La conclusión de los socios de este “espacio” es que Díaz ha mandado demasiado, por encima de sus posibilidades teóricas -se alegan que hasta ahora ha primado el ‘quién’ o el ‘quién no’ por encima de qué, el cómo, el para qué y el cálculo de los riesgos- y también prácticas –es vicepresidenta del Ejecutivo-. 

El dolor de cabeza en el Ejecutivo está justificado y disimularlo sirve de poco

Desde Izquierda Unida y Más Madrid el malestar con esa forma de organización se ha hecho saber todo este tiempo, pero ha tenido que llegar el batacazo de las europeas para que se abriera una reflexión real, hubiera (más o menos) una dimisión y se nombrara una gestor que ellos llaman coordinadora colegiada. Esa coordinadora está obligada a reactivar la mesa de partidos y repartir el poder y, por tanto, las hieles que estén por llegar y las mieles que puedan estar esperando a esta formación, si es que le esperan, y el PSOE de Pedro Sánchez no la devora por el camino haciéndose con la parte de su electorado potencialmente trasvasable.

Pero ese tembleque de piernas de un Sumar neonato es, de momento, un dolor de cabeza gubernamental: los socialistas necesitan los escaños de su socio y facilidad para llegar a acuerdos con ellos en una legislatura demasiado estéril en proyectos legislativos. Demasiado. De hecho se supone que Sumar debería ayudar al PSOE a rebajar el efecto de las migrañas políticas, no a incrementar su potencia. Los socialistas inevitablemente proyectan su aura o distorsión del campo visual en Cataluña, donde han ganado recientemente unas elecciones importantísimas a un independentismo a la baja que, sin embargo, se lo está poniendo muy difícil y dibuja en el horizonte la amenaza de repetición.

Junts ya se ha hecho con la mesa del Parlament y, por si fuera poco, pretende maniobrar para que Carles Puigdemont intente una investidura en paralelo a la del ganador, Salvador Illa. ERC, aún más temerosa de la reacción de lo que queda del secesionismo que de analizar qué han votado los catalanes, deja hacer. El problema agregado es que tanto Junts como ERC son actores necesarios en Madrid para que Pedro Sánchez pueda tener unos presupuestos (ojo con esto) y una legislatura más o menos viable. 

El presidente del Gobierno, el pasado jueves, se dijo convencido de que todo sigue y seguirá y que él tendrá presupuestos y cuatro años de mandato. Bueno bien. Un deseo es un deseo, pero es que no está en su mano. También subrayó que es de los que piensan que no habrá repetición electoral en Cataluña, pero eso tampoco está en sus manos. O no solo. Y es una posibilidad cada vez con más cuerpo, salvo que los independentistas o una parte de ellos dediquen algo de su tiempo a contar los votos que han obtenido en las últimas citas con las urnas y se den cuenta de que el siguiente examen puede resultar todavía peor… pero es utópico pretender esto del Junts de Puigdemont. Es arriesgado aguardarlo de Esquerra en un momento de transición en que Oriol Junqueras se ha retirado al rincón de pensar y está a los mandos Marta Rovira. 

De momento los mensajes-promesas sobre financiación singular para Cataluña (ya se habló de condonación de deuda hace unos meses) sumados al tortuoso despliegue de la ley de amnistía, al menos para el Fiscal General del Estado, no están logrando aliviar la parte de la migraña que llega desde tierras catalanas. Y los populares se han venido arriba con su victoria de las europeas y están decididos a poner todas las piedras en el camino que puedan en Bruselas, por más que Sánchez trate de enfocar la agenda de las urgencias en cerrar un pacto sobre el poder judicial que, sin duda, este país necesita.

El dolor de cabeza en el Ejecutivo está justificado y disimularlo sirve de poco. La incertidumbre, acecha. Solo el PNV parece haberle dado esa dosis de paz que los socialistas necesitan con un acuerdo prácticamente hecho en Euskadi para encauzar el gobierno vasco… pero los peneuvistas detectan el aura que aqueja al Gobierno al que avalan y sostienen ya que puede haber adelanto de las generales si hay repetición obligada de comicios en Cataluña, para que coincidan. Como tratamiento de shock para una migraña que empieza a ser excesivamente intensa.