Opinión | LA VENTANA LATINOAMERICANA

La influencia de España en América Latina

Las relaciones no se centran solo en la diplomacia y las inversiones, sino que se fundamentan en múltiples intangibles, que hacen del vínculo algo excepcional

Pedro Sánchez, el rey Felipe VI y José Manuel Albares durante la XXVIII Cumbre Iberoamericana, en 2023 en Santo Domingo (República Dominicana).

Pedro Sánchez, el rey Felipe VI y José Manuel Albares durante la XXVIII Cumbre Iberoamericana, en 2023 en Santo Domingo (República Dominicana). / EFE/ Fernando Calvo

Desde hace más de 15 años se repite la idea de que España ha perdido influencia en América Latina, lo que surge de comparar los gobiernos de Felipe González y José María Aznar con el de José Luis Rodríguez Zapatero y posteriores. Incluso algunas interpretaciones apuntan a que hoy esta presencia es totalmente irrelevante.

Como consecuencia de la visita del presidente argentino Javier Milei y del sobrevenido conflicto diplomático, la idea de la pérdida de influencia ha reemergido con fuerza renovada. De ahí la oportunidad de preguntarse si las cosas son tan negras como se pintan o la realidad es más compleja y matizable y se desparrama en ambos sentidos de la relación.

No se trata solo de valorar la presencia de nutridas colonias españolas y de empresas de todo tipo y tamaño al otro lado del Atlántico. En los últimos 20 años, España se ha convertido en destino de centenares de miles de inmigrantes latinoamericanos y, más recientemente, en receptora de inversiones directas del mismo origen, valoradas en decenas de miles de millones de euros. Dada la fuerte presencia latinoamericana en algunos barrios céntricos de Madrid hay quien compara a la capital del reino con Miami.

A esto se suma la dificultad de medir la influencia de un país en otro. Más aún cuando las relaciones entre España y América Latina no se centran solo en la diplomacia y las inversiones y se fundamentan en múltiples intangibles, que hacen del vínculo algo excepcional. La mayoría de los intercambios son no mensurables, ocurren bajo la línea del radar de las estadísticas oficiales y van desde las relaciones humanas (personales y familiares) hasta la presencia constante de manifestaciones culturales, artísticas, científicas, tecnológicas, deportivas e incluso políticas en ambas orillas del Atlántico.

Algunos académicos y periodistas presentan la menor influencia ibérica como un juego de suma cero. España habría perdido pie en América Latina debido al enfrentamiento global entre China y Estados Unidos, lo que refuerza a los grandes actores globales en desmedro de los países europeos, especialmente las potencias medias como España. Si bien la escala del choque es algo relativamente nuevo, la hegemonía estadounidense en el hemisferio americano no es ninguna novedad.

La relación ha cambiado y ya no es igual a la de las décadas de 1980 y 1990. Incluso, este cambio puede verse como una menor presencia o influencia española. Esto no solo se debe a la supuesta desidia ibérica, sino también a profundas transformaciones en ambos lados de la relación. Desde la crisis de 2008 España es más autista y eurocéntrica, y su política exterior, incluyendo la latinoamericana, se ha hecho más europea.

Pero América Latina también cambió. Está más fragmentada y es incapaz de alcanzar ningún consenso sobre las agendas regional e internacional. Esto se ve, por ejemplo, en la trama iberoamericana y en la preparación de las Cumbres, comenzando por la próxima, que teóricamente deberá celebrarse en Ecuador. Las Cumbres iberoamericanas junto a las descalificaciones de muchos gobiernos, como los de Milei y López Obrador, sobre España y sus autoridades son, para muchos, un indicador relevante para evaluar la mayor distancia entre España y América Latina.

América Latina también cambió: está más fragmentada y es incapaz de alcanzar ningún consenso sobre las agendas regional e internacional

En los primeros 10/15 años de vida del sistema iberoamericano, el rey Juan Carlos y Fidel Castro eran sus dos mayores animadores. A España le eran útiles porque proyectaban la imagen de un país moderno, en vías de completar su plena incorporación a la Unión Europea. Para Cuba también eran importantes. Tras décadas de aislamiento, y una vez concluida la Guerra Fría y caído el muro de Berlín, lo iberoamericano era el mejor camino para reconectarse con América Latina. Pero, la llegada de Hugo Chávez y la convergencia entre Venezuela y Cuba trastocó todo y las cosas ya nunca fueron como antes.

La influencia no es estática. Se transforma en función de cómo cambian los actores involucrados. Así, por ejemplo, las relaciones políticas (no diplomáticas) entre España y América Latina las sostenían el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista (PSOE), bien directamente o bien mediante las internacionales políticas. La desaparición del bipartidismo, el menor peso de las internacionales, la fragmentación de los sistemas de partidos latinoamericanos y la desaparición de los aliados tradicionales del PP y del PSOE cambiaron radicalmente las cosas.

En su lugar, tanto Podemos (y Sumar) como Vox tienen más protagonismo. A través del Grupo de Puebla y de la Iberosfera se han tejido lazos otrora inexistentes. No es que la influencia política e ideológica sea menor. Ha cambiado y se ha desplazado. Algo similar ocurre en otras áreas, como el diseño institucional y la legislación comparada, donde se ve un mayor peso español.

¿Ha disminuido la presencia española en América Latina? Es algo difícil de cuantificar y merece un análisis más sofisticado. Sin embargo, y si bien la relación con América Latina es responsabilidad de ambas partes, España debería trabajar por potenciarla, comprometiéndose más con una región que es parte esencial de su identidad. De otro modo, la idea de la menor influencia terminará siendo una profecía autocumplida