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Resaca... con incertidumbres

En Cataluña el independentismo ha perdido las elecciones catalanas y las europeas.

El presidente francés, Emmanuel Macron.

El presidente francés, Emmanuel Macron. / EFE

Tras el domingo estamos en la semana de resaca. En Europa ha vuelto a ganar el pacto central no homogéneo (PPE, socialdemócratas y liberales) que gobierna Bruselas desde siempre. Bien. La extrema derecha sube, aunque tampoco tanto. Pero Francia está en zona de peligro. Macron ha convocado elecciones para derrotar a Marine Le Pen, que con más del 30% de los votos ha doblado los de su partido y ha ganado en más de 90 de los 105 departamentos. Hasta el 7 de julio, san Fermín y domingo de la segunda vuelta, estaremos pendientes de París. Macron vuelve a mostrar arrojo, pero el mundo no es de los valientes sino de los que saben tragar serpientes… y ganar.

¿Cataluña? Aquí estamos en la resaca de catalanas y europeas. El independentismo ha perdido las dos, pero ahí está y le cuesta digerir que ya no tiene mayoría. Tras las elecciones de 2021 el independentismo con mayoría (ERC, Junts y CUP), pactó la mesa del Parlament. Las CUP se apartaron enseguida y ERC y Junts formaron Govern con Pere Aragonès de president. Pero en octubre del año siguiente ERC y Junts se pelearon. Desde entonces y hasta hace muy poco ERC gobernó con la oposición de Junts y la muleta del PSC. ERC eligió el pacto transversal.

Ahora ha ganado Illa con 42 escaños frente a los 35 de Puigdemont y los 20 de ERC (y el PPC pasando de 3 a 15 escaños). Pero el lunes se volvió al pacto independentista de 2021 y se eligió una "mesa antirrepresiva" contra el PSC y excluyendo al PPC. ¿Cree alguien que hoy la unidad independentista -aún más falsa que en 2017- y encima sin mayoría puede ser operativa?

No. Es la resaca. ERC está aturdida. Ni entiende ni traga haber bajado 13 escaños, necesita digerirlo y hace ascos al PSC. ¿Con Aragonès de president, el pacto era bueno? ¿Con Illa, no? Claro, todo depende del cristal con el que se mira. Pero debería madurar porque una repetición electoral sin candidato claro -su congreso es en noviembre y las nuevas elecciones serían en octubre- podría ser el crujir de dientes. Rovira proclama que no teme unas nuevas elecciones, pero 'dime de lo que presumes y te diré lo que careces'.

Lo que está claro es que Puigdemont está siendo mejor maniobrero que candidato. Ha arrastrado a ERC a votar a Rull y quiere repetir elecciones. Con este Parlament no puede ser president, pero cree que tendrá otra bala si se vuelven a tirar los dados y ERC acaba aceptando una lista conjunta.

¿Podemos estar así hasta el 25 de agosto? ¿Y luego hasta octubre, cuando se repetirían las elecciones? ¿Y luego… vete a saber? Sería bastante absurdo, pero Puigdemont lo intentará. Y tiene su derecho. Encima está el lío de la amnistía, que al parecer los tribunales quieren retrasar… o impedir. Y esto une a Rovira y Puigdemont, ambos directamente afectados.

Mal Sánchez -la amnistía como pago a Junts- y mal Feijóo porque Cataluña -y por lo tanto España- no puede caminar sin superar la herida de 2017.

¿Qué pasará al final? Javier Pacheco y Camil Ros, líderes de CCOO y UGT, ya han dicho que Cataluña necesita un Govern. El Foment (y Pimec), que tanto exigían presupuestos, ahora callan. ¿Que Puigdemont pueda vetar en Madrid leyes de Yolanda Díaz cuenta más que la estabilidad en Cataluña? Cuesta de creer, aunque Sánchez-Llibre puede pensar que los Comuns no son garantía de nada. Se cargaron los presupuestos de Aragonès. Suma algebraica, incertidumbre.

Pero en ERC no todos quieren ser estatua de sal hasta fines de año. La dirección de Barcelona (sin hacer caso a Rovira) ha llegado a un pacto -ya pergeñado antes del ciclo electoral- con Jaume Collboni para el Ayuntamiento de Barcelona. Este jueves lo tienen que refrendar los militantes de ERC de la capital catalana. Y si el resultado es positivo tendrá consecuencias: Puigdemont a lo suyo y nosotros a lo nuestro.

¿España? Se acaba el espacio. No ha habido plebiscito contra Sánchez, pero el PP ha aumentado su ventaja de las generales (de 1,4 a 4 puntos). Y toda España es azul, salvo Cataluña, Euskadi, Navarra y Canarias. E, increíble, Alvise tiene tantos eurodiputados como Sumar. La crisis a la izquierda del PSOE -caída en picado del sobrevalorado fenómeno Yolanda- hace que Sánchez esté más cerca de la zona de asfixia. Habrá que volver.