ENCUESTAS

A un año de las elecciones

La ventaja demoscópica de casi diez puntos que el PP logró sobre el PSOE ha quedado reducida a tan solo unas décimas

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Alberto Núñez Feijóo, en la sesión del Senado del pasado martes

Alberto Núñez Feijóo, en la sesión del Senado del pasado martes / EUROPA PRESS

El pasado 10 de noviembre se cumplieron tres años desde las últimas elecciones generales celebradas en nuestro país. Cabe recordar que aquellas de 2019 fueron las cuartas que se celebraron en un período de cuatro años (las segundas en un solo año). Fueron, de hecho, unas elecciones no deseadas. El contexto general de bloqueo político e ingobernabilidad que se había iniciado con las elecciones generales de 2015 provocaron el peor estado de ánimo político entre la ciudadanía española desde la restauración democrática. Con razón. Los ciudadanos habían cumplido reiteradamente con su parte del contrato: elegir a sus representantes. Era el turno para que los líderes políticos hicieran lo que de manera insistente venían reclamando los ciudadanos encuesta tras encuesta: llegar a acuerdos. De hecho, el primer gobierno de coalición en el conjunto de España que se acordó tras aquellos últimos comicios fue recibido con alivio por la mayoría de los ciudadanos: unos, porque ideológicamente se sentían más cercanos a él; otros, porque, al menos, ya había un Gobierno al que poder criticar; todos, porque por fin se ponía fin a un período de interinidad que había durado demasiado tiempo.

Desde entonces han transcurrido tres años en los que han sucedido acontecimientos de gran calado social, económico y político -desde una pandemia hasta un conflicto bélico a las puertas de Europa-, pero que no solo no han modificado la demanda de acuerdos políticos por parte de los ciudadanos, sino que incluso la han incrementado. Lo hemos visto, por ejemplo, en el caso de la renovación de importantes órganos e instituciones del Estado (sobre todo el, Tribunal Constitucional), pero también en temas más estructurales y determinantes como las medidas para actuar contra el Cambio Climático (y la crisis energética). Esta temperatura social dialogante es la que el actual líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, pareció medir muy bien cuando fue elegido presidente nacional de su partido allá por el mes de abril. En aquel momento planteó una oposición moderada, con sentido de Estado, lo que significaba, según dijo, garantizar su apoyo al Gobierno “para agilizar las medidas que los españoles necesitan”, “bajar impuestos a la energía”, “proteger nuestros servicios públicos”, “no depender de los que quieren fracturar y dividir nuestro país” y para que la política exterior “no sea cosa de un hombre, sino de todos los españoles”. Feijóo se alineaba,así, en cierta medida con esta cultura cívica pactista predominante en nuestro país.

Ahora bien, a tan solo un año para la celebración de las próximas elecciones generales y a tan solo seis meses para los comicios locales la confrontación vuelve al escenario político. El último acto ha sido el debate que mantuvieron Sánchez y Feijóo en el Senado el pasado martes: el más tenso de los que hasta ahora han tenido lugar entre el presidente del Gobierno y el principal líder de la oposición. Quedó evidenciado que la situación política actual en nada se parece a la que Feijóo parecía querer anticipar en aquella primera declaración de intenciones realizada tras su nombramiento.

No evalúo si ese alejamiento se ha debido a la actitud de uno o de otro: si quien dificulta los acuerdos es el Gobierno, o si lo es el principal partido de la oposición. Puede que los dos o quizá, ninguno. Pero el asunto, y así lo indican la mayoría de las encuestas, es que no está afectando por igual a unos y a otros.

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Analizando algunos datos del último Barómetro del CIS correspondiente al mes de noviembre se observa que algunas tendencias que ya he señalado en algún artículo anterior siguen su curso. Por ejemplo, el liderazgo de Sánchez se mantiene estable y, aunque por poca diferencia, sigue aventajando a Feijóo en la evaluación que hacen los ciudadanos de sus respectivas labores políticas y en la confianza que depositan en cada uno de ellos. De hecho, Feijóo sigue su tendencia descendente y acumula en esta oleada del CIS los peores datos de evaluación, de confianza y de preferencia como presidente del Gobierno desde que llegó a la presidencia nacional del Partido Popular. Y no solo entre el conjunto del electorado, sino, más preocupante para él, también entre el electorado popular y entre los votantes de otros partidos políticos situados en el bloque ideológico de la derecha. El PP sigue manteniendo la mayor fidelidad de voto de todos los partidos, pero su capacidad para atraer votantes tanto del espacio de la derecha (Vox) como del centroizquierda (PSOE), un elemento fundamental para crecer electoralmente, sigue disminuyendo.

Así las cosas, la ventaja demoscópica de casi diez puntos que el PP logró sobre el PSOE impulsado, sobre todo, por el liderazgo de Feijóo y por las victorias electorales en Castilla y León y Andalucía, ha quedado reducida a tan solo unas décimas. ¿Fallo de unos? ¿Acierto de otros? La cuestión es que es importante y necesario conocer el clima de opinión prevaleciente, pero también cambiante, para no errar demasiado en la estrategia.