EL TRIÁNGULO

Pasados los 40

Ser madre parece un asunto sobre el que todos puedan dar su opinión, legislar y condenar, sin entender cuál es realmente su significado, porque para muchos lo importante no es la mujer, ni su cuerpo, ni su mente, ni su alma

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Pasados los 40

Las décadas son un dibujo más o menos impuesto de las cosas que se deben hacer y de las que no, son algo así como las olas que acaban rompiéndose contra la arena para dar paso a otra quizá más torpe, pero siempre más joven. Cuando yo era niña recuerdo con terror que alguien de mi familia –mi madre, mis tías o las hermanas de mis tías– dijeran que se habían quedado embarazadas pasados los cuarenta, porque eso significaba muchas cosas. Significaba que eran demasiado mayores para ser otra vez madres y que el futuro bebé podría venir con todos los problemas de salud que significaba ser madre con más de cuarenta, así que cuando supe que una de mis tías y una hermana de otra tía, que realmente no era mi tía, se habían quedado embarazadas a esa terrible edad, yo, que era especialmente temerosa, rezaba para que ambos bebés llegaran al mundo sanos y sin problemas de esos que te arrastran por una vida intranquila y sin sentimientos.

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Hoy en día puede parecer una insensatez y hasta una crueldad, pero pasados los cuarenta a finales de los setenta una mujer no debía tener hijos y no por ella, sino por el bebé, pero si se quedaba embarazada nada podía hacer más que esperar el día en el que el niño llegara al mundo sano y a salvo de su imprudencia de ser madre pasados los cuarenta. Y ciertamente, como nos habían educado así y eso es lo que nos habían enseñado, cuando una mujer mayor de cuarenta años anunciaba su estado de buena esperanza nadie la daba la enhorabuena, más bien un pequeño soliloquio austero y bronco deseando que el bebé llegara en buen estado a pesar de su falta de cuidado e incluso de cordura de querer ser madre siendo tan vieja.

El tema de la maternidad siempre ha sido y es un complejo asunto sobre el que a veces las que menos opinión tienen son las propias mujeres, porque ser madre parece un asunto sobre el que todos puedan dar su opinión, legislar y condenar, sin entender cuál es realmente su significado, porque para muchos lo importante no es la mujer, ni su cuerpo, ni su mente, ni su alma, como si ella realmente no fuera más que una vasija que da cobijo amado o no, deseado o no, a un nuevo ser que por supuesto tiene innumerables coros que lo defienden solo por herir a la mujer que solo es eso: una mujer. Sé de muchas mujeres que han llorado por no poder quedarse embarazadas y de otras muchas que lo han hecho por todo lo contrario y a todas ellas las admiro, porque solo ellas saben de las décadas que marcan y nos encierran en preceptos que la sociedad da por buenos al margen de ellas, nosotras, de nuestros temores, aciertos y luchas.

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