AYUSO Y EL CLIMA

No hay suficiente cerveza

Pese al avance del cambio climático aún hay un futuro posible, pero solo si cambiamos radicalmente las prioridades políticas y ampliamos la mirada a los intereses globales

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Isabel Díaz Ayuso

Isabel Díaz Ayuso / EFE

¿Qué haremos cuando las fronteras se desborden definitivamente ante una multitud sin ninguna posibilidad de vivir en su lugar de origen? ¿Cuánto pagaremos a regímenes dictatoriales y corruptos para que los contengan? ¿Quién regirá nuestros países para salvarnos de esos ‘bárbaros’? ¿Cómo viviremos cuando renunciemos a los derechos en pro de una falsa seguridad?

Un futuro inhabitable nos acecha a la vuelta de la esquina. Un futuro que ya es presente para millones de personas. Llega la desolación y aún nos cuesta mirarla de frente. ¿Qué castigo merecerá Ayuso por su barbaridad al negar las evidencias científicas del cambio climático? ¿Un puñado de memes y una mayoría absoluta? ¿A cuánto va el kilo de renuncia democrática? ¿Tres cañas y una tapa?

La Cumbre del Clima, COP27, se celebra en la ciudad-balneario de Sharm el Sheikh (Egipto) y los 40.000 asistentes han llegado volando en aviones comerciales, de Estado y jets privados. Es solo una anécdota. Pero es la categoría. Un poder político que regatea la responsabilidad porque una ciudadanía se lo permite, porque a su vez el poder político no hace ningún esfuerzo por concienciarla. El círculo vicioso de la desolación. 

Lo hemos vivido este año. Ola de calor: incendios virulentos: destrucción del paisaje: pérdidas incalculables: efectos en la salud: tristeza… Si viviéramos al sur de nuestra frontera, estaríamos sufriendo hambrunas, enfermedades, guerras por el control del agua y migraciones forzadas. ¡Ponme otra caña, Ayuso!

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“Estamos en una autopista hacia el infierno”, ha afirmado António Guterres, secretario general de la ONU, en la Cumbre. Los científicos también han endurecido su lenguaje. Los jóvenes -herederos del desastre- hacen lo que pueden para ser escuchados. Mientras, las emisiones de CO2 han aumentado, subvencionamos las energías fósiles y sus empresas han aumentado los beneficios. “Ocurrencia de última hora”, así calificó Ayuso a la propuesta de la UE para gravar los beneficios extraordinarios que las eléctricas están consiguiendo gracias a la guerra de Ucrania. No hay cerveza suficiente para diluir tanta majadería.  

Pero aún hay un futuro posible. Aún. Pero solo es posible si cambiamos radicalmente las prioridades políticas y ampliamos la mirada a los intereses globales. También podemos elegir lo contrario. Apostar por quienes se burlan de todo ello, sufrir las consecuencias de la parálisis y entregar nuestra libertad y nuestra salud a los que nos han mentido. Por cierto, la producción de cebada también está amenazada por el cambio climático.