ANÁLISIS

El centro ya no existe

La solución estriba en recuperar el espíritu constitucional, no en recurrir a componendas ambiguas.

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Joe Biden, durante un discurso en Estados Unidos

Joe Biden, durante un discurso en Estados Unidos

Entre los análisis que se han publicado sobre las elecciones midterm en USA, el premio Nobel Stiglitz ha destacado que el fracaso de los candidatos de Trump se ha debido a un esfuerzo de razón de la ‘mayoría silenciosa’, que ha apreciado la tarea desarrollada por Biden en el bienio: el plan de rescate frente a la crisis, el primer gran proyecto de ley de infraestructuras en varias décadas; una respuesta creativa realista frente al cambio climático; un importante proyecto de ley de política industrial, el CHIPS and Science Act, que admite el papel del gobierno en la configuración de la economía… Asimismo, ha habido decisiones no legislativas relevantes, como el nombramiento de la primera mujer negra en el Supremo, el alivio de la deuda de los préstamos estudiantiles, la mejora de las normas antimonopolio, el regreso de Washington al acuerdo de París y el mayor protagonismo de USA en el concierto de las naciones, así como la gestión impecable de la guerra de Ucrania.

Así las cosas —reflexiona Stiglitz— hay quien recomienda a Biden que, tras el traspiés del extremismo republicano, no vire a la derecha para ocupar el centro político. Si lo hiciera —argumenta el Nobel—, demostraría que no ha entendido el mensaje que los ciudadanos han querido lanzar, y que en absoluto consiste en la búsqueda de una solución salomónica. No se trata de ocupar el centro sino de desarrollar e implementar unas libertades y un estado de bienestar acordes con la democracia política madura que está en la naturaleza profunda de la nación norteamericana.

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El ejemplo que aporta Stiglitz para defender su tesis es muy expresivo. Los candidatos republicanos más radicales han defendido la prohibición absoluta del aborto, sin excepciones, ni siquiera en casos de violación, incesto o peligro de la vida de la madre. Frente a esta propuesta, lo deseable no es una tímida legalización en ciertos casos sino una norma general que sitúe la decisión de abortar o no en manos de la madre y no del gobierno.

Hay otras muchas cuestiones pendientes en Estados Unidos (y en España) en que tampoco son de recibo las soluciones intermedias, centristas. Tanto aquí como allí puede decirse que la desigualdad ha ido en aumento, las oportunidades de movilidad social se reducen y estos problemas se han visto exacerbados por una falta crónica de inversión en educación. Hoy en día, las perspectivas de vida de los jóvenes dependen sobre todo de los ingresos y la educación de sus padres. La solución estriba en recuperar el espíritu constitucional, no en recurrir a componendas ambiguas.